Inmaculada Sánchez
Después de la trágica experiencia de la DANA de 2024 la falta de colaboración entre administraciones debería estar muy mal vista, aunque la humana necesidad de identificar al culpable de las desgracias, exista o no, sigue alimentando la deslealtad entre los responsables de dar respuesta a los ciudadanos. En estos primeros momentos tras uno de los mayores accidentes ferroviarios de la historia de España, la imagen de unidad ha prevalecido sobre la incertidumbre y la angustia. A la solidaridad vecinal en auxilio de los heridos en el choque entre el Alvia y el Yrio en Adamuz le siguió una rueda de prensa en la que tanto el alcalde del municipio, como el presidente de la Junta de Andalucía y el del Gobierno fueron a una en el agradecimiento a todos los efectivos del rescate y en la solicitud de tiempo para investigar las causas. Sólo Vox se ha salido del guión pidiendo explicaciones al “Gobierno corrupto” y echando sobre sus hombros las posibles negligencias. Lamentablemente, según pasan las horas, aumentan las ganas de lanzar la catástrofe sobre Pedro Sánchez y Junts ya ha solicitado la “comparecencia urgente” del ministro Oscar Puente por “la mala gestión de la crisis ferroviaria”.
A Pedro Sánchez le persiguen las desgracias desde que entró en La Moncloa. Nunca antes le había tocado a un gobierno lidiar con una pandemia sanitaria mundial, una guerra en territorio europeo o hasta con la erupción de un volcán. Fatalidades inesperadas, insospechadas e inéditas que, lejos de elevar el sentido de Estado a los distintos actores políticos, han resultado eficaces armas para la oposición contra el Gobierno. El listado de indignidades y traiciones que se lanzaron contra la gestión de la pandemia del Covid es más que conocida, como también el hecho de que no tuvieron solo a la ultraderecha como protagonista, sino al Partido Popular, que votó en contra, o se abstuvo, en los sucesivos estados de alarma, criticó el confinamiento y aplaudió cuando el Constitucional sentenció contra la figura legislativa utilizada para decretarlo.
La imparable crisis climática, por mucho negacionismo que la derecha pretenda propagar, nos vuelve a poner frente a impensables futuros cada vez más inseguros, como hemos visto con la DANA de Valencia o los macrofuegos del último verano, de la misma manera que la locura de Donald Trump y su destrozo del orden mundial exigen respuestas nunca ensayadas. Ahora, Alberto Núñez Feijóo, tiene frente a sí nueva ocasión para demostrar, o no, su talla como aspirante a la Moncloa: con este terrible accidente ferroviario y, también, con las previsibles decisiones a tomar para frenar a Trump en Europa.
En el primer caso, Génova ya está dando síntomas de ansiedad por sumarse a Junts y Vox en señalar al criticado ministro Puente y a posibles decisiones de inversión de su departamento o de Adif como causantes de la tragedia. Sólo las cercanas elecciones en Andalucía, previstas para junio a falta de que Juanma Moreno fije fecha, parecen estar recomendando cierta cautela al PP. Moreno, que presume de abanderar el ala supuestamente centrista del partido, no quiere verse salpicado por el accidente y, de momento, prefiere exhibir su perfil más amable y colaborador con el Estado en un asunto en el que, por lo demás, la gestión de la Junta de Andalucía no está involucrada. Sin embargo, las informaciones que, a cuenta gotas, van conociéndose sobre “muescas” en las ruedas de los trenes con posible origen en problemas de las vías podrían hacer saltar por los aires esta ‘tregua’ en cuestión de horas.
El suceso, por otra parte, pospuso el previsto encuentro entre Sánchez y Feijóo para intentar acercar posturas sobre la eventualidad de mandar tropas españolas a Ucrania. La cita iba a ser este lunes en Moncloa casi un año después de la última que tuvieron el presidente y el líder de la oposición. Aún no hay nueva fecha pero Feijóo ya había cargado contra la entrevista al señalar que quería abordar más cuestiones de seguridad y no sólo lo concerniente a la actual situación de Ucrania.
La posición frente a Trump es el otro desafío que urge afrontar y en el que, hasta ahora, Génova ha optado únicamente por criticar a Moncloa por su antitrumpismo. El liderazgo de Pedro Sánchez en la denuncia del genocidio de Gaza y los consiguientes problemas con Israel han sido para el PP motivo de ruptura del habitual consenso en política internacional entre los dos grandes partidos que han gobernado España. Ahora se acercan nuevas curvas con la ofensiva de la Casa Blanca sobre Groenlandia y su feroz antieuropeísmo. ¿Estará Feijóo en la línea de defensa de la UE o se dejará arrastrar, de nuevo, por Vox, que sigue arropando al presidente norteamericano y su doctrina iliberal y xenófoba pese a las consecuencias para nuestro país?
Los tacticismos de corto recorrido no casan con la velocidad de los desastres que nos rodean pero parecen ser, para nuestra desgracia, los que dominan el escenario político. ¿Alguien dijo lealtad? Me temo que no figura en el vocabulario de sus protagonistas.

