Oughourlian da un autogolpe. Asume la presidencia ejecutiva de El País, cesando al comando gubernamental. Coloca a su nueva novia, Pilar Gil, como CEO y lanza un manifiesto que es un desafío al gobierno
José García Abad
Quien iba a decir que Joseph Oughourlian se iba a enrollar en la bandera de los principios, de la libertad de expresión y de la independencia, frente a los poderes públicos tal como expresa en un manifiesto publicado en El País del 17 de marzo bajo el título “Mi compromiso con EL PAÍS: libertad editorial e independencia” y el subtítulo: “Una sociedad democrática necesita medios de comunicación que defiendan los derechos de los ciudadanos más allá de intereses políticos o económicos”.
Qué le ha pasado a este hombre, presidente de un fondo buitre que invierte en Prisa con ánimo de lucro, para que se cayera del caballo ultracapitalista. Este hombre arrimado al poder y que llegó al extremo de invertir su dinero en Indra apoyando a las maniobras de su presidente Marc Murtra para cumplir con el mandato del Gobierno.
Joseph Oughourlian, a quien se acusaba de servil obediencia al gobierno, se ha trocado en garante de la libertad y en ariete contra el comando sanchista-zapateril que intentaba derribarle apoyándose, entre otros cómplices en la Telefónica dirigida por Marc Murtra.
De momento puede asegurarse que Joseph Oughourlian controla la situación. Su autogolpe ha triunfado.
Denuncia la tentación de adueñarse de El País desde el poder
Joseph Oughourlian inicia su columna expresando su “auténtico orgullo de asumir la presidencia de El País” (ya era presidente no ejecutivo del Grupo PRISA, editor de EL PAÍS, desde febrero de 2021). Rinde homenaje al “inolvidable” Jesús Polanco y se compromete, “desde su nueva responsabilidad, a preservar su independencia y su libertad editorial”.
Sostiene que “una sociedad sana, democrática, necesita unos medios de comunicación fuertes e independientes que defiendan los derechos y las libertades de los ciudadanos, más allá de intereses políticos o económicos. Sobre todo para responder a las injerencias gubernamentales que cada día se hacen más evidentes en todo el mundo y que van en contra de la buena praxis democrática”.
“En este contexto, advierte, sería inaceptable que, cuando estamos recordando que hace ya 50 años murió el dictador Francisco Franco, alguien cayera en la tentación de tratar de adueñarse de un medio de comunicación independiente desde el poder, bien directamente, bien utilizando alguna empresa estatal como instrumento”.
Y concluye: “Porque, en definitiva, y recordando la frase tantas veces atribuida a George Orwell: “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas”.
Todo se torció con la muerte de Miguel Barroso
Se atribuía con razón a “los migueles”, Miguel Barroso y José Miguel Contreras, estrechos colaboradores en el gobierno Zapatero, de llevar al grupo editorial hacia el Prisoe de Sánchez, recreando la fusión que encarnaron durante tantos años Felipe González y Juan Luis Cebrián. Y lo consiguieron ostentando Barroso la parte empresarial de Prisa y Contreras la parte editorial, con la curiosa denominación de director de contenidos de Prisa Media.

Constituyeron un dúo eficiente dirigido por Barroso, un personaje con gran experiencia y habilidad en los manejos mediáticos que se inició en tiempos remotos con José María Maravall, entonces ministro de Educación, y con el propio Felipe González, con quien preparó el célebre debate frente a José María Aznar. Un hombre de maneras diplomáticas de las que carece Contreras quien al fallecer Barroso irrumpió en Prisa como un toro en una cacharrería.
Intento fallido de recuperar a Felipe
González llevaba cuatro años sin dejarse entrevistar por El País o la Ser. Miguel Barroso intentó integrar a Felipe González en la nueva Prisa para lo que organizó una cena con Felipe y Oughourlian.
Lo hemos sabido de la tortuosa lengua de González en una larga conversación de este con Carlos Alsina en Onda Cero, el 21 de junio de 2024. Felipe explica: “Yo tenía un vínculo con el periódico de siempre, incluso un vínculo mucho más estrecho en los últimos 20 [años], obviamente después de salir del Gobierno (…) Tomé yo la decisión y se la comuniqué a Oughourlian, en mayo se cumplieron dos años [en el 2022]…querían que me quedara pero no me voy a quedar. No estoy de acuerdo con lo que está pasando, pero no quiero entrar en choque. Pero ¿eso significa que no me hayan invitado a hacer una entrevista o a hablar…? No es verdad. En algunos casos me han invitado, soy yo porque no he querido crear confusión.”
“¿Qué es crear confusión?”, le repregunta Alsina que no le deja que se escude en eufemismos. Y Felipe “aclara”: “¿Que si estoy o no estoy? (…) “Yo fui el que me decidí (…) a la mitad de la cena les dije: Hemos venido a hablar de cuál es mi relación con el grupo. Pues que no hay ninguna, que me desvinculo totalmente. Esa es la verdad de lo que pasó, pero pasó sin ninguna alharaca.” Y Felipe le confía a un amigo que nunca más leerá El País.
Tampoco aparece Felipe en los diarios más acreditados de la izquierda como Eldiairo, El Plural, Infolibre, Público o el mismísimo Ojo Avizor donde con tanta objetividad y cariño hablamos de él y lamentamos su deriva hacia la derecha.
Oughourlian se cabrea
Cuando muere Barroso, Contreras maniobra para sacar un canal de televisión como sea y en ese “como sea” introduce una cláusula por la que se quedaba con el 10 % del capital por las gestiones que estaba haciendo. Oughourlian se enfada y piensa que Contreras, además de meterle en un lio, se quiere quedar con su pasta.
La propuesta televisiva que Contreras eleva a un mítico consejo de administración cae en el ridículo. Han hecho cálculos y nadie se cree que bastará con dedicar a ello 20 millones de euros, lo que Contreras estimaba que costaría la operación y sentencian que con ese dinero la televisión no duraría ni diez minutos.
Contreras amenaza: “Si no hacéis vosotros la televisión de Prisa lo haremos nosotros con Movistar Plus”. Con la plataforma de Telefónica cuya presidencia ha sido confiada a Javier de Paz, el exsecretario general de las Juventudes Socialistas que sirvió de enlace a Zapatero con el mundo empresarial y que estuvo a punto de presidir Telefónica, lo que hábilmente impidió su presidente a la sazón, Cesar Alierta, que le consoló con una fuerte y larga posición en la compañía.
Un comando encabezado por Andrés Varela Entrecanales

Andrés Varela Entrecanales
Contreras que había comprado LaCoproductora por unos 10 millones de euros no se rinde y promueve un comando para conseguir la tele, encabezado por Andres Varela Entrecanales presidente del grupo Global Arconada, que adquirió a Telefónica casi el total de su paquete accionarial en Prisa por 34 millones de euros.
Cuenta la oposición con los fundadores de la Sexta, una cadena que los Migueles promovieron para apoyar a José Luis Rodríguez Zapatero. Pretende el comando conseguir con Slim y los otros mexicanos, así como con la familia Polanco y la financiación de Ana Botín entre otros apoyos superar la participación de Oughourlian, propietario del 29,9% del capital, expulsándole de la presidencia. Su sueño es conseguir el apoyo de Vivendi.
En el plano funcional cuentan con Carlos Núñez, a quien Oughourlian cesó como consejero delegado en beneficio de Pilar Gil. También se apoyan en Jorge Rivera, que fue redactor de Economía de El País, responsable de Comunicación del medio y director de Cinco Días.

Pilar Gil, consejera delegada y vicepresidenta de Prisa
Curiosamente en la web de El País de hoy, 20 de marzo, aparece una especie de contracrónica de la sesión de ayer del Congreso de los Diputados firmada por Jorge Rivera, que hasta ahora, como hemos dicho, fue jefe de gabinete de Oughourlian y no pertenecía a la redacción ni es cronista parlamentario.
Núñez fue en una especie de Jefe de gabinete de Oughourlian. Es un periodista sin aparente ambición política, que cree que es bueno que Prisa saque una televisión. Un currante que estaba al pie del cañón todo el día y despachaba con la directora y los subdirectores, pues el presidente solo se aparecía un ratillo una vez a la semana.

