Inmaculada Sánchez
Hay leyes que hacen historia en un país. El Gobierno ha celebrado esta semana los 20 años de la Ley contra la Violencia de Género y, aunque aún sigan muriendo mujeres a manos de sus parejas, dos décadas después hay menos casos, más denuncias y ya no se les llama crímenes pasionales sino asesinatos machistas. Con mucho por delante aún por mejorar esta pionera norma legal ocupa ese espacio reservado a los hitos que construyen una sociedad. Como también lo tiene la menos laureada Ley de Dependencia, aprobada apenas un año después. O la todavía en tramitación Ley de Familias. Todas buscan dignificar y proteger a las mujeres y persiguen el objetivo de la igualdad. Y todas ellas, qué casualidad, han sido propuestas por gobiernos de izquierdas.
Cuando José Luis Rodríguez Zapatero se inventó el primer ministerio de Igualdad de España y puso al frente a una veinteañera llamada Bibiana Aído las mofas y el desprecio de la derecha hacia semejante iniciativa política sonaban parejas a las que hoy escuchamos desde Vox contra el feminismo, pero entonces eran mucho más generalizadas. Con todo, la oficialmente Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género fue aprobada con una inusual unanimidad parlamentaria: 325 síes de 325 votos emitidos en el Congreso de los Diputados.
Por primera vez se reconocía de manera explícita en una ley la violencia contra las mujeres como una violación de los derechos humanos, se establecían medidas para prevenirla y perseguirla y se dotaba a nuestro sistema judicial y policial de los primeros medios específicos para ello.
Trece años y muchas e intensas negociaciones después, en 2017, se suscribió el Pacto de Estado contra la Violencia de Género por todos los grupos parlamentarios de entonces, para actualizar y dotar la ley con más de 200 medidas a implementar desde el Estado, las comunidades autónomas y los ayuntamientos. Algo, sin embargo, han cambiado las cosas en 2025. Esta misma semana la renovación del Pacto con otras 400 medidas a aplicar no ha contado con un apoyo unánime en el Congreso: todos los partidos han votado a favor salvo Vox, que se ha apartado del consenso de la misma manera que nunca participa en los actos de repulsa pública de cada nuevo asesinato machista.
También fue el Gobierno de Rodríguez Zapatero, con el ministro Jesús Caldera al frente del departamento de Trabajo y Asuntos Sociales, el que impulsó la innovadora Ley de Dependencia, que establecía en España un nuevo derecho universal para garantizar la atención a las personas dependientes, en su mayoría ancianos, a quienes tradicionalmente cuidan siempre sus mujeres o hijas. Diferencias competenciales hicieron que nacionalistas vascos y catalanes fueran los únicos que no apoyaran la ley, aunque la aplicaron en sus territorios. También en esto, la derecha se subió al carro cuando vio imposible dejarlo pasar por su abrumador apoyo en la calle, aunque luego ha racaneado, siempre que ha podido, los medios económicos para hacerlo avanzar.
Este martes el Gobierno de Pedro Sánchez ha aprobado en Consejo de Ministros una reforma de las actuales leyes de Dependencia y Discapacidad para agilizar y mejorar los cuidados públicos ampliando prestaciones y agilizando trámites. También hoy, en la tramitación parlamentaria que la espera, el ministro Bustinduy deberá bregar con las resistencias de los nacionalistas y, posteriormente, con la discrecional aplicación de la misma de las comunidades autónomas, mayoritariamente en manos del PP, que son las competentes en la materia.
Aun así, el trabajo del legislador es poner el ladrillo sobre el que edificar los avances. Algunos pueden ser revertidos por nuevas mayorías parlamentarias pero si se sustentan en sólidos consensos sociales hasta a la derecha le puede resultar engorroso volver atrás. Lo hemos visto con la subida de las pensiones conforme al IPC y lo veremos con los permisos paternales y para cuidado de familiares enfermos que amplía la futura Ley de Familias, que Feijóo ya no se atreve a negar ni a sus electores.
El peligro, sin embargo, sigue muy presente con el avance de la ultraderecha. No hay más que ver la foto de los Patriots de este fin de semana, reunidos en Madrid con Abascal de anfitrión, aplaudiendo a Trump y a sus aranceles contra Europa, aunque perjudiquen a todos los europeos.
El negacionismo más ignorante avanza a lomos de estos patriotas de pacotilla ampliando cada vez más su mira. Ya no es sólo el cambio climático o el feminismo y la inmigración, ahora también se atreven a negar que su nuevo ídolo, el dúo de magnates Trump-Musk, vaya a provocar inflación y penurias tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo. Pertrechémonos, pues, con nuestras más sólidas leyes y fortalezcamos todo lo posible el sistema, que lo que viene no tiene buena pinta.

