Escrito por 10:15 am Cultura

Libros

‘VOLKER ULLRICH: ‘OCHO DÍAS DE MAYO: DE LA MUERTE DE HITLER AL FINAL DEL TERCER REICH’. 

Taurus. Peguin Random House.

Por Manuel Espín

 Las transiciones nunca son fáciles y menos las que tuvieron lugar en la semana larga después del suicidio de Hitler y Eva Braun y de otros jerarcas nazis y la instalación de los aliados en los centros de poder. Ese turbio periodo fue especialmente cruento y causó miles de víctimas en plena tierra de nadie. Para empezar la imagen idílica de la ‘liberación de los aliados’ no es tan placentera como parece. Tras la muerte de Hitler el máximo poder del estado cayó en manos del Gran Almirante Dönitz como sucesor del führer que buscó una paz separada con Estados Unidos, Inglaterra y Francia por un lado, mientras seguía combatiendo con la Unión Soviética, plan al que Eisenhower y otros responsables americanos se opusieron. Las vicisitudes de esas jornadas fueron terribles, con zonas controladas todavía por el III Reich donde se produjeron ejecuciones y asesinatos, imprecisión entre los distintos grupos con sucesos como el levantamiento de Praga, el negro destino de los sacrificados presos en los campos de concentración y exterminio, a muchos de los cuales se les hizo salir en condiciones igual de inhumanas hacia no se sabe donde, obligados a sobrevivir sin posibilidad alguna de alimentos.

 Junto a los problemas de las personas que quedaron ‘atrapadas’ en mitad del caos, como por ejemplo los trabajadores forzosos llevados a Alemania procedentes del Este que a partir del hundimiento del nazismo vagaron en una situación dantesca sin posibilidad de regresar a sus lugares de origen. Junto a ello los forzados desplazamientos de personas como los alemanes dispersos en los países limítrofes de la llamada Gran Alemania que pasaron de ser contemplados como los feroces invasores que quisieron esclavizar a millones de personas en su expansión hacia el Este a los vencidos. Sin lograr distinguir entre situaciones y bajo una terrible confusión. 

 Volkier Ullrich (1943)  es un periodista de prestigio que reconstruye esos días tan terribles dentro de una Alemania devastada y en ruinas donde no existían los servicios públicos más indispensables, y en la que las venganzas y el odio volvieron a brotar como lo había hecho desde que los nazis se hicieron con el poder. El libro reconstruye toda clase de situaciones: habla de muchos temas tabúes, como las violaciones a cargo del ejército soviético, en un país que había sufrido las mayores pérdidas humanas victima de una auténtica cacería nazi, pero también los ocasionados por tropas aliadas bajo diversas banderas. Y se fija con detalle en la situación durante esos días de personajes que en los años sucesivos tendrán un gran papel en la historia alemana, desde Adenauer a Billy Brand, pasando por los futuros líderes de la Alemania Oriental o personajes como el habilidoso y ‘chaquetero’ Werner von Braun al que se perdonó haber sido el padre de los V-2 porque sus secretos científicos debían ser aprovechados por los norteamericanos para la carrera espacial.

 Algunas de las situaciones descritas son asombrosas, como la de Marléne Dietrich, estrella alemana en Hollywood sobre la que Goebbels aspiró siempre a su retorno a su país natal, aunque ella se posicionó desde el principio contra el nazismo, incluso vestida de soldado americano siguió a las tropas en diversos frentes y estuvo a punto de ser capturada en una ofensiva nazi. Marléne cuya madre sobrevivió en Berlín a los bombarderos aliados,  en esos confusos días de mayo redescubre a su hermana que junto a su cuñado había explotado varios cines para las tropas nazis, a la que quiere ayudar pero a cambio de que se olvide para siempre de ella y nunca se la vincule a su vida. 

 El libro es apasionante y en muchos aspectos terriblemente doloroso. Ullrich desmonta algunos de los mitos de esa primera posguerra, como el que pretendió mostrar al ejército de forma honrosa y desvinculado del nazismo, la atribución de una política de odio y de exterminio exclusivamente a Hitler y a la alta jerarquía del Reich o la que trató de justificar el genocidio por recibir órdenes superiores. Echa en falta en aquellos momentos de la derrota una mayor autocrítica de los alemanes de la época que fueron quienes al fin y al cabo se sumaron en aquellos años  a la locura nazi y describe una situación en la que todo el mundo trata de desvincularse a toda velocidad de ese pasado maldito sin que se llegue a efectuar una reflexión o una catarsis crítica. Y describe dos situaciones: la de la República Federal donde ese horrible pasado trata de ser olvidado a través de una alta productividad industrial,  junto al de la RDA sin tampoco posibilidad de autocrítica por quedar esta subsumida en un discurso oficial antifascista. Aunque más allá de esa crítica a la generación que se entusiasmó con el nazismo y a su incapacidad para hacer una reflexión después de aquél horror, celebra que la actual sociedad alemana ha acabado por asumir los valores de parlamentarismo, pluralismo, democracia y diversidad, por contraste con aquél desastre.

 A propósito de este interesante libro habría que hablar otro día de la repercusión de aquellos días de mayo de 1945 en la sociedad española de la época. Con los editoriales de prensa tratando de borrar cualquier anterior simpatía hacia los vencidos. Como muestra la inenarrable portada del diario ‘Informaciones’ de Madrid que durante el transcurso de la guerra había mostrado un entusiasmo desmedido hacia la Alemania nazi y financiado por su embajada, lanzó los más sorprendentes titulares en su edición, donde se seguía presentando a Hitler, ya muerto, como una especie de vencedor. Con titulares verdaderamente estremecedores.

Close