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Libros. La rosa y las espinas. lo que Alfonso Guerra dijo en su libro

La rosa y las espinas, libro de Alfonso Guerra

La rosa y las espinas

Lo que Alfonso Guerra escribió en su libro

La rosa y las espinas

por José Manuel Fraile


Cuando Alfonso Guerra presentó su libro “La Rosa y las Espinas” en el Ateneo de Madrid el pasado 20 de septiembre de lo que menos se habló fue del libro. Aquello fue un mitin de Guerra y Felipe González, que presentó la obra, contra el presidente Sánchez. Nos ha parecido de interés publicar algunos párrafos del libro.

Sobre Felipe González

Lo dice en su último libro de memorias titulado “La rosa y las espinas” que presentó, junto a Felipe González, el pasado 20 de septiembre.  Escribe Guerra: “éramos amigos antes de estar en la política, pero siempre muy ligados a la actividad política. Nació así una amistad en la que los dos aceptamos que éramos complementarios: él era una persona fuerte y yo una persona resistente; el tenía una enorme capacidad de improvisación, y yo era muy minucioso trabajando. Felipe y yo teníamos aspectos muy compatibles, algo que nos sirvió mucho en nuestra actividad política. Además, la gente posteriormente creó una imagen, casi mítica, de la pareja González-Guerra: la del Jano con dos caras distintas. Ese cuadro cuajó y lo dejamos correr, a pesar de la cantidad de cosas absurdas que se decían de nosotros, porque la cosa funcionaba e iba bien”.

Los socialistas y el 23 F

Los rumores y las teorías rocambolescas siempre han rodeado el 23-F (…) Incluso se ha intentado involucrar al PSOE y a miembros del partido, entre ellos a Enrique Múgica. Él era representante del PSOE en la Comisión de Defensa y, como tal, decidió visitar a todos los capitanes generales de las distintas regiones militares para conocerlos. En una de las reuniones, una comida celebrada en Lérida en octubre de 1980, estuvieron también presentes Joan Raventós, líder de los socialistas catalanes del PSC, el alcalde socialista de Lérida, Antoni Siruana, y el capitán general Alfonso Armada. Según se informó, en esa conversación Armada hizo referencia a la necesidad de un golpe de timón. A partir de ahí un periodista hizo sus elucubraciones dejando caer la supuesta complacencia de los socialistas con Armada. Y así se fue extendiendo el rumor. En esas entrevistas cada general daba su opinión, pero eso no quiere decir que se conociera que iba a producirse un golpe de Estado ni nada por el estilo.  

Su salida del Gobierno

A pesar de lo que afirman algunos, mi salida del Gobierno en 1991 no tuvo ninguna relación con el escándalo que se quiso crear alrededor de mi hermano Juan. No hubo tal escándalo: fue un invento de los enemigos políticos -UCD, Izquierda Unida y el PP -, que encontraron a un juez dispuesto a hacer cosas fuera de la ley (…)  Yo dejé la presidencia cuando noté, por una carta que recibí del presidente, que él creía que yo debía abandonar el Gobierno. Y abandoné el puesto con toda tranquilidad, porque yo siempre he pensado que en el ejecutivo el que tiene la atribución de decidir es el presidente. (…) dimití en cuanto leí la carta y comprendí que Felipe, el que me nombró, no quería que yo siguiera. (…) me fui porque existía una pérdida de confianza. Y no lo recuerdo como un día duro para mí , fue más bien un día feliz; yo tenía ganas de dejarlo. Algunos meses después, Felipe tuvo la deferencia de llamarme porque iba a hacer una crisis de Gobierno. Tenía que formalizar un ejecutivo nuevo y quiso contar con mi ayuda. Le dije que no tenía por qué, pero el quiso tener mi consejo. Al final resultó que, después de llegar a un acuerdo, el hizo otro Gobierno distinto al hablado. Yo estaba de viaje en Australia y lo llamé cuando me enteré: “Pero si habíamos quedado en esto otro”, le dije, a lo que contestó: “Si, si, pero ahora no…”, “pues bueno, tu verás”, fue  mi respuesta. Ahí se produjo una quiebra de confianza. Yo he ganado muchas batallas en el Gobierno y en el Partido Socialista y he perdido otras. Y eso no cambia los afectos de las personas, no debe cambiarlos. En mi caso no los ha cambiado.

Redes sociales, redes criminales

El error de las redes sociales empieza por el nombre: son redes criminales, en las que se ocultan, parapetados anónimamente, los individuos más cobardes de la sociedad. Se ponen detrás del burladero, y empiezan a soltar productos de odio, un odio tras el cual siempre aparece la violencia. (…)

Si un político tiene como principal manera de comunicarse el empleo de ciento cuarenta caracteres es que no tiene nada en la cabeza. Al final es un reflejo de que hay una parte de la actual generación política que no es la mejor.

Feminismo y diversidad

Paulatinamente [la mujer] va ganándose el respeto y la participación social en igualdad de condiciones que los hombres. Pero ahora, en el siglo XXI, ha aparecido otro fenómeno, que es un movimiento antifeminista – aunque muchos lo califiquen de feminismo – y es lo que llaman “la diversidad”. Me parece – uno se pierde ya entre tantas denominaciones – que hay hasta trece grupos, en función del género y las preferencias sexuales. Y eso está matando al feminismo.

No creo que tras la muerte haya otra vida

No creo que tras la muerte haya otra vida como la que cuentan algunos. (…) No soy religioso, aunque respeto mucho las creencias de las personas porque es una salvaguarda que tienen para resolver sus frustraciones. (…) Una vez le pregunté a un político si él era partidario – yo no lo era – de abrirle la cabeza a la gente, extraerle el catecismo que tenía dentro y meterle otro diferente. Y me respondió que sí. Eso me parece inconcebible :yo no quiero sacarle el catecismo a nadie, que cada cual piense lo que quiera. De niño nos llevaban obligadamente  a la iglesia, y allí yo intentaba imitar esa especie de éxtasis en el que entran algunos, pero no me salía. No soy de esos.

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