Escrito por • 11:56 am• Política

Lo importante es saber que  regalos recibió Zapatero cuando era presidente y a cambio de qué 

José García Abad

La revelación sobre las joyas guardadas en una caja fuerte en el despacho de José Luis Rodríguez Zapatero tiene su morbo. La prensa ha destacado el aspecto fiscal del asunto que desde luego tiene su relevancia respecto a sus consecuencias fiscales. Sin embargo, lo más relevante, desde mi punto de vista, es el origen de dichas joyas, de los collares de diamantes o relojes de gran lujo, o sea si son regalos que recibió Zapatero cuando era presidente y que este aceptó, lo que sería además de ilegal impresentable, si no los colocó en el patrimonio del Estado, que sería lo suyo. 

Sobre este asunto, el de los obsequios recibidos por autoridades del Estado, así como sobre el hecho de que se tardara tanto en legislar en España al respecto tal como ocurre en los países de nuestro entorno, adelanté en exclusiva en “La soledad del Rey” que se debió a la resistencia de Juan Carlos, amplio receptor de regalos. Fue una de las pocas ocasiones en las que el jefe del Estado contrarió un proyecto del Gobierno.

Todo empezó cuando un jeque árabe vino a con las alforjas llenas de presentes 

Todo empezó cuando un jeque árabe que vino a España llegó como los Reyes Magos de Oriente, con las alforjas llenas de presentes para los personajes principales. Regaló valiosas joyas a la familia real incluido el entonces príncipe Felipe quien recibió una daga cuya empuñadura estaba incrustada con piedras preciosas. Don Felipe mandó desmontarla y con tales preciosas le hicieron una pulsera que este regaló, como tributo de amor eterno a Isabel Sartorius, su novia de entonces. 

El rey se negó en redondo

A los ministros, a la sazón gobernaba el PSOE, les regaló el generoso príncipe un reloj de oro a cada uno. Los ministros que no sabían qué hacer con aquel reloj lo depositaron en las cajas de sus respectivos departamentos. El Gobierno se planteó entonces la necesidad de regular este tipo de presentes. Se lo comentaron al Rey pero este se negó en redondo: “Que queréis. Esta uno aquí pringando todo el día y encima me pedís que rechace estos detalles…”

Esta es la única objeción que se conoce que el Rey Juan Carlos I de España haya formulado para no estampar su firma en una ley, algo que ciertamente el Gobierno no planteó formalmente pues en ese caso el monarca no hubiera podido negarse. Un Rey parlamentario no podría negarse ni siquiera a firmar su propia sentencia de muerte como decía Behegot, el gran estudioso de las monarquías occidentales. El rey de Bélgica  Balduino tuvo que recurrir en su día al truco de abdicar por un día pues su conciencia le impedía firmar la ley del aborto aprobada en el Parlamento. La tuvo que firmar el regente más breve de la historia. 

Coartada moral para las corrupciones

En realidad, la retribución por la gestión prestada es la coartada moral para las corrupciones de tantos cargos políticos de uno u otro partido. Es la explicación que sirvió a Marta Ferrusola, la esposa de Jordi Pujol, para justificar los contratos que ella consiguió por ser quien era, así como los ingresos recibidos por su esposo. 

Es, reitero, la justificación de la que el propio monarca se sirvió cuando se negó a aceptar la norma que preparaba el gobierno de Felipe González prohibiendo la recepción de regalos por los altos cargos del Estado, una norma que finalmente aprobó Felipe VI.

En el fondo, tanto el rey como la reina estaban convencidos de que se lo merecían debido a los servicios prestados al país. Juan Carlos, blindado constitucionalmente y con una prensa comprensiva, y en gran medida cómplice, se fue animando en sus “negocietes” ilegales, actuando cada vez con el mayor descaro.

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