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Los 608.000 votos a Ruiz-Mateos. El hombre que ‘inventó’ el populismo

Foto Europa Press

por Manuel Espín

28 febrero 2024

 Por mucho que se pinte a Berlusconi como ejemplo de neopopulismo contemporáneo mediático al transitar entre otros negocios de magnate de televisión, fútbol y ladrillo, a la esfera de la política; senda por la que pisan personajes como Donald Trump o Milei, el referente español no es reciente: Ruiz-Mateos (1931-2015).

 Fue capaz de transmitir antes de que se crearan las redes sociales una poderosa marca comercial en las postrimerías del franquismo bajo el repetido mensaje de presentarse como ‘hombre-milagro’ del mundo de los negocios, capaz de ‘adquirir’ toda clase de empresas en los más diversos sectores con su famoso holding, -a las que supuestamente salvaba de la ruina-,  regado por una intensa promoción en los medios de la época hasta adquirir un estrellato. 

 R.M.aparecía con las velas desplegadas del Opus Dei (al que finalmente acusó de no echarle una mano cuando llegaron los malos tiempos), aplaudido por un sector de los medios a los que literalmente halagaba y regaba de publicidad, y estos le pintaban de midas capaz de convertir en oro lo que tocaba. Llegó a tener su propia emisora de radio, auto-titulada Radio Libertad , en una utilización más de un término que vale para un descosido y un roto, y sus andanzas mediáticas llenan una enciclopedia.  

 R-M se presentaba bajo el manto de la Virgen del Carmen (¡Ay si las vírgenes y los santos hablaran!) y según sus palabras el objetivo de su actuación empresarial era  exclusivamente la «creación de puestos de trabajo». Durante una larga época el logo de la avispa tuvo alta presencia pública y caló en medios de prensa y ciudadanía.

 Vinieron los malos tiempos con la caída de la primera Rumasa y la expropiación del holding (otro día sería digno de comentar el discutible posterior proceso de venta y privatización) con la figura del ministro Boyer convertido en la bestia negra. 

 Fueron los años del ‘showman’ en los que el empresario se alzó como su auto-parodia, protagonizando disparatados números, vistiéndose de supermán, haciendo ‘de ‘teatrero’ para salir en los telediarios, planeando momentos tan estelares como el lanzamiento en paracaídas, dentro de una constante orgía mediática.

 A pesar de lo publicado sobre un ‘imperio’ que podría haber caído al suelo como un castillo de naipes hubo una parte de la opinión pública que creyó sus proclamas bajo una actitud casi confesional-religiosa ante la que no caben argumentos, ni matizaciones. En las elecciones europeas de 1989 Agrupación Ruiz-Mateos, que no perdió un minuto de tiempo en inventar otro nombre, obtuvo nada menos que 608.560 votos y un 3,8 % de porcentaje, con dos eurodiputados, una candidatura donde figuraban familiares suyos: la defensa de los ‘valores familiares’ por encima de todo.

 Habrá que preguntarse por las iniciativas suscritas por sus diputados en el parlamento de Estrasburgo, y si alguno de sus votantes se enteró de medidas de esos eurodiputados que contribuyeran a mejorar la vida para la ciudadanía corriente. Sin entrar en el análisis de esa alta y significativa votación hacia una candidatura finalista (R.M. buscaba la inmunidad y un altavoz para tratar de revertir su situación) lo interesante es que hubo un porcentaje de votantes españoles que confiaron a ciegas. Naturalmente, en las siguientes elecciones R.M. no consiguió repetir escaño.

 Tan relevante como su entrada en la asamblea de Estrasburgo lo fue la aventura de crear una Rumasa-2 (además de la ‘compra’ del Rayo Vallecano y la presencia de su mujer como presidenta con el cambio de nombre al correspondiente estadio de Portazgo). De la que ahora se juzga a seis de sus hijos, todos del género masculino, quedando seis hijas más, y una de ellas extramatrimonial revelada tras la muerte del patriarca.

 Con un argumento de las defensas en el que los acusados remiten la última responsabilidad a un padre controlador hasta el detalle en el que los hijos no hacían otra cosa que decir ‘si’ a quien había creado un supuesto imperio. 

 Una fe ciega compartida no solo por sus antiguos electores sino por los nuevos suscriptores de pagarés y bonos, potenciales inversores que siguieron confiando a ciegas en la carismática personalidad de R.M. pese a haber pasado los buenos tiempos.

 Una historia que tiene más de comedia chusca que de drama shakeasperiano, poniendo en evidencia la capacidad de discursos populistas para calar en sectores de la ciudadanía contra cualquier evidencia, dato contrastado o información plural.

 R.M. lo logró con creces y por estrambótico su repertorio de ‘gags’ donde también hubo tartas y disfraces más allá del espectáculo, convenció a una porción de electores y de pequeños inversores que le dieron su confianza y su dinero contra todo pronóstico. Hay que reconocer su maestría en la capacidad de convencer a miles de personas supuestamente bien informadas que le dieran sus votos o pusieran su dinero en los títulos financieros que lanzaba al mercado pese a las advertencias del Banco de España. Una parte de la ciudadanía confía en la aparición de personajes cuasi-mesiánicos capaces de obrar milagros en las finanzas o en la vida pública. No vamos a pensar que cosas se le habrían ocurrido a R.M. de haber vivido en tiempo de apoteosis de las redes sociales. 

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