Escrito por • 11:49 am• Economía

Los nefastos primeros cien días del gobierno de Trump

Carlos Berzosa

Los 100 primeros días de Trump en la presidencia de Estados Unidos no han podido ser peores. La política arancelaria, el ataque a las universidades, la persecución a estudiantes y profesores, el combate contra el movimiento woke, el negacionismo del cambio climático y el estímulo a los hidrocarburos, y lo peor la brutalidad contra los emigrantes. Estas son entre otras cosas lo que ha caracterizado estos primeros meses de Trump al frente de Estados Unidos. Es cierto que algunos hechos, como la política arancelaria y la llevada a cabo contra la emigración, ya las puso en marcha en su primer mandato. Lo que le diferencia de entonces es, por un lado, la inseguridad jurídica que ha introducido en muchos colectivos, y, por otro lado, la rapidez de las decisiones con fines vengativos. Unas acciones que suponen una violación flagrante de los derechos humanos y que se ha extendido a parte de la ciudadanía, y no solo a los emigrantes. 

Una política que en el plano económico se caracteriza por un proteccionismo comercial y un ultraliberalismo en el interior. El aumento de los aranceles ha causado bajadas en las bolsas, y una mayor incertidumbre, con lo que ello supone para la inversión, lo que ha conducido a varios analistas y servicios de estudios a pronosticar una posible recesión. En todo caso, aunque no haya recesión, prácticamente todas las economías han desacelerado el crecimiento que estaban teniendo, de modo que las predicciones realizadas por Organismos Internacionales, como el FMI y la OCDE, entre otros, han reducido el crecimiento para este año 2025. La respuesta de los mercados ha sido negativa ante estas decisiones, lo que ha provocado echar marcha atrás a Trump en su creciente proteccionismo vía aranceles. Así, ha pactado una tregua temporal con China, de forma que rebaja sus aranceles del 145% al 30%. Mientras que China los suyos del 125% al 10%. Las bolsas han reaccionado con subidas.

En poco tiempo, se ha puesto de manifiesto lo errático de esta política, que ha tenido que rectificar, y con la guerra comercial que se ha desatado como réplica a la acción tomada por Estados Unidos. Una guerra comercial que no beneficia a nadie. Los perjuicios que pueden causar son elevados para una economía mundial que avanza un tanto renqueante, tras los acontecimientos vividos en los últimos años, como las políticas de austeridad, la pandemia y la guerra de Ucrania, así como la inflación sufrida.

 Ahora bien, la pregunta que surge es ¿ qué es lo que puede haber detrás de este proteccionismo tan querido por Trump? ¿Es obra de una persona enloquecida por restablecer la grandeza de Estados Unidos y sin conocimientos de economía? ¿o por el contrario responde a una lógica equivocada, pero lógica al fin y al cabo? En el primer caso, el lema hagamos a Estados Unidos grande otra vez, no es sino una consigna de campaña electoral que responde al más burdo populismo. Por lo que se refiere al desconocimiento de los principios básicos de economía, que es indudable que no los posee, sí tiene, sin embargo, asesores, que desde luego dejan mucho que desear. Estos economistas introducen un argumento que se sustenta en unas ideas muy simples.

Estados Unidos padece un déficit comercial crónico, desde la década de los setenta del siglo XX hasta nuestros días. Este hecho pone de manifiesto la pérdida de competitividad de las manufacturas americanas frente a Europa, Japón, China y otros países asiáticos. Todo esto ha venido acompañado de un proceso de deslocalización industrial en su territorio y la localización fundamentalmente en Asia. Este desplazamiento de la industria del Norte desarrollado hacia el Sur menos desarrollados es un rasgo común en la economía global de nuestro tiempo. De manera que muchas importaciones de Estados Unidos proceden de sus propias empresas multinacionales que se extienden por todo el mundo, no solamente en Asia sino también en Europa.  Ante este hecho se plantea, por tanto, que sus propias empresas multinacionales como la de otros países si pretenden vender en el gran mercado estadounidense que fabriquen allí y cuyas mercancías no tengan que ser importadas. Una finalidad que busca la reindustrialización y como consecuencia la creación de empleo para el trabajador blanco. Los aranceles son un instrumento para ello. Pero como dicen acertadamente Michael Pettis y Matthew C. Klein en su libro Las guerras comerciales son guerras de clase (Capitán Swing, 2022): “Solucionar los desequilibrios comerciales por medio de aranceles es probable que, en el mejor de los casos, no resulta efectivo y que sea dañino bajo ciertas condiciones”. 

En el periodo anterior de la presidencia de Trump esta política ya demostró su fracaso como expongo en mi artículo “Los organismos económicos internacionales como reguladores de la economía mundial y como agentes de la globalización” en Revista de Economía Crítica, número 37(2024). Ahora se repite el error. Así que la lógica de Trump y sus asesores es realmente equivocada, lo que les conduce a rectificaciones y cambios en pocos días. En todo caso, lo que he tratado aquí es poner de manifiesto los males causados a la economía en tan poco tiempo. Para entender la situación se requiere un análisis histórico- estructural de cómo se ha llegado hasta aquí. Lo que, por mi parte, supone además un análisis crítico de la globalización neoliberal. Pero esto lo dejo para artículos futuros.

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