LOCURA Y EGOLATRÍA DE MUSSOLINI.
Manuel Espín
Antonio Scurati (Nápoles, 1969) profesor de literatura contemporánea en la universidad de Milán, no es un historiador al uso ni un novelista convencional. A lo largo de dos entregas anteriores, ‘M. El hijo del siglo’ (Alfaguara, 2020) y ‘M. El hombre de la providencia’ (id. 2021) de-construye la creación del mito del fundador del fascismo, y en una tercera y por ahora en una última, ‘M. Los últimos días de Europa’ (id.2023), se centra en dos aspectos verdaderamente lacerantes: la aprobación de las leyes racistas de 1938 y las entretelas de la decisión italiana de entrar en guerra junto al III Reich a pesar de no contar con el suficiente respaldo de un estado industrial y bajo ínfimas condiciones desde el punto de vista militar.
En recientes espacios de televisión de su país Antonio Scurati ha participado opinando sobre “esa aportación italiana a las ideologías políticas” llamada fascismo cuando hay intentos de blanquear la figura de su fundador Mussolini, y el partido que gobierna en estos momentos bajo la presidencia de la señora Meloni hunde sus raíces en marcas herederas del posfascismo. La originalidad del ‘estilo Scurati’ es que se trata de un relato de gran brillantez formal en el que los testimonios están sacados de documentos, opiniones, artículos o diarios privados de los propios protagonistas.
En 1938 Mussolini decidió sacar adelante una legislación racial que expulsaba de las administraciones a las personas con origen judío, les prohibía casarse con italianos ‘arios’, dar clase en universidades y colegios, publicar en prensa o en libro…Una legislación por la que se echaron de los colegios a los estudiantes que tenían el ‘estigma’ de cualquier ancestro judío, y que llegó a afectar también a héroes de la primera guerra mundial, a dirigentes del propio Partido Fascista e incluso a alguna amante del dictador. Una legislación racista y vergonzosa además de profundamente inútil: las personas de origen judío estaban tan integradas en la sociedad italiana que era imposible distinguirlas del resto de los ciudadanos.
Lo más terrible del caso es que esa legislación se aprobó con una cobertura pseudocientífica firmada por personalidades de la universidad italiana de la época refrendando una normativa racista y discriminatoria. Entre los personajes del libro de Scurati aparece algún destacado servidor de la administración fascista y sus reflexiones sobre el inesperado momento en el que se convierte merced a esa ley en un paria en su propio país de origen. Tan solo por la servidumbre mimética de Mussolini a su amigo Hitler y su política antijudía. Más adelante, durante la guerra y en los territorios controlados todavía por el fascismo se llegó a una ‘solución final’ con el traslado de judíos italianos a los campos de exterminio de la Europa central.
El segundo de los temas a los que ‘M. Los últimos días de Europa’ dedica atención bajo un formato de novela e historia compartida es a la lamentable decisión de 1940 de entrar en guerra en la aplicación del llamado ‘pacto de hierro’ firmado con la Alemania nazi. Aún a sabiendas que como la mayor parte de los militares italianos reconocen el país está en unas condiciones pésimas, sin armas, equipamientos ni combustibles, solo por el hecho de aplicar la política belicista ultranaconalista que el régimen ha querido desarrollar desde sus orígenes.
Y que le ha llevado a la lamentable invasión de Etiopía en 1935 solo porque el fascismo desea tener un imperio colonial a la antigua usanza frente a lo que denomina ‘potencias plutocráticas’ (Francia e Inglaterra). Una demagogia que tendrá una de sus apoteosis en la gratuita invasión de Albania, una monarquía de guardarropía con una dinastía inventada por un presidente de la república en la figura de sus descendientes, y en la que los italianos venían controlando sin necesidad de aspavientos buena parte de las claves económicas y de poder albanesas. Pero el fascismo tuvo mucho de teatralizante y Mussolini invadió con sus tropas y aviones el territorio de Albania cuyas fuerzas aéreas sencillamente no existían puesto que carecía de aeronaves.
El otro escenario de actuación del fascismo italiano fue la guerra civil española donde envió no solo soldados y armamento apoyando al bando de Franco sino especialmente aviones; y en el libro de Scurati se recuerda esa circunstancia con el protagonismo italiano en las oleadas de bombardeos que asolan muchas ciudades españolas especialmente Barcelona con enormes víctimas entre la población civil. El joven conde Ciano, casado con la hija de Mussolini, ministro de Exteriores y llamado a ser el virtual ‘tapado’ y sucesor del ‘duce’ antes de su caída en desgracia que acaba de manera trágica, es el máximo partidario de la intervención de la guerra civil española (en el libro de Scurati hay varias referencias hispanas como la presencia de Pilar Primo de Rivera, delegada nacional de la Sección Femenina de Falange, a una importante reunión del Partido Fascista Italiano, o el viaje del Conde Ciano a España en el que el franquismo mima la enorme vanidad del personaje).
Sin embargo Ciano parece consciente de la tremenda inferioridad militar italiana frente a la devastadora maquinaria de guerra alemana y cataliza la oposición de buena parte de una amordazada opinión pública italiana a la aventura de una guerra sin objetivo estratégico más allá de la propaganda y la vanagloria personal de un régimen nacionalista y patriotero en su discurso público, que transita de la ‘no beligerancia’, una sospechosa denominación aplicada en su momento por el franquismo, a la declaración de guerra a Francia y Reino Unido, con dos ‘figurones’ probablemente opuestos a esa entrada en acción bélica agresiva como el rey Víctor Manuel III y el Papa Pío XII pero incapaces de expresar publicamente el rechazo a esa barbaridad.
En todo este coro de personajes descritos por Scurati en la trilogía aparecen los tipos más variados: desde la esposa legal del dictador, una mujer semianalfabeta, a la primera de sus amantes Clara Petacci, treinta años más joven que él y que en 1945 acompañará al dictador en su trágico destino final. Bajo un panel de tipos variados que incluyen funcionarios fascistas, varios de ellos caídos en desgracia o condenados a la invisibilidad por tener sangre judía en sus venas, altos militares, tipos del partido, medios de comunicación que respondían a una voz única, más los representantes del nazismo, y las democracias liberales occidentales tratando de aplacar a la fiera bélica nazi que gana tiempo a través de una retórica.
Como la que Mussolini utiliza con profusión para explicar lo inexplicable, incluso decisiones que van contra la lógica y los intereses vitales de la ciudadanía sacrificados en nombre de un nacionalismo exacerbado y un patrioterismo que acaba finalmente en tragedia. El libro de Scurati posee momentos asombrosos y casi ‘inventa’ un nuevo género, que no es la novela histórica ni el relato novelado sino una novela construida a través de los testimonios y documentos de sus protagonistas.

