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Marco Rubio y el lenguaje del verdugo: no hay válvulas de escape.

Marco Rubio

Silvestre Pérez Laguna

Marco Rubio, secretario de Estado, acaba de expresarle a Axios, un conocido medio de comunicación digital estadounidense, refiriéndose a la política de asfixia económica contra Cuba que “cada vez que intentan salir del lazo, nosotros simplemente lo cerramos” “….no hay válvula de escape”. Efectivamente, es la confesión de lo que lleva ocurriendo con la Isla caribeña desde la agresión contra Venezuela el 3 de enero de este año. A finales de ese mes, a través de una orden ejecutiva de Trump, se implementó el bloqueo petrolero total a Cuba. Un país que apenas produce el 30 % del petróleo que necesita. De un plumazo se quedó sin suministros. Y ese recrudecimiento del bloqueo se fue incrementando con sanciones a diversos cargos públicos y militares y sus familiares y el 1 de mayo, a través de otra orden ejecutiva del presidente norteamericano extiende sanciones secundarias a cualquier empresa extranjera con vínculos con La Habana. A partir de esta decisión se produce la salida de la Isla de empresas como la minera canadiense, Sherritt, varias cadenas hoteleras internacionales, navieras y entidades bancarias como Visa y Mastercard. Se suma a este asedio económico continuas amenazas del uso de la fuerza y movimientos militares intimidatorios.

En el plano justificativo de la ofensiva agresiva sobre Cuba, el Departamento de Estado publicó a mediados de julio el informe “Cuba; la capital del comunismo del siglo XXI” En dicho material se dice que la de Cuba “fue una revolución contra la propia civilización occidental -liberada, en parte, mediante el método novedoso e insidioso de persuadir a los hijos de Occidente para que se volvieran contra su propia herencia”. Partiendo es esta tergiversada premisa, acusa a Cuba de todos los males inimaginables, vinculándola con las guerrillas de los años 60 y 70 del siglo pasado, hasta los actuales movimientos como Black Lives Matter, Antifa, Hamás y Hezbolá. Incluso llega a señalar que ha formado a generaciones de élites estadounidenses y creado redes de influencia dentro de las instituciones de Estados Unidos. Sitúa la supuesta influencia cubana hasta en las convulsiones en EEUU como los disturbios recientes por George Floyd y el auge de Antifa. Este documento, supuestamente supervisado por Marco Rubio, dimensiona tan exageradamente el rol internacional de Cuba y su supuesta influencia, que, de ser cierto, ridiculizaría la gestión de la gran potencia que él representa. 

La victima de toda esta crisis es la población cubana que soporta apagones en ocasiones durante días, sin combustible doméstico, cocinando con carbón o leña y sin poder conservar los pocos alimentos que aparecen. Escasez de agua por la carencia de electricidad para los sistemas de bombeo y acumulación de desechos en ciudades y pueblos por no disponer de combustible para su recogida. Se reporta una lista de espera quirúrgica de casi 100 mil pacientes, entre ellos 11 mil niños. Mas de 30 mil embarazadas requieren ecografías diagnosticas sin poder hacerse por falta de recursos. Dificultades para que 30 mil niños reciban las vacunas a tiempo. También graves dificultades en la atención a 16 mil pacientes en radioterapia y casi 3 mil en hemodiálisis. En general los servicios médicos se encuentran gravemente afectados, falta de medicinas básicas, mal higiene en hospitales y policlínicos. Muchas veces los pacientes son los que, a través de sus familiares en el extranjero u otras vías, son los que gestionen los insumos necesarios para las operaciones quirúrgicas porque no hay en los hospitales. El transporte público es prácticamente inexistente, lo que afecta a millones de personas que dependen de este servicio. 

En resumen, el país está al borde a una crisis humanitaria de proporciones inimaginables. 

En este contexto, las autoridades cubanas impulsan un plan de cientos de medidas de carácter económico para   sortear la crisis. Un plan tardío a los ojos de muchos expertos y críticos del gobierno que consideran debió abordarse hace más de treinta años, cuando implosionó en campo socialista en Europa y se desintegró la URSS, evidenciando el fracaso clamoroso del sistema socialista de planificación centralizada de la economía y el grave error conceptual de prescindir de los mecanismos de mercado que ahora quieren corregir. En todo caso, bienvenido el plan y la intención que lo motiva. Difícil lo tiene la actual dirección del Partido y el gobierno cubano, porque sobre ellos recae una responsabilidad histórica de gran magnitud y como mínimo deberían reconocerlo públicamente con total transparencia, asumiendo las responsabilidades políticas, tanto colectivamente sus instituciones como sus líderes. Muchas personas, a lo largo de tantos años de altibajos en la conducción económica y política del país advirtieron de estos errores, no fueron escuchados en el mejor de los casos y otros, fueron reprimidos o marginados y es un deber moral del país restituir moralmente esta injusticia y eso le corresponde a quienes hoy ostentan el poder.

Tanto Estados Unidos como Cuba han reconocido la existencia de conversaciones entre ambos, sería una muestra de altura, de civilización, que llegaran a un entendimiento. Lo contrario sería un fracaso para la convivencia internacional. Pero la situación es tal que no admite dilaciones en el tiempo porque el hambre y la salud no esperan, no entienden de cálculos y ambigüedades.    

La opinión pública internacional, la prensa, las personas buenas y humanistas de todo el mundo, deberían jugar un papel de condena más enérgico ante esta especie de genocidio silencioso que se está cometiendo contra la población cubana. 

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