Escrito por 8:28 am Política

Milei y la seducción de la motosierra

Por Manuel Espín


Una persona conocida me cita para presentarme a su actual novia. Es una argentina-italiana con pasaporte comunitario, residencia española y vocación cosmopolita, y su primer comentario tiene que ver con Milei de quien se declara fascinada. Según ella en Argentina ha fracasado la opción de centro-izquierda peronista (Alberto Fernández) y la neoliberal (Macri) y la única salida es conceder la oportunidad de que sea presidente al candidato libertario de extrema derecha que esgrime la motosierra como objeto referencial del desguace que quiere hacer al estado y a la administración, incluido el estado de bienestar. 

 Cuando pregunto de dónde saldrán los dólares necesarios para el proceso de eliminación del peso y la reconversión del país a la divisa norteamericana no tiene dudas: Estados Unidos. Todas y cada una de las ‘soluciones’ que Milei lanza a la palestra tienen veloz respuesta sin contrastarse bajo atisbo alguno de método científico. Milei es el clavo ardiendo al que agarrarse ante una situación socialmente insostenible. Pero, ¿la ‘solución’ no será realmente el problema?

 La clave del fenómeno tiene mucho que ver con la crisis covid, la caída de la producción y de las exportaciones de un país con los potenciales recursos de Argentina, los efectos de la guerra de Ucrania, la inmensa presión de la deuda a pagar al FMI al país que más dinero debe del planeta tras los tiempos de Macri donde gozó de una especie de ‘barra libre’ del fondo internacional; además del papel de las redes sociales y de los medios de comunicación que buscan al político-espectáculo deslenguado capaz de ofrecer titulares ‘fuertes’.

 Pero ya se sabe: nadie da nada gratis y los préstamos internacionales hay que devolverlos bajo el riesgo de insolvencia del país. Además la república del Río de la Plata tiene una larga convivencia con la inflación desbocada de la época Alfonsín, y la motosierra ya fue experimentada en el plan neoliberal de Menem con sus privatizaciones a ‘go-gó’. Aunque también hay que constatar el fracaso contemporáneo de las diversas facciones peronistas y su incapacidad para convocar un gran pacto nacional para afrontar la crisis, dar confianza en su divisa y relanzar el empleo, la producción, mejorar la productividad y las exportaciones.  

 Soportar tasas de inflación en torno al 140 % anual no es fácil, pero situaciones parecidas se han vivido en el pasado. Como tampoco la distorsión que representa la referencia a un peso bajo un tipo de cambio oficial que solo importa a efectos contables y referenciales de legalidad, frente al ‘blue’ no oficial que cotiza muchas más veces que el oficial, en un estado donde desde muchas décadas atrás se repite el fenómeno de los desquiciados ciudadanos dispuestos a comprar dólares (o euros) a la desesperada para evitar la constante merma de sus  ingresos. Ahora la situación alcanza tonos de gran impacto social: un aumento de las tasas de pobreza hasta el 40 %, con el final del mito que hizo de Argentina la ‘potencia distinta’ de Iberoamérica: un  enorme territorio con toda clase de climas y de recursos naturales y humanos, en una «sociedad con una gran clase media».

 Cuando comento que el país y Buenos Aires me parecen maravillosos, con una capital federal que deslumbra desde la perspectiva humana y cultural y es una de las raras capitales del continente donde se puede cruzar la ciudad sin temor a ser víctima de la delincuencia, mi interlocutora dice que hablo del pasado y pone en tela de juicio el punto de vista. ¿Tanto han cambiado las condiciones en lo que aparenta ser un Weimer bis, es decir la República alemana tras la Gran Guerra en grave crisis social, altísimas tasas de inflación, pero a la vez uno de los momentos más creativos de la historia de la humanidad? 

 La ‘alternativa de la motosierra’ va más allá de la eliminación del peso y la dolarización del país: de aplicarse supondría que la política monetaria dependería de la Reserva Federal Norteamericana y no del Banco de Argentina. Milei afirma que recortará un 15 % el gasto, es decir, se pondrá punto y final al estado de bienestar, desapareciendo la educación y la sanidad pública, privatizando la administración -hasta se ha hablado de privatizar el mar para ‘salvar las ballenas’ (sic)- y todo gasto no productivo, es decir el gasto social y la inversión en cultura. No extraña que el sector cinematográfico de ese país hoy  una referencia mundial tanto como el la música (de 100 artistas de pop-rock y similares encuestados por ‘Págína 12’ ni uno solo dice que votará a Milei) se han puesto de uñas respecto a rey de la motosierra que como Freddy Kruger está dispuesto a cortar por lo sano y eliminar ministerios y servicios. La paradoja de todas: una parte muy importante de quienes se ven beneficiados por las ayudas sociales y subsidios son los que dicen que votarán al libertario de extrema derecha.

 Milei es un perfecto exponente de un fenómeno no suficientemente valorado: la aparición de una ultraderecha con signos de identidad, referencias y estéticas diametralmente opuestas a las del XX. Ya no hay olor de sacristía sino al contrario, se ha permitido llamar ‘boludo’ y los peores términos al papa Francisco, y sacerdotes y parroquias de base se han movilizado contra un partido que ha llegado a pedir la ruptura de relaciones con el Vaticano y  descalifica publicamente a un pontífice al que acusa de ‘ideologizado y marxista’. Milei ha sido tan rockero en otra época de su vida como el protagonista de ‘Un rostro en la multitud'(1957, Elia Kazan) donde un vagabundo con la guitarra y el micro en ristre se convierte en estrella gracias a los medios y acaba por difundir un mensaje para-fascista. El candidato no tiene pudor en calificar de ‘errores en una situación difícil y peculiar’ los 30.000 ‘desaparecidos’ de la dictadura militar de los Videla.

 Los electores han dado una segunda oportunidad al candidato peronista Massa que corría el riesgo de ser avasallado por la extrema derecha populista que no cree en el cambio climático. El peronismo es un movimiento imprescindible en Argentina que tradicionalmente se ha desenvuelto en las alas más variadas, y que desde principios del XX fue capaz de articular un discurso de centro-izquierda y definición progresista. Aunque la fragmentación y las peleas internas le han pasado factura especialmente en la última época. Frente al abismo que presagiaban los datos de las primarias en las que Milei arrasó,  la oportunidad que los ciudadanos han dado a Massa hasta ahora responsable del área económica en un ejecutivo que no ha sido capaz de detener la crisis productiva, social ni la inflación, el candidato peronista ganador de la primera vuelta propone un futuro gobierno «por encima de las siglas políticas».

 La única clave para salir de la sima: generar pactos sociales entre trabajadores y fuerzas productivas, y a su vez políticas, para re-prestigiar a las instituciones, y dar confianza a los inversores internacionales para la renegociación y el pago de las cuantiosas deudas que Argentina debe seguir devolviendo al FMI. Profundizando en una imprescindible política social que reduzca las tasas de pobreza y la marginación creciente de muchos sectores sociales, bajo la terrible paradoja de que uno de los primeros productores mundiales en alimentos y materias primas tenga ciudadanos con dificultades alimentarias. Por  encima de todo ese gobierno más allá de las marcas tendrá que afrontar una ingente tarea que desde hace décadas ha de afrontar este gigante varado: la falta de confianza de los ciudadanos en su propio país, sus instituciones democráticas, su divisa… 

 En las antípodas de lo que Milei propone: emplear sin piedad la motosierra para eliminar estado, sin saber el alto precio social que puede costar ese terremoto, con  una revuelta ciudadana en el horizonte ante la perspectiva de ‘vender todo lo vendible’ y hacer añicos lo que hasta ahora podía haber funcionando, bien o mal, de apunte de estado de bienestar. 

 Las dos alternativas en la segunda vuelta: la concertación entre distintos y el gran acuerdo ciudadanía-país con un pacto social imprescindible refrendado por una amplia base política. Frente a la ‘motosierra’ que más allá de la teatralidad de la puesta en escena de Milei,  antiguo rockero que recuerda tanto a un telepredicador como a un exaltado cómico de monólogos televisivos,  supone dinamitar lo poco e insuficiente que pueda haber de protección pública, contra la ‘nada’ de un empezar desde cero bajo la utopía de la renuncia al estado, que como en Hobbes volvería a limitarse al papel de guardián del orden renunciando a las políticas igualatorias y redistributivas en favor de esa ‘ley del universo’ es decir el mercado.  

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