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NADA QUE VER ENTRE UN PUIGDEMONT, HUIDIZO  COBARDÓN, CON UN COMPANYS, GALLARDO HASTA LA MUERTE

A vueltas con la historia: 90 años después de la anterior proclamación de independencia 

Lluís Companys y Carles Puigdemont

José García Abad 

Hay una notable diferencia entre la actitud del Puigdemont, huidizo  cobardón, que inicia un procés en 2017 con la proclamación con freno y marcha atrás de una independencia que en siete años se ha desvanecido en el aire, y la gallarda figura de LLuis Companys que el 6 de octubre de 1934 la había proclamado por última vez quien, juzgado por el Tribunal de Garantías Constitucionales de la II República al negarse a huir, reprocha al fiscal que pretenda humillarle al no pedir para él la pena de muerte, teniendo que conformarse con 20 años de reclusión. 

“Las insinuaciones que ha hecho usted – le acusa – las ha podido mantener porque estoy en ese banquillo y usted goza de privilegio, pero no dejan de ser una cobardía”. 

El entonces presidente de la Generalitat, miembro de Esquerra Republicana de Catalunya, fue fusilado el 15 de octubre de 1940 en el castillo de Montjuic por orden de Franco.

Mas bien se parece Carles Puigdemont al atrabiliario personaje, a la sazón conseller de Interior, Josep Dencás Puigdollers, (Vich 1900- Tánger 1966) que acusa de tibieza nacionalista a Companys como Puigdemont a Pere Aragonés. 

Realmente Companys no es un independentista puro. Durante algún tiempo se identificaba con Azaña, a quien denominaba “Jefe” y con quien cenó el día 4 de octubre, poco antes del desencadenamiento de los acontecimientos del 6 de octubre. Forzó su radicalismo, en parte como reacción a las sospechas sobre su pasado, fue ministro de Marina en el gobierno de España, y a los ataques de Dencás Pugna Companys por una estado catalán dentro de una república federal española. Una confederación. 

¡Ja está fet ¡ ¡Ja veurem com acabará¡

El 6 de octubre de 1934 a las ocho de la tarde proclama el Estat Catalá desde el balcón principal del palacio de la Generalitat en la plaza de la República de Barcelona, antes de San Jaime y en la actualidad de San Jaume; es decir, la independencia de Cataluña.

Pero matiza: “En nombre del pueblo de Cataluña proclamo el Estado catalán bajo el régimen de una República catalana, que libremente y con toda cordialidad, anhela y solicita a los demás pueblos de España, su colaboración en la creación de una confederación de pueblos ibéricos y está dispuesta a lo que sea necesario para libertarles de la Monarquía borbónica”

Nada más terminado su discurso en el balcón de la Generalitat, Companys comenta con un correligionario: “ ¡Ja está fet ¡ ¡Ja veurem com acabará¡ ¡ veure si ara també direu que no sóc catalanista! (¡Ya está hecho¡ ¡Ya veremos como acabará ¡A ver si ahora diréis también que no soy catalanista¡.) 

El general Batet acaba a cañonazos con la independencia catalana y Dencás se escapa por las alcantarillas

Desde las nueve de la mañana es total la paralización de la industria y el comercio de Barcelona. No se publican periódicos, no circulan trenes, tranvías, autobuses ni metro y solo funcionan los servicios de limpieza y abastecimiento. La ciudad está ocupada por fuerzas de orden público, somatenes y agrupaciones de “escamots” (pelotones), una organización paramilitar jerarquizada del partido “Estat Catalá”, controlado por Dencás, perfectamente uniformada con camisa militar verde oliva, pantalón caqui, correajes de cuero e insignias en la manga. 

Cuando el general Batet acaba a cañonazos con la independencia catalana que solo dura 10 horas, Companys y todo el Govern se entrega al ejército Dencás se escapa por las alcantarillas y se marcha al extranjero.

El doctor Dencás, en el exilio, declara al diario francés “L´Humanité”  que fracasaron por humanidad, porque no quisieron derramar sangre.  Pero en la mesa del señor Dencás fue encontrada la lista de los 28 adversarios que debían ser fusilados al día siguiente del triunfo. 

Dencás fue procesado en rebeldía por encontrarse en el exilio por malversación de fondos.

Restaurado con entusiasmo popular fue fusilado por Franco

En febrero de 1936 cuando triunfa el Frente Popular y sube a la presidencia del Gobierno Manuel Azaña. Con urgencia, por decreto ley se devuelven a la Generalitat todas sus competencias excepto las de Orden Público y se restablece el Parlamento de Cataluña. Este elige por aclamación a Lluis Companys quien restituye en sus puestos a todos los miembros que proclamaron el Estat Catalá con excepción del de Gobernación, Josep Dencás, y el jefe de policía Miquel Badía que regresan del exilio. 

La recepción de Barcelona es indescriptible: colgaduras en los balcones, banderas ondeando por doquier, flores y sombreros al aire, bandadas de palomas que Companys que se encuentra enfermo apenas puede contemplar de pie. Llegan al Parlamento y le dejan descansar en el despacho del presidente donde cae sin conocimiento.

Al día siguiente es entrevistado por el gran periodista Manuel Chaves Nogales, director de la revista “Ahora”, ligeramente escorada a la derecha. No  observa en el personaje atisbo alguno de resentimiento y de propósito de revancha. 

“No vamos a esgrimir el poder – promete – como arma de combate contra los que no piensan contra nosotros ni utilizarlo para suscitar en nuestra patria una nueva convulsión revolucionaria” y avisa que en Cataluña y en toda España, el cuerpo social está en carne viva, palpitante, llagado. “Y nuestro deber – añade – es el de suavizar, calmar ese prurito, pero sin cauterios que hagan perder la sensibilidad al pueblo”.

Fue sentenciado a muerte por fusilamiento. Tras dar Franco el “Enterado” a la sentencia, Companys fue fusilado el 15 de octubre de 1940 a las 10 de la mañana en el foso de santa Eulalia del castillo de Montjuic, que ha sido escenario de no pocos fusilamientos a lo largo de la trágica historia de este país. Se negó a que le pusieran una venda en los ojos y murió gritando «Per Catalunya!».

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