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‘Numancia’ de Cervantes:actualizar sin transgredir


 Manuel Espín

 Sorprende que en plenas navidades y con un abundancia de espectáculos ‘ad hoc’ el aforo de los Teatros del Canal donde se representa desde el pasado mes hasta el 1 de febrero la puesta en escena de la obra de Cervantes a cargo de José Luis Alonso de Santos se llene de familias y de un público intergeneracional para asistir a una función en verso sobre un episodio heroico de asedio, dignidad y lucha por la libertad. Contemplada en nuestra época de manera desnuda el texto es difícil de representar con larguísimos monólogos y escasez de acción. La obra cervantina viene a ser una especie de guante que permite toda clase de lecturas, desde una muy nacionalista a otra en clave de derechos humanos porque cada circunstancia ha tenido ‘su’ producción: la del Madrid asediado de la guerra civil a las versiones teatrales donde se ha exaltado la independencia nacionalista en clave de posguerra y aislamiento internacional del franquismo. Pero también aquellas que han despojado al texto de sus referencias temporales y ubicación en una época histórica. Alonso de Santos que se las sabe tanto como adaptador como director parte de una voz en ‘off’ que en distintas ocasiones informa a la platea de las circunstancias en las que se produjo el histórico asedio de muchos años a la ciudad y de como al Imperio Romano le surgió una piedra en el zapato que impidió pasear por la metrópoli a los últimos supervivientes como demostración de que eran inexpugnables. Por el contrario, se pone en relevancia que todo imperialismo tiene su declive como ha sucedido en todas las etapas de la humanidad y ninguno de ellos será capaz de durar mil años.

En esta producción que inauguró el festival de Mérida de 2025 el relativo historicismo está presente en casi todo el vestuario, excepto en los parlamentos desarrollados como diálogos cruzados desde las dos torres que llevan ropa de hoy porque la guerra o el hambre son eternas y lamentablemente siguen siendo actuales. Las características del escenario son diferentes a las de Mérida. Evidentemente se pierde el enmarque en el teatro romano y en su dimensiones al aire libre, pero se gana en que los actores aparezcan en escena sin inalámbrico. El espacio escénico es sobrio, pero de gran utilidad. Unos practicables con ruedas, más el fondo de la muralla muy versátil con la presencia de una iluminación que subraya elementos dramáticos. Alonso como es lógico ha hecho poda en el texto, potenciando escenicamente un elemento como la pareja de amantes numantinos, y buscando dar acción a donde apenas la hay y los parlamentos hoy pueden parecer excesivamente prolongados.  Respecto al concepto, se ponen de relieve aquellos aspectos relacionados con la falta de libertad de un pueblo y su intento de ser sojuzgados por un imperio, donde frente a la resignación del vencido se impone su capacidad de lucha y su dignidad como reconocimiento de su honor. Se resuelve de manera acertada que los personajes miren hacia los espectadores aunque parte de la acción se desarrolle a sus espaldas. En ese retoque ha habido también cambios de léxico y terminología. Se escucha hablar de ‘España’ por ‘Hispania’, y en pura lógica hasta el XVIII o el XIX no existe como tal sino primero las divisiones del Imperio Romano, los diferentes reinos visigóticos, los cristianos y musulmanes, y con el Renacimiento las coronas de Castilla y Aragón. Pero es una licencia que se puede admitir.  

La versión no es formalmente transgresora ni ha buscado provocar un impacto en el espectador. Ese relativo respeto hace que la obra se siga sin decaimiento a lo largo de la hora y cincuenta minutos que dura, y que la tensión dramática se mantenga pese a que la acción en el original ya era relativa. A su favor tiene el trabajo de una veintena de actores que dicen el verso sin engolamiento ni retórica, con un tono natural y accesible. De ellos es buena parte de la comunicación que se establece en escenario y platea. Algunos de esos actores (como el enérgico Javier Lara /Escipión han hecho la obra en anteriores versiones) brillan dentro de un amplio conjunto que no chirría, aunque el texto da pie a algunos para lucirse más que otros; pero en general lo expresan con naturalidad y sin artificiosa declamación, en lo que viene a ser el termómetro que mide el fracaso o el acierto en la manera de decir un clásico sin el tonillo impostado y hueco de épocas todavía recientes.  Sin elementos de provocación, sin radicalidad, en un tono de cierto respeto al origen esta ‘Numancia’ mantiene un tono medio que interesa a un público amplio; quizás también a quienes no son habituales de montajes del Clásico.

Fotografías: Marcos Gpunto

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