Escrito por • 10:21 am• Cine, Cultura

Obituarios para la polémica

Silvia Pinal

Manuel Espín

  Tras la pasada gala de los Oscar suscitó comentarios la ausencia de Silvia Pinal en el recordatorio a los nombres del cine desaparecidos (la Academia de España si lo hizo en los Goya), en este caso a una mujer que no solo fue una estrella desde los años de la edad de oro del cine de México, sino un referente imprescindible en la obra de Buñuel: gracias a ella y a su entonces marido Gustavo Alatriste pudo hacerse ‘Viridiana’, la película de 1961 que representaba la vuelta del aragonés a España; no estrenada legalmente hasta el sábado de gloria de 1977 el mismo día que se legalizaba el PCE. Pinal realizó otros trabajos para Buñuel, tuvo una carrera política en su país, se casó varias veces y fue la matriarca de una saga, además de una figura extremadamente popular hasta su muerte tanto por sus abundantes trabajos como por su constante presencia en los medios.

 La actriz que no quiso trabajar para Hollywood “porque la iban a obligar a hacer de india” rodó sin embargo en 1969 la coproducción ‘Shark! Arma de dos filos” junto a Burt Reynolds, y era miembro de la Academia  de Hollywood. Ahora cuando se ha querido explicar su ausencia del recordatorio,  allegados de la actriz afirman que se debe a no haber pagado la última cuota anual de mil dólares por la pertenencia a la entidad norteamericana. Aspecto que contrasta con el homenaje de México tras su muerte el pasado noviembre cuando más allá de la gran acogida popular la presidencia de la República estuvo presente en las honras fúnebres de un nombre femenino que dio imagen a su país.

 La actitud ante los óbitos se convierte en un test sobre sensibilidades y actitudes de nombres públicos. A las pocas horas de la muerte de Marisa Paredes el presidente Pedro Sánchez lo mismo que Yolanda Díaz y Ernest  Urtasun, ministro  de Cultura, aparecieron en la capilla fúnebre, echándose en falta al alcalde de Madrid (aunque el ayuntamiento cedió el Teatro Español),  y la explicable ausencia  de Ayuso: Marisa Paredes que había apoyado publicamente y participado en actos de Sumar,  pocas semanas antes de su muerte, en la gala de los premios de Aisge donde fue premiada, había criticado en su intervención a la presidenta de la Comunidad de Madrid por “sus políticas relativas a la igualdad de género y a los derechos LGTBI+”..

 En cualquier caso los personajes de la cultura cualquiera que sean sus afinidades políticas deberían representar a todos por encima  de las disputas partidistas. A  pocas horas de tomar posesión Pilar del Castillo como ministra del gobierno de Aznar,  su primer acto público fue su presencia en las honras fúnebres de Buero Vallejo. Por el contrario cuando murió Sara Montiel en 2013 se echó en falta de forma escandalosa al ministro Wert e incluso al presidente Rajoy dado el importante papel que la estrella de ‘La violetera’ había representado para la imagen de España en el mundo. 

 Exponente de la falta de talla de José Ignacio Wert en su relación con el sector cultural puesta de manifiesto de forma reiterada a lo largo de su cartera: tuvo que ser su sucesor Méndez de Vigo, mejor comunicador y con más simpatía personal quien tratara de enmendar ese bache de su anterior ministro cuya insensibilidad respecto al sector cultural fue repetida. De la misma forma que Uribes al frente de la cartera en la presidencia de Sánchez, fracasó totalmente en sus relaciones con el mundo cultural.

 Silvia Pinal fue diputada por el PRI, y aunque los dos últimos presidentes de la Republica pertenezcan a MORENA era un símbolo nacional y así lo supieron reconocer por encima de simpatías o vinculaciones políticas. El simbolismo de las instituciones en cierto tipo  de actos rebasa lo anecdótico y se convierte en un termómetro de sensibilidades mas allá de ver a Pedro Sánchez o a Yolanda Díaz en los Goya: vienen a demostrar una identificación con temas del discurso social-cultural y una cercanía; como la la reina Letizia asistiendo a festivales de cine o a sesiones de la Academia, y están más allá de las aficiones personales. Con el PP en el gobierno la presencia de Aznar o Rajoy en galas como los Goya se echó en falta, y tras la gala del ‘no a la guerra’  los ministros de Cultura también dejaron de ir. Todavía más evidente ante una desaparición como la de Sara Montiel despedida sin ninguna representación  institucional por contraste con los partidos de fútbol a los que Rajoy 

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