Escrito por 5:27 pm Casa Real, Política, Selección del editor

OJO, Princesa Leonor, el Rey es tu padre no tu abuelo, emérito corrupto


Foto:A.Ortega.POOL / Europa Press


Por José García Abad


Si es verdad lo que cuenta El Confidencial y se hace eco la revista Lecturas, entre otros medios, permíteme que te diga con respeto y mi simpatía personal, sumándome a las felicitaciones por tu cumpleaños, que has metido tu mayestático pie al cuadrarte ante tu abuelo Juan Carlos con la frase «A sus órdenes, Majestad». 

La princesa de Asturias y heredera al trono no está a las órdenes de Don Juan Carlos que, reconociendo sus decisivos méritos en la restauración de la democracia, hay que constatar dolorosamente que se los cobró ampliamente con su conducta personal y sobre todo con sus chanchullos financieros. 

En todo caso deberías cuadrarte ante tu padre el rey, Felipe VI, quien, por cierto, ha sacrificado su cariño filial en aras de los superiores intereses de España y de la monarquía constitucional, suspendiendo de empleo y sueldo, por ejemplo, al emérito, cuya abdicación contribuyó al mantenimiento de la institución, le desahució del palacio de la Zarzuela, contribuyó a su salida de España y ha optado por una conducta que representa una enmienda total a la de su augusto padre.

Humanamente comprendo tu amor de nieta y el hecho de que no te vieras con tu abuelo en los últimos tres años, pero no debieras olvidar que la familia real lo es durante los 365 días del año, sábados y domingos incluidos, las 24 horas del día y en todas las circunstancias.  Por lo que no es justificable que tus palabras las pronunciaras en un acto privado para celebrar tus benditos 18 años.

Tienes que aceptar que los reyes y la princesa de Asturias, núcleo duro de la Corona, no tenéis propiamente vida privada. Es una de las penosas obligaciones que compensan los múltiples privilegios de que disfrutáis. 

Me sorprende que tus padres no te hayan inculcado estos principios básicos, o que probablemente no hayas aprovechado la lección que debería orientar tus actos, pues todos ellos, propios de la alta posición que ostentas, tienen consecuencias políticas que pueden ser lamentables para la consolidación de la monarquía.

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