Inmaculada Sánchez
El PSOE necesitaba un gladiador contra Isabel Díaz Ayuso y ha designado a Oscar López para tan importante misión. Elegido este fin de semana como nuevo secretario general de los socialistas madrileños, el ministro para la Transformación Digital ha asumido el encargo con tal entusiasmo que ya se ha convertido en uno de los principales referentes del frente ideológico del Gobierno. Sus desacomplejados ataques a Ayuso no garantizan que el PSOE llegue a reconquistar la Puerta del Sol pero sí dañan al principal activo de la derecha, protegen a Sánchez y elevan la moral de un electorado que siente a su gobierno asediado y sin la contundencia necesaria contra uno de sus principales enemigos.
“Nos vamos a divertir”, respondió hace un par de meses Oscar López al presentar su candidatura a secretario general del PSOE de Madrid cuando le preguntaron cómo afrontaba convertirse en contrincante de Isabel Díaz Ayuso. Quien estuviera tres años dirigiendo el Gabinete de Moncloa y manejando entre bambalinas la estrategia política del Gobierno acumulaba ganas de salir a la arena.
Le conocí cuando era el joven jefe de gabinete del entonces todopoderoso Pepe Blanco en la secretaría de Organización de Ferraz, antes de tener los 30. Recién llegado al Gobierno el otoño pasado, con los 50 cumplidos, coincidí con él en un acto y le pregunté si no se veía como otro Oscar Puente, vista la necesidad de ministros con colmillo político en el actual Gabinete. Sin negármelo, me confirmó su apetito por debatir y rebatir los agresivos y mentirosos mensajes de la derecha tras tanto tiempo “callado” en Moncloa.
Al menos, se está esforzando en ello. Después de la ‘educada’ oposición de su antecesor, Juan Lobato, llamó la atención cómo devolvió a Ayuso su calificación de “Watergate del Gobierno” cuando fue imputado el Fiscal General del Estado por las filtraciones de los correos de su novio. López dijo ante los micrófonos que, en realidad, era un “whiskygate” de su jefe de gabinete, Miguel Ángel Rodríguez, urdidor de todo el escándalo. También se ha referido públicamente a la pareja de la presidenta como “Alberto ‘de Quirón’ y Ayuso”, en referencia a la empresa sanitaria y sus sospechosas relaciones. El ministro pretende marcar terreno y avisar a Ayuso de que la descalificación personal también tiene hueco en su arsenal y está dispuesto a usarla igual que ella.
Desde entonces, el ministro ha dado entrevistas y hecho declaraciones en las que se está confirmando como nuevo ariete del Gobierno, con la lideresa madrileña en el centro de sus dardos. “Madrid es el epicentro de la peor política, la corrupción, la mentira y el bulo”. “La izquierda no soporta a Ayuso, pero la mitad de la derecha tampoco”. “Le cogió el gustillo después de cargarse a Casado”. “No sé si va a perder en Génova con Moreno, si va a perder en Sol con nosotros, en Moncloa con Sánchez… Pero va a perder las tres”. Son algunas de sus frases.
Madrid siempre se ha revelado como una pesadilla para el PSOE. No sólo lleva tres décadas sin gobernar la Comunidad, ni la capital, sino que en las autonómicas de 2021 dejó de ser líder de la oposición pasando a una vergonzante tercera posición en la Asamblea de Vallecas, por detrás de Más Madrid. Los sucesivos experimentos con diferentes tonos y perfiles de candidatos, desde exministros a entrenadores de baloncesto o alcaldes, se han debatido durante años entre la opción más nacional o la más puramente madrileña, entre la más izquierdosa o la más centrista, entre la más popular o la más orgánica… sin resultados hasta ahora.
Que el Madrid de Ayuso haya escalado como nunca en su condición de principal rival del Gobierno ha elevado la apuesta de Sánchez. Ya no sólo se trata de intentar conquistar la Puerta del Sol, sino de que la pelea por ella arroje recompensas a nivel estatal. Habrá que ver si este enésimo ensayo arroja el éxito esperado. Al menos, de momento, hay un ministro más con uniforme de combate.

