Resumen de José Garcia Abad
Sostiene Pablo Iglesias en su libro “Enemigos Íntimos” (Editorial Navona SLU, abril 2025) que el aforismo inglés “El rey reina, pero no gobierna” es una falacia circular, porque “los Borbones, en España, reinan, gobiernan…y “borbonean”. Sostiene Iglesias que “Felipe VI es más de derechas que su padre. Ni Juan Carlos es una excepción ni Felipe vino a redimirle con otra forma de ejercer la Corona”.
En su opinión “ha tenido que venir Bárbara Rey con unos audios grabados en los noventa para que muchas personas se hayan dado cuenta de que tipo de operador político era Juan Carlos de Borbón, que, insisto, no es una excepción, sino un producto consustancial a esa dinámica corrupta del franquismo y la monarquía”.
Iglesias que respeta los secretos de las deliberaciones del consejo de ministros asegura que Felipe VI, del que se supone que escenifica la imparcialidad, la institucionalidad, la neutralidad del Estado, le ha “vacilado” al Gobierno. Y exclama con el signo de admiración: “¡Que neutralidad puede tener un rey que le chifla a Pedro J. Ramírez!”.
Asegura que Felipe VI, encarna ese concepto de nación española mucho más frio, más solemne, que su campechano padre, que le gusta mucho a la derecha; que Juan Carlos, que tenía claro que necesitaba los apoyos de la izquierda se entendía mucho mejor con Felipe González que con Aznar. Y recuerda que Felipe VI en Paiporta, visitando a los afectados de la dana, se puso a abrazar a neonazis que fingían ser vecinos mientras Pedro Sánchez tenía que marcharse entre abucheos.

Nos cuenta Iglesias que ha hablado con el rey muchas veces y está convencido de su compromiso férreo, que es esa conciencia de supervivencia de la monarquía. Cuando Iglesias era vicepresidente del Gobierno recuerda que el rey en un viaje a Bolivia no les daba la palabra al Gobierno. “Se quedó sentado hablando con Iván Duque, el entonces presidente de Colombia, mientras nosotros estábamos callados. Recuerdo que yo miraba a la ministra de Exteriores, Arancha González Laya, como diciéndole: “¿Pero esto que narices es?”. En esos viajes me diseñaron una agenda hecha para que fuera imposible que tuviéramos encuentros bilaterales sin que estuviera presente el rey de España. Tanto es así que tuve que quedar con el presidente de Argentina a las doce de la noche en un hotel para poner dos banderas en la foto y poder tener un encuentro bilateral de Gobiernos sin que estuviera Felipe VI de por medio. Él, en tanto que figura simbólica del Estado español, debía limitarse a ser eso, un símbolo, no a hablar de política con otros presidentes de Gobierno que son líderes a los que, por cierto, en América latina, la gente si ha votado. ¿De qué se hablaba con Iván Duque en aquellas bilaterales? Pues de Venezuela y de la frontera colombiana. ¿Tiene el rey que hablar de esto? Rotundamente no. Eso era una cuestión que competía al gobierno de España, que éramos González Laya o yo. Eso es borbonear, y yo lo he visto en directo”.
Resume que ser monárquico significa reivindicar la corrupción como mecanismo de forma de Gobierno en nuestro país, pero no es optimista con la alternativa republicana, que podría ganar en un referéndum, porque el PSOE no se atreve. Confiesa que su gran fracaso político es no haber podido convencer a Pedro Sánchez de que su propia supervivencia y la de su partido pasa por que entiendan que, o convertimos esto es una república plurinacional, o “no solo me van a fusilar a mí, les van a fusilar también a él , a su mujer y a su hermano”. Y concluye: “Ahora, en la corte de Felipe VI, ya no hacen prisioneros”.
Prefiera a Aznar que a González
Confiesa Iglesias que se identifica en algunas cosas con José María Aznar, mucho más que con González. Dice de Aznar no ha parado de hacer política pero que se aplica al ámbito de los negocios, “intentando hacerse rico para usar ese dinero y esa presencia para influir”.

Dedica más espacio a González que a Aznar, sobre todo en el capítulo que titula: “De caoba y cal” en el que hace referencia la frase de Iglesias en la sesión de investidura de Sánchez de 2016: “Cuídese de él, tiene el pasado manchado de cal viva”.
Califica a Felipe como “referente de la derecha española y latinoamericana” y asegura que “su derechización absoluta hacia posiciones del PP es la lectura que el mismo hace de su experiencia, de su trayectoria y de su pasado”.
Iglesias solo habló con González en un par de ocasiones, de la que destaca una comida que organizó Prisa en la que algo le molestó especialmente: “En un momento dado, mientras algunos aún teníamos el plato en la mesa, él terminó de comer y se encendió un puro que se puso a fumar allí, tranquilamente, sentado frente a todos. Ese gesto era una expresión de poder y muy representativa de una época y de un estilo de ejercerlo. Te estás encendiendo un puro mientras algunos tienen comida en la mesa, mientras los trabajadores del restaurante tienen que salir a la calle si quieren fumarse un cigarro”.

