Escrito por 10:24 am Política

Palestina, Zelenski, Milei… Sánchez externaliza el debate

Foto Europa Press

Inmaculada Sánchez

Pedro Sánchez no sólo habla fluidamente inglés, como ya sabíamos. Además, pretende apoyar esta débil legislatura en su política exterior. Acaba de reconocer a Palestina como Estado, ha suscrito un millonario apoyo a Ucrania y exhibido su complicidad con Zelenski, ha abierto una inédita crisis diplomática con Argentina y busca erigirse en el referente socialdemócrata de Europa. El lema de que el PSOE y el Gobierno de Sánchez son la única garantía contra el avance de la ultraderecha en el continente se ha convertido ya en el mantra de la campaña socialista del 9-J.

El PP de Núñez Feijóo asiste con desesperación al cambio de escenario que Sánchez está provocando en la agenda política. Las comisiones parlamentarias sobre el caso Koldo, la ley de Amnistía que verá la luz esta misma semana o las divisiones en la coalición de Gobierno duran menos de lo esperado en la atención pública o los telediarios. En cambio, aún se mantiene vivo el espectáculo de improperios de Javier Milei contra el presidente del Gobierno de la semana pasada mientras ésta ha arrancado con las fotos de la visita a Madrid de Zelenski, el lunes, y el reconocimiento del Estado de Palestina por parte del Gobierno, el martes. Las críticas de los populares al respecto no consiguen reducir el brillo que el presidente del Gobierno ha conseguido con la crisis abierta con Israel.

Esta semana el Gobierno ha reconocido oficialmente al Estado de Palestina, un paso histórico y arriesgado, que toma en compañía de Noruega e Irlanda como único país de la UE en la decisión. Sánchez está abonado a los movimientos audaces en momentos difíciles. Tras el éxito de Illa en las elecciones catalanas necesita que el 9 de junio le mantenga a flote y que el plebiscito con el que Feijóo plantea la cita se salde a su favor: bien por una inesperada victoria del PSOE sobre el PP, o porque la distancia con el PP al que todos los sondeos (salvo el del CIS) dan por ganador, sea más reducida que la de las generales de julio. Última oportunidad del ciclo electoral previsto para los de Feijóo.

Tanto la decisión sobre Palestina como la visita del presidente ucraniano o la crisis con Milei abonan un camino que Sánchez ya tomó hace tiempo. En noviembre de 2022 consiguió ser el primer español elegido presidente de la Internacional Socialista y desde entonces no ha perdido oportunidad de arroparse con el traje de referente mundial para los socialdemócratas.

El semestre de presidencia europea durante la primera mitad del 2023 volvió a dar momentos de lucimiento a Sánchez, como los que había vivido el año anterior con la histórica cumbre de la OTAN en Madrid. Ya con el ciclo electoral de este año en el horizonte, el presidente ha confrontado oportunamente con el presidente de los populares del europarlamento, el alemán Manfred Weber, quien se ha convertido en su particular ‘Feijóo europeo’.

Miembro del ala dura de los conservadores alemanes y partidario de pactar con la ultraderecha en el próximo mandato de Bruselas, Weber criticó la Ley de Memoria Democrática española en un debate en la eurocámara provocado por el PP español y Sánchez, presente, le retó a volver a poner a las calles de Berlín nombres de conocidos nazis.

El cara a cara con la extrema derecha le es rentable al presidente y piensa exprimirlo en esta campaña todo lo posible. A Isabel Díaz Ayuso, al contrario que a los estrategas de Génova, también parece interesarle mantener el debate en este ring y ha vuelto a señalar a Sánchez y su gobierno como los protectores de los terroristas de Hamas, al igual que lo han sido de los de ETA.

Aunque casi todos los presidentes, en sus segundos mandatos, se dedican más a la política internacional, “aburridos” de los problemas domésticos, Sánchez no suele guiarse por más manual que el de “resistencia” que le ha hecho famoso. El 9-J dirá si debe añadir un nuevo capítulo sobre la política internacional como herramienta de supervivencia.

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