Escrito por • 10:40 am• Política

Pánico en el PSOE

Inmaculada Sánchez

No sabemos si el incombustible Sánchez podrá esta vez salvar la situación pero en el PSOE cunde el pánico como nunca antes desde que el presidente habita La Moncloa. A las citas en el Tribunal Supremo de José Luis Ábalos y Koldo García de esta semana se sumará la de Santos Cerdán el lunes próximo y nadie se atreve a pronosticar el alcance de las revelaciones que vaya arrojando la investigación judicial del caso más dañino sufrido por el Gobierno. La cumbre de la OTAN de esta semana podría ejercer de bálsamo si el presidente consigue la ‘excepción ibérica’ en el rearme previsto pero la herida sangra demasiado para ser suficiente. Sólo faltaba la petición del juez Peinado de imputar a Félix Bolaños por el ‘caso Begoña’ de este martes. ¿Esto no hay quien lo pare?

El pánico nunca es buen consejero y hoy el PSOE precisa tener cabeza fría para afrontar una de las peores crisis desde que Pedro Sánchez lo dirige. La sucesión de acontecimientos y, sobre todo, la incertidumbre sobre los que estén por llegar ha desconcertado a los pilares en los que se asienta el Gobierno. Los socios parlamentarios, que tantas otras veces han hecho sufrir a Moncloa pero han seguido sujetando la legislatura, hoy no están seguros de lo que harán, o tendrán que hacer en próximas fechas. Y esta inseguridad está empezando a calar entre los socialistas.

No sólo las duras acusaciones de Gabriel Rufián en el pleno de Control de la semana pasada (su “jure y perjure que no habrá un P. Sánchez” hizo mucho daño en los escaños del PSOE) agitaron el maltrecho ánimo de los socialistas. Luego vinieron sus dudas sobre si iría o no a la cita con el presidente y, tras acudir, sus declaraciones sobre que lo había visto “tocado” y que no era capaz de decir cuánto le queda a la legislatura.

Esta semana es la descomposición del grupo parlamentario de Sumar la que llega para desánimo de la bancada azul. La diputada de Compromís ha confirmado que abandona el grupo de Yolanda Díaz y se pasa al grupo mixto. También el de la Chunta Aragonesista y el de Més por Mallorca amenazan con seguir su decisión después de criticar la corrupción del caso Cerdán y la escasa respuesta de Sánchez. Podrían ser tres, o hasta cuatro, si el otro diputado valenciano de la coalición de Compromis se une a su compañera, los escaños, y votos, por tanto, de los que perdería el control la vicepresidenta y ministra de Trabajo. Pocos quieren estar cerca del Gobierno si éste continua despeñándose, sobre todo, tratándose de fuerzas territoriales que se juegan más en las próximas elecciones autonómicas y locales, con cita antes de las generales si tienen lugar en su fecha de 2027.

Y en éstas llega, de nuevo, el juez Peinado acusando de malversación nada menos que al ministro más cercano a Sánchez y con mayor peso politico tras la vicepresidenta Montero, el titular de Justicia y Presidencia, Félix Bolaños. El instructor de la investigación sobre la esposa del presidente debe hallarse en un estado de euforia sólo comparable, en nivel y rotundidad, a la depresión que sufren las filas socialistas. Su estrambótica investigación a Begoña Gómez sigue su curso pese a los límites o reconvenciones que le ha aplicado su jurisdicción superior y, para sorpresa de nadie, acaba de solicitar al Supremo que impute a Bolaños por haber contratado en su día a la asesora de Gómez en Moncloa. El ridículo recorrido que pueda tener semejante acusación es lo de menos ahora mismo. El ambiente juega contra el Gobierno y nadie de los que “pudiendo hacer”, “están haciendo”, tal como recomendó Aznar, quieren perderse tan dulce momento.

Quien tampoco ha faltado a la ‘fiesta’ ha sido el citado José María Aznar. Este domingo ha vuelto a marcar estrategia con sus peligrosas insinuaciones sobre amaños electorales de Sánchez y el PSOE. El camino de la deslegitimación del actual Gobierno que tan transitado tienen el PP y Vox vuelve a convertirse en munición principal para destrozo del sistema.

Urge una inyección de coraje en las huestes de Moncloa y Ferraz. Y de los socios que apostaron por este Gobierno y al que tanto han sacado en sus negociaciones. La sola apelación a la alternativa que se nos vendría encima con Feijóo y Abascal podría no ser ya suficiente si el electorado de izquierdas empieza a asumirlo como inevitable. Mientras haya Gobierno, hay que gobernar, mientras haya legislatura, legislar, y mientras Sánchez siga en La Moncloa, el presidente tiene que liderar una respuesta a la corrupción más valiente y contundente que la dada hasta ahora.  Para lloros y lamentos siempre hay tiempo.

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