Escrito por 9:12 pm Economía

Pepe Bogas, CEO de Endesa, formado por los jesuitas que le auguraban la condición de electroobispo 

José Bogas, CEO de Endesa

José Bogas, CEO de Endesa

por José García Abad


La vida de José Damián Bogas Gálvez, Pepe para todos, 68 años, madrileño y madridista, casado, con dos hijas, ha cambiado poco con sus ascensos, ni siquiera al llegar a CEO de Endesa. Es el hombre que los italianos de Enel eligieron para ejercer el poder ejecutivo de la empresa tras los 10 años de Borja Prado, el primer presidente  de la etapa italiana.

 Francesco Starache, el CEO de Enel que le nombró para el puesto actual en una reunión de las que se llamaba antes de 360 grados,  donde se planteaba cual es la relación de un directivo con el gran jefe, le dijo: “Mira:  sigues siendo el Pepe que yo conocía”. 

José Bogas se sitúa en el centro político. Es, en religión, creyente y formado en los jesuitas como su padre y su hermano y como su colega Ignacio Galán, presidente de Iberdrola, el de CaixaBank, Ignacio Goirigolzari, y tantos otros directivos empresariales.

Estudiaron en los jesuitas, él, su padre, que también fue ingeniero por el ICAI y su hermano.  La vida de la familia está enmarcada por los jesuitas.  Pepe Bogas comenzó sus estudios en el Pinar de Chamartín, en Nuestra Señora del Recuerdo, e hizo la carrera en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería (ICAI).

Cuando llegó al ICAI a los ingenieros les llamaban electrocuras y a Pepe, estudiante brillante, especialmente en matemáticas y física, le decían: “Tu serás electrobispo”. Le consideraban “un ingeniero sublime”.

A la salida del despacho hace deporte y lee mucho, especialmente ensayos sobre temas de actualidad y novelas relacionadas con ellos o históricas. Siempre tiene en la mesilla y en el cuarto de baño tres o cuatro libros que lee a  la vez, como “El Naufragio”, de Lola García y la novela “Patria”. 

Asegura Bogas que, para entender algunas reacciones que se producen a veces respecto de las relaciones entre Enel y Endesa, es bueno recordar la teoría de “los seis sombreros” descrita en el libro de Edward de Bono ‘Un sombrero para su mente. Alcance el éxito mediante el pensamiento creativo’.  

Opina De Bono que, a veces, la gente habla sin entenderse porque cada uno parte de distintos criterios o perspectivas. Recomienda que, para evitar sesgos perjudiciales, es conveniente razonar poniéndose seis sombreros de manera sucesiva.

Cuando se habla de datos, se debe poner uno el sombrero blanco; cuando hay que referirse a la forma de afrontar diversos problemas negativos, nos debemos colocar el negro; cuando se plantea la cuestión de las oportunidades que pueden surgir, conviene ponerse el verde; cuando se quiere hablar con el estómago, hay que ponerse el rojo… “Cuando alguien de Endesa piensa nostálgicamente en el pasado, es bueno que sepa que está razonando con el sombrero rojo. No es nada malo, mientras sea consciente de ello. Incluso es muy bueno desahogarse gracias al sombrero rojo. Pero, después, hay que ponerse otros sombreros para seguir razonando de manera equilibrada…”.

Hay gente que, razonando con el sombrero rojo, ve con nostalgia la venta a Enel del negocio de Endesa en Latinoamérica, donde la compañía española llegó a estar presente en cinco países suministrando electricidad a más de 24 millones de clientes. “Pero, si nos ponemos a continuación el sombrero blanco de la razón y la objetividad, está claro que esa venta respondió a una incuestionable lógica empresarial y organizativa”.

Mucho deporte

Ha hecho siempre mucho deporte pero ha tenido que renunciar a los más duros por razones de edad. Tiene un entrenador personal que llega a su casa a las seis de la mañana con quien hace gimnasia. Procura cuidarse, aunque cree que menos de lo que debiera. No juega al golf. Le gusta el cine especialmente el de intriga y el histórico. 

Pepe Bogas Gálvez ha hecho la mayor parte de su carrera profesional en Endesa. Es ante todo un hombre tranquilo, sencillo y de muy buen trato, con los de arriba y con los de abajo. 

Es un hombre familiar que trata de conciliar, con dificultad, la familia con el trabajo. Su mujer trabajaba en una agencia de publicidad, y luego emprendió distintos negocios, el último relacionado con la estética. No llegó a perder dinero pero tampoco ganó y cuando llegó el primer nieto dejó el negocio a sus empleadas. 

Una difícil amistad con Sánchez Galán

Pepe Bogas fue compañero de clase en el ICAI de su principal rival, Iñigo Sánchez Galán, cuatro años mayor, Galán 73 y Bogas 68,  a quien conoce muy bien, aprecia y  admira, de quien piensa que le tenían que hacer una estatua en la entrada de Iberdrola por el cambio que ha experimentado la compañía, de cómo estaba cuando él entró y como está ahora. 

Mantiene con él una amistad a veces algo difícil pues cada uno tiene su carácter.  Ambos recibieron el premio Javier Benjumea, primer marqués de Puebla de Cazalla, fundador del grupo Abengoa y estudiante distinguido de la Escuela de Ingenieros del ICAI. que distingue a los que destacaron en el ejercicio profesional y en la prestación de servicios al colectivo social. 

Informática, una asignatura entonces “María”

En el último año de la carrera se introdujo una asignatura, casi Maria, la informática, en el plano técnico no de gestión, con un equipo de Hewlet Packard que exigía hacer un programa de ordenador 

Antes de llegar a Endesa, Bogas trabajó en dos empresas: una filial ferroviaria de frenos y señales de Westinghouse,  que también trabajaba con HP, donde se ocupó de la señalización de la nueva estación de Chamartín. Entonces pudo beneficiarse de que había muy poca gente, algún tipo raro, que supiera de informática. Después estuvo en  ERIA (Estudios y Realizaciones en Informática aplicada) que trabajaba con Endesa y de ahí dio, en 1982, con 27 años,  saltó a la eléctrica presidida entonces por Julio Calleja recomendado por José Luis Toral, profesor del ICAI por sus conocimientos informáticos.

Entró Bogas en el departamento de Planificación Energética, con un contrato de meritorio para seis meses, donde se ocupó de informatizar las minas de la empresa. Después le pasaron al departamento comercial donde gracias a sus conocimientos informáticos logró que se facturara a las empresas que servía Endesa el primero de cada mes y no 15 o 20 días después como se hacía con la facturación a mano. 

En el ministerio de Industria

Del 85 al 88, gobernando la empresa Feliciano Fuster, y con Rafael Miranda, un histórico de Endesa, de director general de Energía, le llama este al ministerio de Industria como vocal asesor suyo en comisión de servicio. Le seguía pagando el sueldo Endesa pero trabajaba para el Ministerio, una situación que si se reprodujera en estos momentos sería un escándalo, pero entonces Endesa tenía una implicación muy especial con el ministerio. 

Ello le dio acceso a José Luis Toral que era el director general técnico y a Pedro Meroño, el secretario general, y  conoció a Claudio Aranzadi que presidía el INI, a Paulina Beato, primera presidenta de Red Eléctrica Española,   a Jorge Fabra que estaba de delegado del Gobierno, y a  Emilio Ontiveros, entre otros.

Las eléctricas estaban entonces prácticamente en quiebra. Se había hundido Fecsa y el sector se enfrentaba a serios problemas financieros con las nucleares, cuando el dólar pasó de valer 60 pesetas a 160. A Bogas le encargaron aplicarse en el proceso de intercambio de activos, a los que Bogas bautizó como “intercambio de pagos”, y en la gestación del llamado Marco Legal Estable. Bogas aprendió mucho en esos tres años. Le venían a ver los grandes del sector que le hablaban sobre activos, costes etc. 

En 1988 se jubiló en Endesa el director de Control y Gestión de Energía y Rafael Miranda le ofreció el cargo a los solo seis años de su permanencia en la empresa, rompiendo la tradición de que el ascenso se produjera en razón de la antigüedad.  

Ocupó este cargo hasta 1997 fecha en que le hicieron director general de Generación. En 1998 ascendió a director General del Negocio Eléctrico que ejerció hasta 2004 cuando alcanzó el puesto de director General de España y Portugal en el que permaneció hasta  2014 , fecha en que fue elegido consejero delegado.

“Tu. Pepe, solo sabes trabajar”, le dijo su madre

Cuando en 2009 llegaron los italianos, el entonces CEO de Enel, le preguntó que qué iba a hacer. La alternativa era: Te vas a tu casa hasta los 65 años cobrando lo mismo que si estuvieras en activo o te quedas a trabajar cobrando lo mismo. Bogas lo consultó con su esposa: “Pepe, pues a casa, a descansar, vivir tranquilo, viajar y lo que quieras. Fenomenal. 

Bogas pidió una segunda opinión a su madre y esta le dijo: “Tu. Pepe, solo sabes trabajar…Si no trabajas es que no te encuentras. Y tú, Pepe, con dinero, sin tener nada que hacer y con la facha que tienes, a ver si vas a cometer un error… Bogas aceptó esta opinión con el correspondiente mosqueo de su mujer. “Haces más caso a tu madre que a mi”. Cuando se lo comunicó al CEO de Enel, este le dijo:  “Tengo que conocer a tu madre”. 

La verdad es que el proyecto le atraía. Algunos compañeros le preguntaban qué incentivo tenía para él seguir gestionando una empresa limitada a la península Ibérica y zonas adyacentes, un mercado maduro, con sobrecapacidad instalada, pocas posibilidades de inversión, y una regulación muy dura. Pero precisamente le atraía. En primer lugar, por eso, por el reto que suponía gestionar una empresa con las limitaciones aparentes de un mercado maduro; y en segundo lugar porque pensaba que quizás su madre tenía razón.

“Yo he trabajado muchísimo y he tenido muchísima suerte”

 “Yo he trabajado muchísimo – me comentó  Bogas en una entrevista– y  he tenido muchísima suerte. No podía imaginarme que lo de la informática me iba a encumbrar. Tuve la oportunidad de conocer a fondo el sistema eléctrico y la “suerte” de que se jubilara quien era mi jefe”.

En su opinión la suerte siempre es necesaria y, con frecuencia hay que trabajársela. Cita a Oscar Wilde: “En este mundo sólo hay dos tragedias: una es no conseguir lo que deseas y la otra conseguirlo.” Esperemos – concluye – una cosa intermedia.

José Bogas ha pasado por todos los puestos de la empresa lo que no es frecuente en las compañías del Ibex. De los presidentes de este selecto club solo habían alcanzado la cumbre más o menos por escalafón, además de Bogas, José María Álvarez-Pallete, en Telefónica y Antonio Huertas en Mapfre. 

Hijo de un gran empresario que quebró

José vivió una experiencia dura pero, en su opinión, enriquecedora. Su abuelo tenía un negocio con 300 empleados que desarrolló su padre: una fábrica en lo que hoy es El Corte Inglés de Princesa. Un gran complejo, entre la madrileña calle de la Princesa y la de Marqués de Urquijo con viviendas para los empleados. No se vendía un pantalón con cremallera que no pusiera “Bogas”. 

Por una serie de circunstancias familiares, de un desencuentro entre su padre y su abuelo aquel tinglado se vino abajo. A su padre con 57 o 58 años de edad, le costó encontrar trabajo aunque, finalmente, lo consiguió en Santana. El hombre fue capaz de asumir ese cambio que le cambió la vida y la consideración social, de haber sido Don José a ser un simple operario. Tuvo que sacar adelante, con dificultad pero dignamente, a su esposa y a sus cinco hijos, con ayuda de  su esposa y José, el mayor, que estaba en su último año de carrera.  Para José fue una experiencia dura pasar de la abundancia a la escasez que se extremó cuando murió su padre en 1975.

A José, en parte por la influencia de su padre, le atraía la carrera de ingeniería, pero como joven contestatario que era quería ir a la escuela pública, lo que a su padre le ponía de los nervios. Al final cedió y entró en el ICAI.  Su padre le propuso iniciar un negocio, y en los últimos años de carrera estuvo colaborando con algunas empresas pero tenía que hacer la mili y, después, con la muerte de su padre tuvo que abandonar su proyecto empresarial.

No le fue mal en la mili, primero en el campamento de León, donde le tocó por sorteo y luego en Segovia, en Artillería. El entonces comandante, que llegó a teniente general, al conocer los estudios del soldado le dijo: “Tu a mi servicio”.  Y todo fue bastante bien. Todavía hoy se ve con los compañeros y mandos de la mili.

“Sigo siendo el Pepe de siempre”

Se ve a sí mismo como ambicioso en lo profesional pero no en lo personal. En lo profesional muestra tesón y coraje. Reflexivo, pero también intuitivo. Empático. “Soy muy normal – añade – tengo infinidad de defectos.  Mi gran virtud: hablo con quien haya que hablar, soy amigo de la gente que merece la pena y jamás en la vida me ha interesado ser amigo de gente de arriba. 

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