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Polonia, una potencia «atlantista» en un marco europeo

Documento de Opinión del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) 54/2024. Por Paula María Jiménez Lendoiro, estudiante de Relaciones Internacionales y Comunicación Global en la Universidad Pontificia Comillas

Resumen: 

Desde su creciente apertura internacional a finales del siglo XX, la República de Polonia ha prestado especial atención a la seguridad y defensa de su territorio. Frente a un pasado histórico marcado por la resistencia a transgresiones fronterizas y su localización geográfica a las puertas de la Federación Rusa, Polonia ostenta un enfoque destacado en la protección de su territorio. No obstante, conscientes de sus limitadas capacidades armamentísticas, las instituciones polacas han abogado por participar en organismos de carácter global para asegurar su estabilidad nacional, como son la OTAN y la UE. El vínculo especial con Estados Unidos, así como su potencial militar, han llevado a un significante compromiso polaco con la Alianza Atlántica. En el caso de la Unión Europea, donde en ocasiones se ha aspirado a un creciente centralismo, Polonia también está dispuesta a cooperar, mas no a ceder su soberanía nacional. Polonia busca una creciente cooperación europea compatible con la OTAN, que facilite la eficiencia en seguridad y defensa, pero que a su vez le permita mantener la autonomía estratégica nacional y su vínculo especial con Estados Unidos y la Alianza.

Introducción: 

La desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) marcó el inicio de un nuevo período histórico para Polonia. Pese a que el establecimiento de un Estado independiente y autónomo no fuera una novedad para la ciudadanía polaca, la caída del comunismo en los años 90 llevó consigo la apertura de Polonia al orden internacional occidental, un aperturismo consolidado entre 1999 y 2004. 

En marzo de 1999, los entonces primer ministro y presidente de la República de Polonia, Jerzy Buzek y Aleksander Kwaśniewski, ratifican la entrada de Polonia en la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) acordada en el Sejm1 (Parlamento bicameral polaco). 

La adhesión a este organismo internacional supuso una mayor seguridad estatal y una creciente relevancia global que convertirían a Polonia en una de las principales bases de las fuerzas de la OTAN y en una barrera contra potencias antagónicas. El compromiso internacional polaco con los países occidentales se verá acrecentado en mayo de 2004 con la entrada en la Unión Europea (UE) apoyada en 2003 por un 77 % de los votantes. 

Esta creciente transcendencia, encaminaría a Polonia a asentarse como la sexta potencia de la Unión Europea, por detrás de Alemania, Francia, Italia, España y los Países Bajos, con una perspectiva de desarrollo que podría situarla entre las cinco principales fuerzas europeas en las próximas décadas. Su progresión económica, al igual que su posición geoestratégica han convertido a Polonia en un estado de gran interés internacional, especialmente en lo que a seguridad y defensa se refiere. 

A pesar de las complicaciones históricas que ha supuesto su posición central en el mapa europeo con potencias como Alemania, la URSS o incluso Ucrania, su papel resulta de gran relevancia. Polonia hace frontera con siete países, entre los que se encuentran tres Estados no pertenecientes a la UE ni a la OTAN, una potencia actualmente aliada, aunque con un pasado controvertido como es Ucrania, y dos estados rivales, la Federación Rusa y la República de Bielorrusia. Esta localización geográfica, y el pasado histórico que la envuelve han marcado la perspectiva polaca en cuanto a la voluntad de integración en cuestiones de defensa y seguridad en la UE y la OTAN 

¿Reticencia europea? 

En ocasiones se ha querido transmitir la voluntad polaca de salir de la Unión Europea mediante ideas como el «poléxit». La negativa de los ciudadanos británicos a la permanencia en la UE en 2016 abrió un camino de especulaciones entre países como Polonia. Sin embargo, la salida de la sexta potencia de la Unión no es algo que se haya contemplado verdaderamente. El posicionamiento polaco con respecto a la Unión Europea se ha centrado en la limitación de competencias supranacionales, mas no en un rechazo del organismo europeo. 

El caso de la antigua primera ministra Margaret Thatcher se podría considerar como una analogía histórica. Aunque desde un foco esencialmente económico, Thatcher buscaba asimismo reducir la concesión de responsabilidades estatales. Es precisamente este el punto que se ha manifestado en Polonia, la reducción de la paulatina cesión de potestades a Bruselas. 

El antiguo primer ministro Mateusz Jakub Morawiecki mostró la necesidad de limitar el centralismo en Bruselas y aumentar el principio de subsidiariedad, consiguiendo así un organismo más  Poléxit: concepto asociado con una hipotética salida de Polonia de la Unión Europea.  

El principio de subsidiariedad es una de las bases reguladoras de las competencias exclusivas de la Unión Europea. Este principio establece que la UE como organismo supranacional solo intervendrá en las resoluciones de Polonia, una potencia «atlantista» en un marco europeo equilibrado con mayor autonomía estatal. 

La vuelta del antiguo presidente del Consejo Europeo como primer ministro de la sexta potencia europea, Donald Tusk, deja abierta la puerta a una mayor integración europea. No obstante, hasta el momento, sus intenciones en cuestiones de seguridad y defensa, en lo que a la Unión se refiere, han continuado en la línea histórica de continua cooperación entre la UE y la OTAN. 

Polonia en el marco OTAN 

La República de Polonia ha destacado por su apoyo trascendental a la OTAN, cuya naturaleza disuasoria e intergubernamental han resultado claves para su expansión y persistencia en el tiempo. Contrariamente a la UE, un organismo esencialmente político con personalidad jurídica y cierta supranacionalidad, la OTAN se ha centrado en la creación de una alianza interestatal enfocada en la defensa de los Estados miembros. 

Su foco principalmente defensivo ha facilitado su eficiencia, limitando la emergencia de otras cuestiones como son las diferencias políticas. Asimismo, la continuidad y el apoyo a esta organización internacional pueden ser atribuidos a su foco interestatal. Si bien es cierto que el principio de intergubernamentalidad supone significativas limitaciones a la hora de tomar decisiones conjuntas, tal y como se ha podido ver recientemente en los procesos de adhesión de Finlandia y Suecia, permite a los Estados mantener la soberanía nacional. 

En el caso de Polonia, es precisamente esta autonomía estatal, uno de los motivos clave que ha permitido el constante apoyo a la Alianza Atlántica. En contraoposición a la particular participación polaca en cuestiones de seguridad y defensa promovidas por la Unión Europea, en el caso de la OTAN Polonia ha sido históricamente más activa y constante. 

Desde sus comienzos en 1999, Varsovia siempre se ha mostrado como un fiel socio de la Alianza tal y como señala la especialista los Estados miembros y en las prácticas que estas conllevan, cuando pueda aportar mayor efectividad en la consecución de los objetivos. Indiferentemente del partido político a cargo del Gobierno, tradicionalmente Varsovia ha mostrado un firme apoyo a la Alianza y se ha centrado en cerciorarse de que las competencias de seguridad y defensa de la UE no limitaran las orientaciones atlantistas recogidas en el Tratado de Washington. 

Polonia considera que gran parte de su seguridad internacional y defensa nacional es dependiente de la OTAN, entre otros motivos por sus limitadas capacidades militares en comparación con su principal preocupación, Rusia. Sin embargo, la potencia europea es a su vez consciente de que su disposición geográfica y su crecimiento económico son un activo de gran interés para la Alianza. 

Polonia cuenta con un determinante emplazamiento geográfico, por su frontera con la Federación Rusa, la República de Bielorrusia y Ucrania, a lo que suma ser uno de los Estados miembros con mayor crecimiento económico y el que mayor proporción de PIB real destina a la defensa. 

Conocedor de la importancia que supone el territorio polaco para la defensa de sus intereses en Occidente, Estados Unidos se ha centrado en mantener relaciones mutuamente positivas con Polonia incluso a través de diferentes proyectos bilaterales de seguridad y defensa. Entre estas iniciativas destacan la creciente presencia de personal militar estadounidense en Polonia, el establecimiento de bases militares americanas en territorio polaco, y la cooperación económica en armamento militar. 

En agosto de 2020, el entonces secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, anunció la retirada de alrededor de 11.900 soldados americanos del territorio alemán. Una parte importante del personal militar fue repatriado a Estados Unidos, y casi la mitad de los soldados fueron redistribuidos entre países miembros de la OTAN, siendo Polonia uno de los principales destinos con motivo de la firma del Acuerdo de Cooperación Defensa. 

Este acto supuso un mensaje significativo para la ciudadanía polaca, ya que, además de contar con un creciente número de fuerzas armadas aliadas en su territorio, podía sentir que había sido escogida frente a su potencia tradicionalmente antagónica, Alemania.

El compromiso militar entre el líder por excelencia de la Alianza y las instituciones polacas se mantuvo continuo en el tiempo pese a los cambios políticos, llegando a su punto culmen dos años más tarde. En junio de 2022, la Casa Blanca anunció el establecimiento de una nueva base militar americana en territorio polaco, concretamente en Poznań. 

La base obtendrá la denominación de Camp Kościuszko, rindiendo homenaje a Tadeusz Kościuszko, militar polaco considerado como uno de los símbolos de la nación debido a su defensa de la Mancomunidad Polaco-Lituana en el siglo XIX. Además, a esto se suma que, Tadeusz Kościuszko tuvo un papel relevante en la Revolución americana, mostrándose así los lazos históricos entre ambos países occidentales. 

Este vínculo es a su vez distinguible en la presencia americana en los cometidos de la OTAN en Europa del Este. Independientemente de su presencia en diferentes misiones y territorios de la región europea, Estados Unidos únicamente dirige el grupo de combate establecido en Polonia. 

Las crecientes relaciones bilaterales y la salida formal de Gran Bretaña de la UE en 2020 convirtieron a Polonia en el socio americano por excelencia dentro del organismo europeo. Estados Unidos ve a Varsovia como un defensor de sus intereses y los de la OTAN en el continente, amortiguando la colisión de propósitos europeos y de la Alianza Atlántica, y una mayor independencia europea en cuestiones de seguridad y defensa. 

Asimismo, Polonia considera a Estados Unidos como una potencia históricamente clave para su supervivencia, según señala Paul Taylor. En la actualidad, las instituciones polacas perciben a la potencia americana como un consolidador de la defensa en el Este del continente y como un instrumento para limitar un mayor centralismo defensivo europeo. 

Hasta un período reciente, Polonia había acusado a Bruselas de falta de interés en la protección de las fronteras del Este, teniendo como mero objetivo la seguridad en el Mediterráneo. Esta cuestión fue precisamente un tema de debate en el proceso de adhesión de Polonia a la PESCO (Cooperación Estructurada Permanente) en 2017. 

La incorporación polaca a esta iniciativa centrada en la coordinación y colaboración en la defensa territorial, a través de programas como el de desarrollo de capacidades defensivas o el de interoperabilidad militar, estuvo marcado por un claro debate centrado en la falta de atención al frente Este de la Unión como apunta Terlikowski. 

A diferencia de la OTAN, quien dejó claro su interés en el frente Este europeo con la Cumbre de Varsovia de 2016 después de la invasión de Crimea en 2014, Polonia consideraba que los esfuerzos de la UE en zonas críticas para su seguridad nacional eran limitados.

Esta percepción se ha mantenido constante a lo largo del tiempo tal y como es visible en la Estrategia Nacional de Seguridad y Defensa de Polonia de 2020, donde se aboga por aumentar la implicación de la Unión Europea en el frente Este. Es precisamente en esta última Estrategia, donde también se recoge la necesidad de aumentar la cooperación entre la UE y la OTAN. 

Polonia se ha convertido en el principal garante para la preservación de la Alianza Atlántica. Frente a potencias como Francia y sus deseos de aumentar las capacidades defensivas de la Unión, con declaraciones sobre crear un Ejército Europeo, Polonia siempre ha mostrado la necesidad de contar con proyectos complementarios a la OTAN y no sustitutivos. 

Este fue otro de los requisitos de Varsovia para entrar en la PESCO. La adhesión de Polonia a esta iniciativa, además de estar condicionada por un creciente enfoque en el Este europeo, estuvo sustentada en el fortalecimiento de las relaciones UE-OTAN y en la no sustitución de competencias. 

El apoyo de la Unión Europea y de la OTAN a Ucrania, ha mostrado un amplio campo para la cooperación entre ambos organismos, además de un cambio histórico en las relaciones interestatales de Polonia y Ucrania. 

La Unión Europea y la OTAN fueron capaces de armonizar sus capacidades y mostrar una respuesta firme a la invasión de su vecina Ucrania, un evento que hizo sonar las alarmas en el frente Este de Europa. La invasión rusa de Ucrania supuso un gran impacto para Polonia, quien se vio a las puertas de un conflicto a gran escala en un país con el que además comparte grandes lazos históricos. 

Desde la caída de la URSS los vínculos entre Polonia y Ucrania se vieron acrecentados no solo por cuestiones geográficas, sino también culturales, religiosas e históricas. Los dos países estuvieron bajo el liderazgo del Régimen Soviético durante el siglo XX (Polonia desde 1945 y Ucrania desde 1922), cuando ambas habían formado parte de la Mancomunidad Polaco-Lituana en el siglo XVI. Estos vínculos llevaron a Polonia a ser la primera potencia europea en acudir a Ucrania con motivo de la invasión, a la acogida de personas refugiadas, y al envío de material armamentístico, dejando atrás desacuerdos, conflictos y masacres como la de Volhynia de 194324. 

El apoyo polaco a Ucrania, que se ha mantenido ciertamente constante desde febrero de 2022 pese a diversas discrepancias políticas, supone un punto a favor para una posible futura entrada de Ucrania en la OTAN y la UE. 

Seguridad y defensa en el marco de la Unión Europea

Desde 2016 Varsovia ha defendido con firmeza la preservación de límites con respecto a la Unión Europea en cuestiones de seguridad y defensa, bajo la idea de una autonomía estratégica nacional. El Estado polaco ha manifestado siempre su deseo de continuar manteniendo autoridad plena en la toma de decisiones en estos pilares de la soberanía nacional. Sin embargo, la participación en la PESCO consolidó la voluntad polaca de una creciente coordinación europea que fuera compatible con sus prioridades en el Este y con el Tratado de Washington. 

Aunque ciertamente limitada, por su participación en 6 de los 72 proyectos, la firma de la PESCO supuso un creciente compromiso con la seguridad y defensa a nivel regional. Asimismo, es necesario resaltar que, la implicación polaca en el aumento de la concordia estatal, ya era destacable en su participación en misiones de la PCSD y en el número de personal desplegado. 

Polonia ha formado parte de diferentes misiones como EUFOR Althea en Bosnia y Herzegovina en 2004, EUNAFVOR Irini, o EUTM RCA26. En 2020, la República de Polonia se asentaba como la potencia con mayor número de personal desplegado en misiones civiles de la PCSD, con una media de 128 militares, 44 puntos por encima de Alemania, la segunda mayor proveedora. 

Polonia está dispuesta a colaborar, siempre y cuando mantenga sus competencias estatales en cuestiones de seguridad y defensa, tal y como estipula el Tratado de Lisboa. El Tratado de la Unión Europea, supuso una mayor integración en cuestiones de política exterior a través del establecimiento de la UE como personalidad político-jurídica internacional. 

No obstante, y debido a la determinación de países como Polonia, el Tratado de Lisboa asienta los esfuerzos de seguridad y defensa como potestades exclusivas de los Estados, susceptibles de ser coordinados a nivel europeo en caso de tratarse de misiones de la política común de seguridad y defensa. 

El marco político de la PCSD tiene su foco en el exterior, en acciones fuera de las fronteras de la Unión, centradas en la gestión de crisis y en el mantenimiento de la seguridad internacional (art.42.1), aunque también recoge una cláusula de asistencia mutua para los Estados miembros en caso de ser objeto de agresión armada. 

Se establece que, en este caso de ataque, los países de la Unión deben dar apoyo y asistencia utilizando todos los recursos disponibles (art. 42.7). Un principio de apoyo a nivel colectivo pero que sigue dejando en manos de las instituciones estatales la toma de decisiones en relación con el tipo de medios disponibles. 

Paralelamente, el propio Tratado de Lisboa deja la puerta abierta a avanzar hacia lo comunitario en lo que a la seguridad y defensa concierne, mostrando la posibilidad de establecer una futura defensa común si así lo decide el Consejo por unanimidad (art. 42.2). 

Potencias como Francia, con oposición de países como Polonia, que defiende una mayor autonomía estratégica nacional, han intentado impulsar esta iniciativa a través de propuestas como la de un ejército europeo, intentando internalizar el foco exterior de la PCSD, y esforzándose en reducir el intergubernamentalismo que caracteriza a la seguridad y defensa de la Unión. 

Desde 2018, un año marcado por cierta desestabilización en la OTAN motivada por las críticas del entonces presidente de Estados Unidos Donald Trump, y la incertidumbre del Brexit, reavivó en el discurso político la idea de un ejército europeo. 

Las declaraciones de Trump con respecto a la ineficiencia de la OTAN, al igual que su salida de organizaciones multilaterales como NAFTA o WTO, generó desconfianza en el contexto europeo, que se enfrentaba además a la salida de una de las grandes potencias militares de la Unión, Gran Bretaña. 

Esta incertidumbre, a la que se suma la actual invasión de Ucrania y una posible vuelta de Trump a la Casa Blanca, ha hecho reemerger la idea francesa de crear un ejército común. Incluso con el respaldo de potencias históricamente divergentes como Alemania, diversos Estados miembros han evidenciado su oposición. 

Países como Polonia se han mostrado reticentes manteniéndose en su postura de no ceder responsabilidades defensivas a Bruselas. Es precisamente esa cautela con respecto a una excesiva cesión de autoridad la que llevó a la República de Polonia a convertirse en uno de los últimos países en firmar la entrada en la PESCO. No obstante, la naturaleza intergubernamental de este instrumento y la voluntad polaca de mayor coordinación, además de su compatibilidad con la OTAN y la protección del Este, fueron las que llevaron a su entrada en 2017. 

Varsovia continúa abogando por una mayor colaboración europea, especialmente ante la invasión del Estado colindante. El ex primer ministro, Morawiecki, defendió ante el 30 Artículo 42.2 Tratado de Lisboa: «La política común de seguridad y defensa incluirá la definición progresiva de una política común de defensa de la Unión. Esta conducirá a una defensa común una vez que el Consejo Europeo lo haya decidido por unanimidad.

Los diferentes gobiernos polacos han tomado distintas posiciones con respecto a los principios de intergubernamentalidad y de supranacionalidad en políticas de la Unión Europea. No obstante, ningún Gobierno ni presidente de la República ha puesto encima de la mesa la cesión de las competencias defensivas y de seguridad a la Unión Europea, esencialmente debido a las diferencias en inversiones, los vínculos con Estados Unidos, las relaciones con potencias como Alemania y las dispares industrias armamentísticas. 

Es un hecho que Polonia es el país de la Unión Europea que más invierte en seguridad y defensa. Si bien es cierto que la invasión rusa sobre Ucrania ha hecho aumentar el gasto militar en defensa en los países de la UE, con la excepción de Grecia, Italia y Bélgica, la inversión porcentual con respecto al PIB sigue siendo muy diversa en las distintas naciones. 

Mientras que una gran parte de países de la Unión Europea no llegan a alcanzar el 2 % del PIB real, los países del frente Este o Grecia, se encuentran entre el 2,2 % y el 3,9 %34. Polonia es el país de la Unión Europea que destina más porcentaje de su PIB a la defensa nacional, con aspiraciones de aumentarlo si fuera necesario. 

La seguridad y la defensa es uno de los aspectos de mayor preocupación entre la ciudadanía polaca que siente la amenaza rusa a sus puertas. En este sentido, teniendo en cuenta la limitada inversión defensiva en Europa, las instituciones polacas no está dispuesta a ceder su autonomía estratégica a Bruselas, pudiendo perder así los lazos con su aliado protector, Estados Unidos. 

La República de Polonia considera que, más allá de su gran inversión en defensa, es significantemente dependiente de Estados Unidos cuyo gasto en 2022 fue de 877.000 millones de USD, frente a los 16.600 millones de USD invertidos por Polonia. Consciente de su dependencia americana, de su apoyo en el siglo XX (especialmente durante la Segunda Guerra Mundial y la desintegración de la URSS), y de su papel como principal aliado americano dentro de la Unión Europea, Polonia no está dispuesta a ceder sus competencias defensivas y de seguridad, y permitir la posible pérdida de apoyo de Estados Unidos y la OTAN. 

Desde los años 50, y la emergente idea de crear una Comunidad Europea de Seguridad y Defensa, Estados Unidos ha tratado de defender sus intereses y prioridades en territorio europeo, para ello, aliados como Gran Bretaña y la República de Polonia han sido claves. 

A través del intergubernamentalismo que caracteriza actualmente la seguridad y defensa en la UE, Varsovia se asegura de la compatibilidad entre ambos organismos recogida en el artículo 42.2. del Tratado de Lisboa. Además de centrarse en la conformidad de ambas organizaciones, Polonia también busca mantener el foco de la UE en la gestión de crisis fuera de sus fronteras y así permitir que la OTAN mantenga su atención en la disuasión y defensa del territorio europeo. 

La Unión Europea surge de la paz entre naciones y de la superación de los recurrentes enfrentamientos regionales. La UE mostró que a través de la cooperación y la interdependencia era posible llegar a establecer un orden europeo basado en la convivencia. Aun habiendo hecho posible la colaboración y el entendimiento entre potencias como Alemania y Francia, no podemos obviar que en determinados casos los conflictos históricos han supuesto significantes limitaciones en el aumento de potestades, especialmente en lo que a hard power se refiere. 

El caso de Polonia es verdaderamente representativo, los actos cometidos por el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial contra la ciudadanía polaca, continúan marcando todavía una cierta desconfianza hacia Alemania. Esta relevancia e impacto es visible a través de afirmaciones de representantes de la República como Andrzej Duda, presidente desde 2019, quien afirmó que los daños causados durante la Segunda Guerra Mundial nunca habían sido compensados. Esta visión añade dificultades a la cesión de competencias nacionales a la UE, donde Alemania cuenta con un papel central. 

Polonia también presenta divergencias con otros Estados miembros como es el caso de Francia. Careciendo de un conflicto directo entre ambos países, la nación polaca siente cierto escepticismo hacia la República Francesa por sus lazos históricos con la Federación Rusa y sus frecuentes tensiones en sus relaciones con Estados Unidos. Así, el expresidente francés Jacques Chirac fue crítico con el apoyo de Polonia a la OTAN en misiones como la de Irak. 

Sin embargo, a pesar de contar con diferencias concretas respecto a algunos países, Polonia siente cierto rechazo general hacia las potencias occidentales de la Unión por el sentimiento de abandono surgido durante el siglo XX, y que todavía no ha sido digerido como apuntaba el antiguo diplomático ante la Alianza Atlántica, Jerzy Nowak. 

Este recelo no solamente ha llevado a un mayor apoyo de las autoridades polacas a la OTAN, sino también a la compra de material armamentístico americano. La República de Polonia ha optado en numerosas ocasiones por la compra de armamento estadounidense como el 48 F-16s, en lugar de adquirirlo de compañías europeas como la francesa Dassault Aviation. 

La industria armamentística es precisamente otro de los motivos por los que Polonia no es partidaria de ceder sus competencias en defensa a la Unión Europea. Avanzar hacia lo «común» en el ámbito de la seguridad y la defensa supondría una mayor homogeneización que conllevaría dificultades para las pequeñas y medianas empresas de la industria de defensa polaca. 

Por el momento, el pueblo polaco cuenta con pequeñas entidades como Remontowa, Shipbuilding o WB Electronics, y una corporación de mayor tamaño, PGZ, que supone la mayoría de la producción de material militar en Polonia. Polska Grupa Zbrojeniowa comprende más de 60 compañías y más de 40.000 trabajadores, una corporación de foco nacional controlada por el Estado, al igual que el resto de empresas nacionales de la industria. 

Conscientes del limitado impacto internacional y de las restringidas posibilidades de crecimiento en un mercado global con grandes competidores europeos como Airbus Defense and Space, Thales Group o Leonardo S.p.A, Polonia teme que una «europeización» de la defensa lleve consigo la desaparición de PGZ, lo que supondría un gran impacto económico para el país. 

De esta manera, en la firma de la PESCO, además de tenerse en cuenta la compatibilidad con la OTAN y el creciente foco en el Este de Europa, Varsovia mostró como condicionante la necesidad de tomar consideración las industrias armamentísticas en los países de mediano tamaño como es su caso. 

A modo de conclusión, ¿a qué aspira Polonia?

La República de Polonia busca mayor cooperación europea, pero siempre manteniendo su autonomía estratégica nacional que le permita tomar sus propias decisiones. Pese a la visión euroescéptica, que en ocasiones tiende a atribuirse a Polonia a través de iniciativas como el «poléxit», la realidad es que esta no es adscribible al ámbito de la seguridad y la defensa. 

Si bien es cierto que a lo largo de la historia Polonia ha mostrado y sigue manifestando una posición más estable y categórica con respecto a la OTAN, fundamentalmente por su apoyo durante el convulso siglo XX y su potencial militar, la República de Polonia ha consolidado una creciente concordia dentro de la Unión Europea. 

Desde la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, donde ciertamente se ampliaron las competencias de la UE en cuestiones de política exterior, Polonia mostró su deseo de aumentar la coordinación y colaboración interestatal en seguridad y defensa dentro de la Unión con el fin de aumentar la eficiencia y efectividad de esta. 

La preciada soberanía nacional, la divergente y limitada inversión en defensa entre los países miembros, las constantes tensiones con potencias históricamente antagónicas y la competencia en la industria armamentística, dificultan la posibilidad de que Polonia avance hacia «lo común» en el marco de la Unión. 

La posible evolución de la PCSD hacia un área de competencia «comunitaria» podría suponer para Polonia la pérdida de apoyo de Estados Unidos, su aliado protector esencial para la disuasión de su principal amenaza, la Federación Rusa. Así pues, Varsovia quiere avanzar en seguridad y defensa en la UE, pero no a costa de debilitar a la OTAN o su vínculo especial con Estados Unidos. 

El marco intergubernamental actual de la PCSD permite a Polonia decidir sobre la compatibilidad de las propuestas europeas con sus intereses nacionales y con sus compromisos con EE. UU. y la OTAN. En todo caso, en los últimos años Polonia se ha enfocado en incrementar la sinergia entre ambos organismos asegurando la complementariedad necesaria y deseada por las instituciones estatales para mantener la seguridad nacional. 

La respuesta coordinada entre la Unión Europea y la OTAN ante la invasión de Ucrania, mostraron la viabilidad de la gestión conjunta, y el continuo enfoque de la OTAN y la creciente atención de la Unión Europea en el Este del continente. Polonia parece seguir aspirando a incrementar la cooperación interestatal de la PCSD, y a avanzar en el compromiso OTAN-UE, consolidando así su posicionamiento como una potencia atlantista dentro de Europa

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