Los republicanos han alienado a algunas minorías con argumentaciones liberales, que ocultan que muchos de sus miembros están todavía en inferioridad
Como es conocido, el concepto de “Estado social de Derecho” fue elaborado por Hermann Heller como reacción a la crisis del Estado liberal pero la idea moderna del Estado de Bienestar surgió como reacción a la Gran Depresión de los años 30, tras el crack del 29 que dejó a las sociedades en franco estado de necesidad. Se recurrió entonces al intervencionismo estatal para abordar el desempleo, la desprotección de la gente y el colapso del sistema financiero. En aquella época, el «estado de bienestar» fue visto como un “camino intermedio” entre los extremos del comunismo de la izquierda y el laissez-faire del capitalismo de la derecha. Pero después de la Segunda Gran Guerra, la devastación llevó a Occidente a establecer una forma de pacto social que auspició un reparto más equitativo de los beneficios y de la riqueza entre toda la población. La expresión económica del estado del bienestar fue el pacto keynesiano que durante la posguerra pretendía un desarrollo económico equilibrado socialmente, así como el pleno empleo.
Durante la segunda mitad del siglo XX, Occidente adoptó, en fin, un modelo de economía mixta, que hacía al Estado responsable de colmar los derechos sociales de toda la ciudadanía —sanidad, educación, asistencia social— e incluso de desempeñar un papel económico, subsidiario de la iniciativa privada; esta intervención del Estado en los mercados y en el sistema productivo mediante empresas públicas se ha desacreditado ya por completo, y puede decirse que concluyó definitivamente con la caída del Muro de Berlín en 1989. Así, nuestros países llegaron a la gran crisis de 2008 con una economía claramente liberalizada pero con unos estados de bienestar a pleno rendimiento que la sociedad sigue reclamando y desea mantener y acrecentar. Salvo en Norteamérica, a lo que se ve.
En los Estados Unidos, este camino hacia el welfare state ha sido mucho mas premioso, y los derechos sociales han tenido un reconocimiento mucho más tardío. En el campo de la Sanidad, por ejemplo, el Medicare, que presta protección sanitaria gratuita a mayores de 65 años o discapacitados graves de cualquier edad, fue creado por Lyndon B. Johnson en 1965. También entonces nació el Medicaid, para gente en situación de indigencia. Pero hubo que esperar a Obama para conseguir en 2010 una modesta ley de aseguramiento a precios relativamente asequibles (el Obamacare), que ha mitigado pero no resuelto el problema, ni mucho menos supone haber llegado a una protección sanitaria universal.
La victoria de Trump, representa sin duda un duro golpe al estado de bienestar, que podría verse seriamente disminuido
La victoria de Trump, con un ímpetu que resulta impresionante, representa sin duda un duro golpe al estado de bienestar, que podría verse seriamente disminuido. Trump ha anunciado ya un recorte del déficit público de dos billones (billones europeos, millones de millones) de dólares, una cantidad gigantesca a pesar de la gran potencia económica de la primera potencia (el PIB USA de 2023 fue de más de 27 billones). Y la renuncia masiva a profundizar en el Estado de Bienestar se refleja en la victoria clara y plena de Trump, que se impone rotundamente sobre las llamadas a la equidad y a la integración del Partido Demócrata.
The Wall Street Journal publicaba este domingo un artículo escrito por Josh Williams, primer republicano negro elegido para la Cámara de Representantes de Ohio en 50 años. Williams quedó discapacitado de joven en un accidente laboral, se recuperó, fue a la universidad y se hizo abogado, y ahora ha llegado a la cumbre en política. Y dice: “entiendo las necesidades y preocupaciones de mi comunidad, porque las viví durante muchos años. Todo lo que el Partido Demócrata me ofreció fue quejas, victimismo y asistencia social. Lo que cualquier estadounidense, negro o no, quiere es la oportunidad de trabajar duro y alcanzar sus sueños. La agenda republicana defiende la prosperidad económica, la independencia energética, la seguridad fronteriza y la seguridad comunitaria”. No le importa al elector negro surgido de la nada que los equilibrios sociales sean cada vez mayores, que los ricos sean cada vez mas ricos, mientras él se considere capaz de ingresar en el club de los privilegiados.
Y añade: “La oportunidad vive dentro del Partido Republicano moderno, y el martes pasado la gente de color estuvo de acuerdo en cifras récord”. Y explica que para entender porqué el Partido Demócrata ha fracasado, basta con observar cómo su agenda ha afectado a su ciudad natal, Toledo. “Los habitantes de Toledo —afirma— están muy orgullosos de nuestra planta Jeep, la columna vertebral de nuestra economía local. Lamentablemente, se ha visto paralizada por el gran gobierno. Las nuevas regulaciones y mandatos han provocado el cierre de líneas de montaje y miles de despidos. Décadas de prácticas comerciales desleales y un código fiscal opresivo han dejado a Toledo y a ciudades como está en decadencia …”. Y en los párrafos finales ofrece sus conclusiones: “Cuando entro en la peluquería, la gente habla de empleos en Jeep. inflación y delincuencia, no de políticas de identidad. Hacen preguntas sobre seguridad fronteriza y el coste de la vida, no sobre guerras culturales. El estadounidense promedio que se parece a mí simplemente no se preocupa por los temas falsos que difunden el Partido Demócrata y las elites que fijan su agenda”.
Williams es el modelo de “self made man” que ha triunfado por su propio esfuerzo y que, seducido por la demagogia ultraliberal de Trump, desea que todos sus conciudadanos tengan idénticas oportunidades teóricas. No le preocupa que no todo el mundo esté igualmente dotado para salir adelante en la jungla de la competitividad americana. Tampoco siente inquietud excesiva cuando conoce que determinada familia ha debido endeudarse hasta la siguiente generación para que uno de sus miembros pueda costearse una operación quirúrgica en que le va la vida. Al negro Williams, que ciertamente ha salido adelante con su coraje, tampoco le impresiona la evidencia, documentada objetivamente, de que muchos de sus compañeros de minoría étnica sigan estando postergados en USA por el color de su piel.
El Partido Demócrata seguirá perdiendo elecciones si no ve que la gran demanda social que debe satisfacer es la de una economía boyante
Los republicanos han alienado a algunas minorías con argumentaciones liberales, que ocultan que muchos de sus miembros están todavía en inferioridad, que los latinos o los negros o los miembros de la comunidad lgtbi+ sufren todavía violencia y marginación de una sociedad intransigente y rígida. Y el Partido Demócrata no ha sido capaz de explicar a estas minorías la trampa en que estaban cayendo. Una encuesta de AP-Fox VoteCast aclara la magnitud del entuerto: entre el 11% de los norteamericanos que afirmaron al ir a las urnas que el aborto era su principal preocupación, el 29% votó por Trump.
Pero hay un punto de verdad en el voto de los republicanos que los demócratas no pueden ocultarse si quieren salir del pozo en que acaban de caer: los viejos problemas raciales y las libertades sexuales —los temas que aborda la cultura woke— siguen existiendo, pero la sociedad ha evolucionado mucho y los ha situado en un segundo nivel de urgencia y de inquietud. De ahí que la causa de la derrota de los demócratas sea, efectivamente, una extendida sensación de que el americano medio está rebajando su nivel de vida, tanto por la subida de los precios como por el estancamiento de los salarios. Es magnífico que el Partido Demócrata luche por la equidad, por la satisfacción de los derechos reproductivos, por la integración de los inmigrantes, etc. pero seguirá perdiendo elecciones si no ve que la gran demanda social que debe satisfacer es la de una economía boyante. En este sentido, el pragmatismo ha de anteceder a la sofisticación. Y en el seno de los demócratas, Obama fue el último en entenderlo realmente de esta manera. Biden y Harris han vivido enajenados hacia el desastre final.
Antonio Papell

