Escrito por 9:13 pm Política

Puigdemont, Junqueras y Aragonés: el triángulo de la investidura


Pere Aragonès ha sorprendido acudiendo esta semana a la ‘convocatoria-trampa’ del PP en el Senado en la que los presidentes autonómicos debían retratarse sobre la amnistía. El president catalán ha querido defenderla en Madrid y arrebatar protagonismo así a Puigdemont en la negociación de la investidura. Mucho se comenta de lo que arriesga o cede Sánchez en ella, pero ¿y lo que se juegan los ‘indepes’ catalanes?


Por Inmaculada Sánchez*


Aragonès, el president que sostiene el estandarte de ERC en el independentismo catalán en nombre del líder Junqueras, primero encarcelado, luego indultado y todavía inhabilitado, ha querido este jueves dar un inesperado paso adelante en la tensa jugada de la investidura de Sánchez.

Para sorpresa de todos ha acudido este jueves  a la convocatoria montada por el PP en el Senado, gracias a su mayoría absoluta en la cámara, a defender ante la Comisión General de la Comunidades Autónomas la necesidad de la amnistía que aún negocia el PSOE con los independentistas. ¿Un president catalán que se aviene a venir a Madrid a explicar por qué es necesaria la amnistía e, incluso, un referéndum para resolver el conflicto político entre Cataluña y España ante un auditorio refractario y hostil? Sin la presión que Waterloo lleva ejerciendo sobre las aspiraciones políticas de los republicanos desde que Puigdemont huyó de España mientras Junqueras  asumía juicio y cárcel sería difícil de entender el viaje.

Con su exposición pública ante las instituciones del Estado español, de las que el puigdemonismo reniega, Aragonès ha pretendido poner el foco en ERC como garante de las aspiraciones independentistas frente a los de Junts, que desde el 23-J se han erigido en los dueños del tablero político gracias a sus decisivos 7 escaños en el Congreso, pese a que los otros 7 de los republicanos son necesarios en la misma medida para evitar la repetición electoral.

La pugna ERC-Junts, marcada por la tensión personal entre Junqueras y Puigdemont, que ni se hablan ni se soportan desde los sucesos de 2017, viene guiando la estrategia independentista tras el fracaso del procès y ahora, más que nunca, puede decidir si Sánchez se mantiene en La Moncloa.

Los republicanos optaron por el realismo, la renuncia al unilateralismo, la gestión y la negociación con el Gobierno progresista, lo que les llevó a la presidencia de la Generalitat sorpassando a los posconvergentes en las últimas elecciones catalanas. El pasado julio, sin embargo, en las generales pagaron un alto precio por su pactismo mientras Puigdemont volvía a recitar las aspiraciones últimas del independentismo. Ahora, Junts ha traspasado la línea y también negocia, asumiendo el trayecto de ERC pese a que no admita caminar de la mano.

Llegados a este punto, tanto unos como otros necesitan el acuerdo con el PSOE tanto como los socialistas… o más. La amnistía a todos los cargos encausados por el procès, incluido Puigdemont, es una pieza que no podrán cobrarse nunca más que en esta única ocasión. También la posibilidad de ir arrancando a un Gobierno en precario sucesivos traspasos competenciales y económicos con los que presentar ganancias tangibles a su electorado. Los sondeos entre el votante indepe llevan tiempo señalando una fatiga y desaliento que apuntan a la abstención y, con ella, la cesión de espacio libre para el crecimiento de un PSC que ya ganó en votos en las generales y ha conseguido la alcaldía de Barcelona.

Mucho se juegan, pues, los líderes catalanes si descarrila el pacto con Sánchez. La visita de Aragonès a un hostil Senado controlado por los de Feijóo ha sido un movimiento inesperado de rentabilidad por calibrar. Pero ya no le quedan muchas manos a la partida. Conviene no desperdiciarlas.

  • Periodista. Exdirectora de EL SIGLO (2011-2023), colaboradora y analista política en TVE, Telemadrid y otros medios.
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