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Resumen de cómo está el mundo

La publicación Panorama Geopolítico de los Conflictos del Centro Español de Estudios Estratégicos (CEEE) de publicación anual, se inició en 2011 como una referencia en el conocimiento de los conflictos que desestabilizan el panorama estratégico internacional. A lo largo de estos años, la publicación se ha consolidado y se ha convertido en un referente en nuestro país en el ámbito del análisis de la seguridad internacional.  

Ofrecemos un resumen de la introducción que hace Víctor Mario Bados Nieto de este interesante análisis de cuyos aspectos más relevantes nos ocuparemos en nuevas ediciones de Ojo Avizor.

«Es en gran medida debido a su estructura bipolar que el mundo desde la guerra mundial haya disfrutado de una estabilidad rara vez conocida cuando tres o más potencias han tratado de cooperar entre sí o han competido por la existencia». Kenneth N. Waltz, 1964 

Argumentaba Kenneth Waltz, el gran politólogo estadounidense, padre del neorrealismo o realismo estructural, que el mundo bipolar presentaba una arquitectura y condiciones estructurales, que favorecían la estabilidad global, lo que conllevaba a una disminución de la resolución de las disputas por medio del conflicto armado. 

Sin embargo, el aumento de los bloques en el tablero geopolítico significaba justo lo contrario, al estar las responsabilidades de los actores menos claras, y más difusos los intereses vitales, por ser mayor el número de competidores. Y esa es justo la tendencia que en los últimos años se viene advirtiendo, cuando se disecciona la dinámica en la geopolítica mundial y la competición entre potencias a la que estamos asistiendo, que ha desencadenado un repunte en la conflictividad que se acrecienta cada año conforme la atomización de actores aumenta. 

Así, la existencia de dos bloques en la guerra fría generó una estabilidad en el concierto internacional que se vio incrementada por la doctrina de la destrucción mutua asegurada (MAD, por sus siglas en inglés) por el arma nuclear de ambas potencias. Sin embargo, tras la caída del muro y la implosión de la Unión Soviética, esa bipolaridad fue sustituida por una unipolaridad ejercida por los EE. UU., que se erigió como gran dominador del tablero geopolítico, empero incapaz con el tiempo, de imponer su «pax americana». 

Es en estos momentos de cambio en los que esta inestabilidad unipolar está dando lugar a un orden multipolar, cuando el caos es aún mayor y más acrecentada la anarquía, resultado del concurso de un mundo con mayor número de actores que tienen vocación de alcance e influencia global, lo que está de algún modo desregulando la «arquitectura de la paz» surgida tras la II Guerra Mundial y, por ende, dando pie a un aumento notable de los conflictos armados. 

Israel/Hamas

Las luchas de poder trascienden la herida abierta en la Franja de Gaza a todo el ámbito regional, donde otras muchas organizaciones y grupos se oponen a las actuaciones israelíes. Igualmente, Irán se configura como un adversario directo de Israel, al tiempo que otros actores estatales, como Turquía, Catar o Egipto, muestran diferentes aproximaciones. 

El escenario global actual hace que el actual conflicto que se vive en Israel se haya regionalizado inmediatamente, con el consiguiente riesgo de extensión. Un hecho añadido es la pugna de poder entre actores globales y regionales, lo que implica que puedan verse afectados otros escenarios en regiones globales distales. 

En el mar Rojo

En el capítulo que trata sobre la crisis en el mar Rojo, los ataques hutíes a los buques que transitan en las inmediaciones del estrecho de Bab el-Mandeb han tenido un impacto en el transporte y comercio marítima mundial, al empujar a numerosas compañías a navegar la ruta de cabo de Buena Esperanza por el Sur de África, alargando la ruta en el espacio y en el tiempo, así como encareciendo los fletes, si bien las navieras y el comercio global están demostrando resiliencia y capacidad de adaptación para enfrentar la situación, que, siendo grave, no es crítica. 

La situación de la región es de alta volatilidad y las condiciones humanitarias en algunos casos son insostenibles. Mención merece igualmente analizar el continuado conflicto bélico en Iraq, en el que se observa que su situación interna es compleja, lo que genera un cierto nivel de conflictividad. En este sentido, la fuerte presencia de Irán en las Fuerzas de Movilización Popular, la región autónoma kurda, dividida en dos clanes rivales representados por partidos políticos que convergen en su enfrentamiento al Gobierno central y, por último, el grupo terrorista Estado Islámico, que continúa interviniendo, son tres elementos que, lejos de cohesionar a Iraq, determinan su gran fragmentación. 

En un entorno geográfico más amplio, los países más influyentes son Irán, Estados Unidos y China, que intervienen en virtud de desiguales intereses geopolíticos. Iraq no solo es un centro, objeto de las estrategias de actores internos y externos, sino que además el país se ha visto arrastrado por la guerra de Gaza, que ha pasado factura en su estabilidad interna. 

En el capítulo del Sahel

La franja sur del desierto del Sahara que constituye un espacio clave sujeto a múltiples dinámicas internas y externas, que generan un entorno de poderosa inestabilidad en la misma frontera sur de Europa, se advierte que no solo la antigua potencia colonial, Francia, está siendo expulsada de la región, sino Occidente en su conjunto. 

Esto incluye las fuerzas militares que fueron desplegadas en la zona a petición de las propias naciones sahelianas. Y ese vacío geopolítico, inducido en gran medida, está siendo aprovechado por otras potencias revisionistas, especialmente por Rusia. 

En plena reconfiguración geopolítica global, de la que la guerra en Ucrania es una muestra patente, en el Sahel se aprecia una serie de variables –apertura de segundo frente de dicha guerra, intento de Rusia de realizar un contra-cerco y un aparente resurgir de tendencias panafricanistas– que ponen en primera plana ese territorio, el Sahel, que de ser relativamente desconocido hace poco ha pasado a ser un nuevo epicentro, esta vez, de esa reconfiguración planetaria en curso. 

Siguiendo en el continente africano

En Mozambique se desarrolla igualmente un conflicto en la provincia de Cabo Delgado, cuyo origen tiene como protagonista al grupo yihadista Ahlu Sunna Wal Jama’a (AWSJ), que surgió en 2007 de la mano de estudiantes salafistas descontentos con las autoridades islámicas de Mozambique. 

En 2017, comenzó a empuñar las armas contra las fuerzas de seguridad y población civil, llegando a tomar el control territorial de importantes zonas de la provincia durante los años 2020 y 2021. Aunque la expansión de los yihadistas fue frenada con la ayuda de fuerzas militares extranjeras dirigidas, por un lado, por Ruanda y, por otro, por Sudáfrica, durante 2024 la situación ha empeorado y se han incrementado en número, intensidad y alcance los ataques terroristas. 

En 2010 se descubrieron importantes yacimientos de gas natural en Cabo Delgado, las terceras reservas más grandes de África, cuya gestión ha caído en manos de un consorcio de compañías extranjeras que esperan la pacificación de la zona para poder comenzar a explotar los recursos. 

Pasando al continente asiático

Se analiza en otro capítulo la situación de Bangladesh después de que, en agosto pasado, tras semanas de intensos enfrentamientos, la primera ministra Sheikh Hasina abandonara el país. Llevaba veinte años en el poder en dos etapas diferentes. Inmediatamente se produjeron persecuciones en contra de las minorías hindú y cristiana y cargos de la todopoderosa Liga Awami, el partido del fundador de la nación, Sheikh Mujibur Rahaman, padre de Hasina. 

Entre sus causas, el peso del estamento militar en la gobernanza del país y la mala situación económica endémica. Traumatizado por una terrible guerra de independencia contra Pakistán en 1971, que aún explica su presente, también son relevantes las relaciones con la India, el gran vecino, y China, a la que le une proyectos de envergadura. 

Con todo, atajar la conflictividad interna y sus rescoldos, y alcanzar la estabilidad económica son los objetivos prioritarios del nuevo Gobierno interino, con Muhammad Yunus de asesor principal. Bangladesh se conforma como un país clave en un lugar estratégico como es la bahía de Bengala, paso natural del estrecho de Malaca y, por lo tanto, de la principal ruta marítima del Indo-Pacífico. 

En los últimos años, bajo el Gobierno de la ahora dimitida Sheikh Hasina, el país entró en la inestabilidad traducida en enfrentamientos con la oposición y medidas represivas. En política exterior, Bangladesh ha oscilado entre el acercamiento a la India, con quien comparte frontera y una relación histórica, y China, que observa en el país bengalí una posibilidad de alianza y salida al Índico. 

Atención también al cercano Myanmar

Haciendo frontera con Bangladesh se encuentra Myanmar, país que, desde el golpe de Estado de 2021, se encuentra inmerso en un conflicto civil que no solo está teniendo graves repercusiones políticas, económicas y humanitarias para las poblaciones locales, sino que también está influyendo en toda la región del sudeste asiático, en especial en los países fronterizos. 

Myanmar puede convertirse en un país fragmentado, lo que puede dificultar la ejecución de los corredores comerciales que atraviesa el país y que son tan vitales para China e India. A pesar de estas circunstancias, el conflicto de Myanmar recibe escasa difusión internacional, por lo que corre el riesgo de convertirse en un ejemplo más de conflicto olvidado. 

En el hemisferio sur del continente americano 

El capítulo centrado en Esequibo analiza la disputa entre Venezuela y Guyana en esta región, que continúa siendo un conflicto territorial complejo que, a pesar de los esfuerzos internacionales, no parece tener una solución a corto plazo. La postura inflexible de ambas naciones ha impedido un acuerdo, a pesar de los intentos de mediación y el papel de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), que Guyana ha favorecido para legitimar su soberanía. Mientras tanto, Venezuela sigue rechazando esta vía, prefiriendo negociaciones bilaterales, basadas en una visión histórica que considera el Esequibo como parte integral de su territorio.

En el escenario internacional, actores como Estados Unidos y la Unión Europea han intensificado su interés en Guyana, debido al descubrimiento de importantes recursos energéticos, especialmente petróleo. Estas potencias, junto con otros países como Brasil, India y China, han comenzado a incrementar sus inversiones en la región, lo que refuerza la posición de Guyana como un actor emergente en la economía global. No obstante, esta creciente presencia extranjera complica aún más la disputa, ya que Venezuela percibe estos movimientos como una amenaza a su reclamo territorial. 

México y el narcotráfico

El problema de las drogas es, simultáneamente, de seguridad, pero también de salud pública. El motor del narcotráfico en Centroamérica es la demanda estadounidense. No obstante, la opinión pública norteamericana acepta mejor las políticas que sitúan los problemas al otro lado de la frontera y, en clave securitaria, esto es: aquellas que actúan sobre la oferta y no tanto sobre la demanda. 

La cercanía de México y de toda Centroamérica al principal mercado de las drogas y el poderío que han adquirido las organizaciones que lo satisfacen –y que, además, se han incorporado a la globalización– ha supuesto su choque conforme se ha ido produciendo el desarrollo institucional del Estado, lo que ha hecho que el conflicto adquiera las dimensiones propias de una guerra. 

La llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de Méjico supuso una modificación de las líneas estratégicas con las que se combatía el fenómeno que conviene valorar con su relevo. Tal cambio comenzó a manifestarse en una disminución discreta en el número de homicidios que, con todo, aún se mantiene por encima de los treinta mil. 

Estados Unidos, por su parte, supera los cien mil muertos al año por sobredosis. Además, se están modificando los esquemas empresariales –que se han globalizado y emplean una tecnología de distribución cada vez más avanzada– así como la oferta de drogas. Estamos ante un problema, además, que afecta directamente en España. 

La batalla por el chip

En la batalla por la supremacía tecnológica entre los EE. UU. y China, en el capítulo titulado la «Batalla por el chip» se establece la analogía de que sea esta un juego de tronos moderno, un tablero de ajedrez global donde las naciones compiten por la supremacía, no con espadas y escudos, sino con políticas comerciales, alianzas estratégicas y acciones encubiertas del espionaje. 

El movimiento inicial en este juego estratégico es la manipulación de políticas comerciales y la imposición de aranceles, maniobras que tienen repercusiones significativas en las cadenas de suministro. Y todo ello por la profunda importancia de los semiconductores como los bloques fundamentales de prácticamente toda la tecnología moderna, desde teléfonos inteligentes hasta satélites. 

En nuestros días, se libra una cruda batalla por la supremacía en el campo de los semiconductores, un componente esencial en prácticamente todos los aspectos de la tecnología moderna. Estos diminutos chips son el núcleo de los dispositivos electrónicos que impulsan las economías digitales, desde nuestros teléfonos móviles inteligentes hasta los centros de datos y los sistemas avanzados de defensa. 

La competencia por dominar la producción de semiconductores ha escalado hasta un nuevo nivel, con Estados Unidos, China y otras naciones invirtiendo miles de millones de dólares en investigación y fabricación e intentando noquear al contrario, conscientes de que la hegemonía en este sector podría determinar el liderazgo económico y militar en el siglo XXI. 

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