Escrito por 1:07 am Economía

¿Retornarán los viejos y frescos veranos?


Julio Rodríguez López[1]


El conocido historiador británico Niall Ferguson, afincado en Estados Unidos, publicó en Bloomberg a fines del mes de julio un provocador artículo, “La muerte del verano”[2]. En ese texto Ferguson destacaba el cambio registrado en el verano tradicional. Las elevadas temperaturas limitan las actividades más habituales en el veraneo de playa. El sueño de broncearse en la playa se esfuma cuando las temperaturas suben.

El veraneo en su forma presente ha creado hasta ahora una amplia estructura económica: líneas aéreas, hoteles, restaurantes, viviendas de temporada con vistas al mar, algún instrumento de navegación deportiva, campos de golf. Las empresas titulares de las actividades ligadas al turismo consideran que lo que está pasando en estos últimos veranos es una anomalía, y se agarran a esta esperanza desde hace unos años. La pregunta que se rechaza es la de si lo que estamos viviendo ahora se ha convertido o no en la nueva normalidad.

España se ha desertizado en el 20% de su superficie. El turismo puede desplazarse hacia el norte de la península. Mientras tanto desaparecen olivos, sustituidos por paneles solares y por turbinas eólicas, actividades que ocupan mucha superficie pero que crean escasos empleos. ¿Llegará a elegirse a Estocolmo en lugar de Roma entre los destinos turísticos del verano?

En el pasado se elegía el mar para el veraneo, pero también la montaña. Había costas que no resultaban acogedoras, como es el caso del golfo de Bengala en el sur de Asia. Pero los puntos de interés turístico en la montaña se pueden llenar en poco tiempo. La montaña está sufriendo la escasez de nieve en los inviernos. Los turistas no están huyendo hasta el momento de las zonas de turismo de playa más conocidas. La huida se produce más bien en las zonas en las que no funciona el aire acondicionado.

 En Estados Unidos, donde se está sintiendo de forma intensa el calentamiento global, está creciendo más la población en estados y condados que sufren de lleno las consecuencias del calentamiento global. Los norteamericanos veranean en Miami, donde el ascenso continuo del nivel del mar puede dar lugar a que se acaben sumergiendo en este siglo más de medio millón de viviendas. Las viviendas próximas al mar todavía siguen teniendo precios muy superiores a las viviendas más alejadas. 

En Estados Unidos todavía se prefiere vivir en zonas con mucho calor, con muchos incendios, con sequias prolongadas y con inundaciones frecuentes. Existe una amplia sobrevaloración en dicho país de las propiedades residenciales expuestas a riesgos de inundaciones. 

Las inundaciones frecuentes en las zonas más turísticas pueden convertir a las viviendas próximas al mar en una especie de “bonos basura”, que pueden subir de precio en cualquier momento pero que también pueden perder en poco tiempo todo su valor. En Estados Unidos quienes residen habitualmente en dichas viviendas se irán al norte en vacaciones, mientras que en Europa, de momento, se mejorarán los aparatos de aire acondicionado y se triplicará su uso, lo que acentuará el cambio climático. 

  La demanda de energía para enfriar se puede triplicar de aquí a 2050. Ferguson subraya la persistencia del hábito de seguir acudiendo al turismo de playa, pero tiene la impresión de que se está viviendo ahora el crepúsculo de una era. Habrá que reinventar los meses de julio y de agosto.En España el turismo supone el 12,5% del PIB. Dicha proporción, que es elevada, depende bastante del turismo de playa, un turismo que a medio plazo puede experimentar cambios significativos. En los países del norte de África, como Egipto y Túnez, el verano no es temporada alta, y se reserva dicha calificación para los meses de primavera y otoño. En este contexto, en lugar de los abundantes “pelotazos” inmobiliarios que todavía se multiplican en las proximidades de las costas españolas, apoyados por gobiernos locales atentos a las demandas de los promotores, la estructura del turismo debería de adaptarse de forma gradual hacia la nueva realidad, sobre todo cuando los datos indican que no volverán los veranos frescos del pasado.


[1] Julio Rodríguez López es Vocal del Consejo Superior de Estadística. Fue presidente del Banco Hipotecario de España y de Caja Granada

[2] Niall Ferguson, “The Death of Summer”, Bloomberg, 30 de julio de 2023

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