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Roures-Mediapro: un divorcio traumático

Jaume Roures. Foto Alberto Ortega / Europa Press


por Federico de Francisco


 La salida de Jaume Roures de Mediapro dista de ser un paseo versallesco. En declaraciones a RAC 1 dice que los ahora accionistas mayoritarios, el grupo de Hong Kong Southwind le pusieron de patitas en la calle como CEO del conglomerado que levantó hace más de un cuarto de siglo, ofreciéndole un puesto de consejero que no ha aceptado. A esa ruptura empresarial hay que añadir la humana: el final de su relación profesional y de amistad con Tatxo Benet cofundador a quien conoce desde los tiempos de TV3, personaje muy próximo y que ahora le desplaza en el nº 1, a quien atribuye «no permitir que se dirija a los trabajadores para despedirse alegando que los correos internos de la empresa no se deben usar para cosas no convenientes», lo que se podría interpretar como ‘censura’.

 La trayectoria de Roures (1950) es un tanto personal y le define bajo el perfil de un empresario-gestor hecho a sí mismo y con ideas propias; lejos del modelo de ‘hijo de…’ que ha pasado por toda clase de masters, tan típico de la burguesía catalana alta y media. Nacido en el Raval en una época en la que el barrio del centro de Barcelona era conocido por otro nombre más estigmatizado, a los catorce empezó a trabajar como linotipista y algo más tarde se familiarizaba con editoriales y medios. Desde temprana edad milita en la clandestinidad en CC OO y en el Font Obrer de Catalunya de donde viene su antigua relación con Pasqual Maragall y Miquel Roca. Esa militancia en el sindicato le hace pasar por la cárcel en 1969 con diecinueve años de edad. Habrá otra sigla más en aquellos agitados años: la LCR que representa al trotskismo en la transición. En el 83 vuelve a ser detenido acusado de colaborar con el ‘comando Barcelona’ de ETA pero está enseguida en la calle.

 Roures se reinventa en la Barcelona de la época a través de TV3 que es la primera televisión que rompe el monopolio de RTVE. Desde 1984 desempeña diversos trabajos, especialmente como productor en el área de noticias deportivas, donde tiene ocasión de conocer los entresijos de la negociación de derechos sobre eventos, en una época en la que la autonómica catalana llega a tener los derechos sobre la Liga Española, la Copa del Rey, la Liga de Campeones, torneos de Wimbledom, Gran Slam…con la creación de Canal 33 como frecuencia semi-especializada. Además Roures es ocasionalmente presidente del Comité de Empresa de la cadena. Es en TV3 donde conoce a Tatxo Benet (1957) que desde Lleida ha ido colaborando con diversos medios: ‘Catalunya Express’, ‘El País’, ‘El Periódico’…y hace carrera en los Informativos de la nueva televisión, también como jefe de deportes y en funciones de presentador. 

 En 1994 crean Mediapro con un capital ridículo pero con un conocimiento de las necesidades del medio televisión en un apunte de transición entre un modelo centralizado y otro de extrema dinámica…capitalista. Mediapro ofrece servicios a canales que se van creando;  bajo la mirada crítica de sindicatos y comités de empresa de las públicas, que consideran que esa competencia forma parte de procesos de privatización encubierta. Más tarde lo hará con otros contenidos, incluidos los formatos propios, pero especialmente los derechos deportivos, el plato fuerte en el que Roures & Benet se mueven con extrema soltura. Además el viento político es favorable: el largo itinerario de Roures por la política, la clandestina y la legal, y los medios de comunicación le ha hecho contar con una excelente agenda. Y no solo en la izquierda sino en la empresa y quienes tienen la sartén por el mango del fútbol. 

 Entrará así en una aparente contradicción: Roures que dice seguir siendo de izquierdas y catalanista tiene que competir para conseguir paquetes de derechos audiovisuales con ‘truts’ extremadamente agresivos y los métodos más duros del capitalismo. Su audacia como empresario se corona con un éxito evidente en el que la marca es imprescindible dentro de un sector que se cotiza al alza por su decisivo peso en las audiencias; mientras para clubes es su principal financiador económico por encima de las taquillas. De esta época vienen sus relaciones con los ‘managers’ del deporte y personajes emblemáticos como Ecclestone, el factotum de la Fórmula 1 tanto como con distintos presidentes de clubes.

 Mediapro no es solo proveedor de derechos audiovisuales y productora de contenidos: en su proceso de diversificación aborda el sector cinematográfico, lo que le aporta un marchamo de prestigio, con películas como ‘Los lunes al sol’ (2002), ‘Comandante’ (2003)  docu-entrevista de Oliver Stone sobre Fidel Castro , ‘La vida secreta de las palabras’ (2005), ‘Salvador’ (2006), ‘Camino’ (2008) y busca la proyección internacional con ‘Vicky Cristina Barcelona’ (2008) todo lo mediocre y convencional que se considere la película de Woody Allen que cuenta con buen respaldo económico de Ayuntamiento y Generalitat por la promoción que aporta, a quien cofinancia con su marca otras tres películas rodadas en Europa. En esta etapa expansiva con el gobierno de Zapatero consigue su propio canal (La Sexta) e impulsa la aventura periodística de ‘Público’. 

 En el camino se tropieza con el peor de los encontronazos con la disputa de derechos deportivos frente al Grupo Prisa, en lo que constituye una de las más curiosas ‘refriegas’ entre ‘fuego amigo’ de la etapa Zapatero. Roures se convierte en enemigo mediático número 1 para medios de ese grupo. En la batalla Mediapro acaba por tener un decisivo paquete de derechos sobre eventos deportivos de primer nivel y es un competidor a nivel no solo español sino mundial.

 Como todo imperio expansivo necesita capital para seguir manteniendo su presencia en un sector que apuesta muy fuerte en cuanto a los números. Las sucesivas ampliaciones incorporan a nuevos ‘partenaires’: en la última etapa a los hong-koneses Shoutwest que acaban por controlar el 85 % de capital. Pese a su presencia en los mercados del dinero y de las empresas más agresivas Roures dice que no ha renunciado a su identidad política,  partidario del referendum catalán en el que personalmente votaría «su continuidad dentro del estado español»; incluso produce y dirige ‘Las cloacas de Interior’ sobre la presunta trama del ministerio de Fernández Díez para acusar al independentismo. Aunque la presencia de un fuerte y agresivo inversor de Hong-Kong (del que se rumorea que tiene intereses, también en el sector del juego) produce una fuerte colisión y su cese como CEO de Mediapro, del que Roures sigue teniendo un 5%, paquete de acciones que quiere vender para no mantener ninguna presencia en el grupo que fundó y en el que tampoco desea permanecer como consejero. Roures admite que a partir de ahora se dedicará a cosas nuevas junto a sus hijos (tiene cinco) entre ellas un proyecto tan atípico como una red de relaciones para personas con discapacidad; pero es raro que abandone el mundo de la empresa y los medios de comunicación donde ha nadado sin ponerse límites. Por medio queda el trago más amargo de toda la epopeya: su enfrentamiento con Tatxo Benet quien fuera su persona más cercana durante mucho tiempo ahora entronizado como nº 1 del grupo. Al final de la película Benet no parece compartir los compromisos ideológico-personales de Roures o al menos estos carecen de importancia. A Benet le interesan otras cosas, como la ampliación y promoción de su impresionante colección de arte contemporáneo del XX donde hay primeras figuras y ‘malditos’. La peripecia de la empresa, Roures y Benet, fundadores y ‘alter egos’ acaba por alcanzar los mimbres de tragedia shakeasperiana en un tránsito de afinidades a censuras y choques brutales. Roures, un personaje muy mediático y sin prejuicios a la hora de expresarse no ha dicho la última palabra.     

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