Escrito por 5:01 pm Política

Sánchez abre la sucesión en el PSOE

La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, durante una concentración en la calle de Ferraz en apoyo al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la sede del PSOE, a 27 de abril de 2024, en Madrid (España).
Foto: A. Pérez Meca / Europa Press

Inmaculada Sánchez

Lo ha vuelto a hacer. Cuando la puesta en escena de sus “cinco días de reflexión”, con una insólita carta, un inhabitual gesto compungido y la intrigante visita al rey del último día incluidos, apuntaban a una posible rendición, Pedro Sánchez rompía el guión esperado y abría nueva etapa con su ”He decidido seguir”. Nada, sin embargo, será igual a partir de ahora. El PSOE respira aliviado tras la crisis pero se prepara para abrir la sucesión de la era post-Sánchez. El presidente ha dado permiso.

La ‘no-dimisión’ de Sánchez ha supuesto en su “querido Partido Socialista”, como lo definió el presidente en su intervención del lunes, un antes y un después. Los días de angustia y zozobra que vivieron los socialistas entre el jueves y el lunes pasado no se van a liquidar gratis para la centenaria organización fundada por Pablo Iglesias. La ‘crisis de los cinco días’ ha evidenciado la unidad sin fisuras que el PSOE es capaz de exhibir cuando percibe el peligro pero, también, la debilidad que supone estar entregado al hiperliderazgo de Sánchez.

No son pocos los analistas que estos días han disertado sobre los recambios a Sánchez si éste abandonaba. Todos los focos se han puesto en Maria Jesús Montero, la vicepresidenta del Gobierno y vicesecretaria general socialista, a quien correspondería, según organigrama, asumir la dirección del Ejecutivo y del partido, aunque fuese en funciones, tras una eventual marcha del presidente. La andaluza, consciente de ello, no dudó en asumir el protagonismo que la acechaba y se convirtió en la cara y la voz del “Pedro, quédate” de este pasado fin de semana.

Montero ha confirmado, con su actuación en el psico-drama del comité federal del sábado, que es firme aspirante a tomar las riendas del PSOE cuando Sánchez las suelte. No solo hizo alarde de su reconocido sanchismo sino, también, de una eficaz conexión con las bases socialistas, cuando salió a la calle a saludar a los congregados, y de un combativo tono mitinero y asertivo, muy apropiado para los belicosos tiempos políticos que vivimos. Su experiencia negociadora con los actuales socios parlamentarios, curtida en la anterior legislatura desde su puesto como ministra de Hacienda, completa un perfil que, sumado a su condición femenina, la sitúa en la primera línea sucesoria.

El abismo al que se ha asomado el PSOE con las dudas de Sánchez no puede saldarse con un simple respiro al verle guardar las maletas. La relativa juventud del presidente, a sus 52 años, y su indisimuladas aspiraciones a una carrera en la política internacional tras sus años en La Moncloa han puesto en alerta a los dirigentes socialistas. Ya hay quien le llama ‘pato cojo’ señalando que, con su actuación, ha mutilado su condición de presidente para el resto de la legislatura como les pasa a los de Estados Unidos al final de su improrrogable mandato.

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