Escrito por 2:26 pm Política

Sánchez incorpora la epístola al instrumental político universal

José García Abad 

Es fácil ser profeta del pasado pero, como pueden testificar las personas con las que he charlado sobre el obligado tema esta semana de cinco días, servidor albergaba pocas dudas – siempre las hay cuando entran en cuestión razones personales – de que Pedro Sánchez seguiría al frente del Gobierno como muestra adicional de su manual de resistencia.

Sánchez ha demostrado sobradamente que disfruta de una sólida epidermis como, por cierto, quizás en mayor medida, la disfruta su esposa, Begoña Gómez, que nunca ha aceptado el papel de primera dama. 

No tiene el presidente barbilla de cristal, como la que mostró mi querido y admirado amigo Pepe Borrell, quien tras su victoria en primarias, dimitió como candidato a la presidencia del Gobierno por las corrupciones de unos funcionarios de Hacienda. 

La suerte del audaz

Cuenta Pedro Sánchez con un amplio apoyo social basado en que la economía marcha bien y el paro desciende lo que le permite financiar importantes medidas sociales: salario mínimo, pensiones etc. 

También juega a su favor, paradójicamente, el odio africano de una gran masa   no menos popular, lo que ha elevado su figura por encima de las siglas de su partido -al que por cierto controla férreamente- colocándole, más allá de los frentes ideológicos establecidos, en un ¡Sánchez Si! o un ¡Sánchez No!, con pocos precedentes en la historia de España con la excepción de la que en su día disfrutó Antonio Maura: ¡Maura Si! o ¡Maura No!.

Quizás por encima de todo lo dicho, le beneficia la perspectiva internacional, la globalización política, tal como destacó en su comparecencia en el atril monclovita tras los cinco días que, en mi opinión, no fueron de meditación, pues la decisión estaba ya tomada, sino un truco de suspense. Este hombre maneja magistralmente las técnicas de la escena política que puso de manifiesto en su estudiada comparecencia. Obsérvese cómo la cara angustiada, cadavérica, de los primeros minutos de su intervención que daba a entender que se marchaba, se trocó en una expresión gozosa a partir del momento en que dijo que se quedaba.

Pero, como decía unas líneas antes, Sánchez es un actor importante en la batalla que se traba a nivel mundial entre demócratas y ultraderechistas. El presidente español ha sido considerado, al menos por la progresía europea, como un adalid de la socialdemocracia. 

Una aportación epistolar 

Lo habitual cuando un gobernante se encuentra en apuros es que proceda a una crisis de gobierno. Sánchez ha incorporado al instrumental político una nueva técnica, la epistolar. No hará crisis aunque tendrá que hacer notar que nos encontramos en una nueva fase para lo que tendrá que derrochar elocuencia y pasión. 

Ya veremos si hará cambios en el gabinete incorporando o situando en una posición de relieve a algún personaje singular como, quizás, José Luis Rodríguez Zapatero, que lleva tiempo desplegando un fuerte activismo sanchista en aras a reivindicar su imagen un tanto deteriorada por su gestión gubernamental, mayormente frente a la crisis económica, aunque hay que reconocerle y bien que lo está explotando, su mérito, histórico, de acabar con ETA.

La decisión de Sánchez mueve también la ficha de Alberto Núñez Feijóo quien tendrá que mostrar que comparte con su adversario la necesidad de limpiar de basura el medio ambiente político.

Close