Escrito por • 6:36 pm• Política

Sánchez no es Aznar, afortunadamente

Inmaculada Sánchez

Pedro Sánchez nunca pondrá los pies en la mesa de la casa de Donald Trump ni el presidente de Estados Unidos le pondrá su beatífica mano sobre el hombro en señal de complicidad. Afortunadamente, tan vergonzosas imágenes pertenecen al álbum de fotos de José María Aznar con George W. Bush, previas a la guerra de Irak. Más de dos décadas después España está dirigida por un Gobierno de coalición progresista que, contra todo pronóstico y pese a su extrema debilidad parlamentaria, mantiene firmes sus convicciones a favor de la legalidad internacional, la defensa de los derechos humanos y la paz. Ya son varias las ocasiones en  que Sánchez ha criticado a Trump y ha contrariado a la Casa Blanca pero esta vez, negándole el uso de la bases norteamericanas en nuestro país para atacar Irán, es la de mayor alcance. Las consecuencias, tanto de la incierta guerra desatada como de la ‘rebeldía’ de España frente a Washington, están aún por descifrar pero las palabras del presidente situando a nuestro país, pese a todo, del lado de un orden mundial pacífico basado en el diálogo y la ley no pueden dejar de enorgullecerme como española.

“El Gobierno de España no está solo, está con quien tiene que estar: con la Constitución, con la carta fundacional de la ONU, con la de la Unión Europea y con la paz”, ha afirmado Pedro Sánchez en la declaración institucional de este miércoles desde Moncloa. Se ratificaba en las críticas al ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán y en la negativa de España a apoyarlo facilitando al ejército americano el uso de las bases de Rota y Morón. Y lo hacía unas horas después de que el propio Donald Trump despotricara contra España, llamándola “socio terrible”, y anunciara una “ruptura total” de relaciones comerciales. Escuchar a un presidente español tan atrevida como insólita declaración de independencia frente a los todopoderosos Estados Unidos de América ya ha proporcionado un impagable revulsivo de ánimo y esperanza a los progresistas del país.

El presidente venía avalado para lanzar semejante invectiva por sus mantenidas posiciones previas frente a la Casa Blanca. Aceptó en su día el compromiso de elevar a un 2 por ciento del PIB el gasto militar a aportar a la OTAN, aún a costa de ganarse sonoras críticas de sus socios parlamentarios de izquierda, pero se ha negado a subirlo hasta el 5 como exige Washington, un desaire que Trump recuerda cada vez que cita a España. La destrucción de la Franja de Gaza y el genocidio de sus habitantes perpetrado por Israel con el beneplácito y apoyo de los Estados Unidos ha sido responsable de la siguiente osadía de Sánchez.

El reconocimiento oficial de España del Estado Palestino y las continúas críticas del Gobierno a la feroz ofensiva bélica israelí y la situación humanitaria de los gazatíes no fueron inicialmente secundadas por los países de peso de la UE, ni por Bruselas, que se ha mantenido vergonzosamente callada ante tan terrible masacre. Sin embargo, el calibre de la destrucción y violencia ejercida por el ejército israelí llevó a Francia y Reino Unido a reconocer a Palestina como Estado el verano pasado y arrastrar a otros países como Noruega, Bélgica o Portugal a endurecer sus posiciones contra el gobierno de Netanyahu. Sánchez puede presumir ahora, sin temor a la verdad, de haber liderado el reproche internacional a tamaña atrocidad y de no sentirse aislado.

Con la recién desatada guerra de Irán ha llegado, para desgracia de todos, una nueva oportunidad a Moncloa de mostrarse firme ante la Casa Blanca. Y el presidente ha dado el paso adelante que sus electores y socios esperaban, no sin temor a las consecuencias, mientras el PP vuelve a dar muestras del limitado nivel en política internacional de su líder. Feijóo vuelve a acusar a Sánchez de estar del lado de los dictadores, terroristas y ayatolás y de alejar a España de las democracias liberales. Escaso análisis del alcance de situación ni de lo que el país debería hacer salvo asentir a todo lo que proponga Estados Unidos, a quien Feijóo también da la razón al asegurar que España “ya no es un aliado fiable”.

Habrá que esperar a ver cómo se desarrollan los acontecimientos, ya que esta belicosa iniciativa no tiene los limitados objetivos y consecuencias de la de Venezuela. Y, sobre todo, cómo evolucionan las posiciones dentro de Europa. También Reino Unido ha sido recriminado por Trump, de cuyo primer ministro ha dicho burlonamente que “no es Winston Churchill”, por no querer participar en la ofensiva y limitar el uso de una de sus bases a operaciones “defensivas”.  Por su parte, Macron ha anunciado que Francia aumentará su potencial nuclear al tiempo que se ha solidarizado con Sánchez ante las amenazas comerciales de Trump. Bruselas, asimismo, ha respaldado a Moncloa asegurando que cualquier medida hostil contra un Estado miembro sera respondida de manera “apropiada” y conjunta por toda la UE. No tan solo, entonces, para disgusto de Feijóo.

El PP debería guardarse de la fuerza que el “No a la guerra” tiene en el electorado de izquierdas de este país. El declive de Aznar arrancó con la foto del ‘trío de las Azores’ que tan oportunamente ha recordado Sánchez en su declaración oficial. El “inminente uso de armas nucleares” por parte de Irán como justificación de los ataques rememora demasiadas cosas de la guerra de Irak de 2003, al igual que el objetivo de sustituir al régimen de los ayatolás, como si los misiles pudieran conseguir un relevo político tan relevante como complejo, tal como también ocurrió en el país de Hussein tras su muerte. Nadie sabe hasta dónde nos llevará este peligroso conflicto pero en España, al menos, ya no tenemos a Aznar en la presidencia del Gobierno.

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