Actuará con suavidad pero con firmeza, evitando las polémicas formas de su antecesor
José García Abad
Los agustinos, como el nuevo papa, son gente muy fina, no tanto como los jesuitas, como su antecesor Francisco, pero León XIV el primer papa agustino puede presumir, de discípulo aplicado del santo fundador de la orden que destacó por su finura intelectual.
León proseguirá suavemente, con los buenos modos que le caracterizan, la línea social de Francisco y de Juan XXIII frente a los reaccionarios como Wogtyla (Juan Pablo II), enmendado la plana en el terreno social a León XIII por la vía de la modernidad económica, aplicándose a algo tan moderno como el problema del empleo en el contexto de la digitalización.
Creo que Robert Francis Prevost ha elegido el nombre de León con el número 14 en referencia a León XIII famoso por su encíclica Rerum Novarum que fue como el manifiesto de la Doctrina Social de la Iglesia que tanto irritó a la izquierda y al mundo sindical de clase.
León XIV recoge la antorcha de San Agustín sobre la denuncia de la mentira que ya entonces, en el siglo cuarto, era un instrumento usado por la jerarquía eclesiástica, adelantándose a Maquiavelo en la justificación de los bajos medios por los altos fines.
El uso del engaño para promocionar el catolicismo
Una parte de la jerarquía eclesiástica actual, contra la que luchaba Francisco, mantiene lo que Garry Wills, el experto agustiniano, denomina “maquinaria de falsedades” de quienes usan el engaño para promocionar el catolicismo, de quien “juega con la verdad invocando el nombre de Jesús, que dijo que Él es la verdad (Jn.14:6). Degrada el Evangelio. Hace que la verdad busque falsedades en las que apoyarse. Es la forma de engaño que San Agustín consideraba más pecaminosa”. (Garry Wills. “Pecado Papal. Las deshonestidades morales de la iglesia católica” Ediciones B. Grupo Zeta. 2001).
San Agustín escribió dos libros contra la mentira enfrentándose a san Jerónimo quien sostenía que dos apóstoles, Pedro y Pablo, habían recurrido a mentiras edificantes en una disputa sobre si los cristianos debían aceptar la circuncisión para instruir al pueblo, una triquiñuela que molestó profundamente a Agustín que no justificaba ningún tipo de mentiras.
Agustín profundiza sobre la mentira en sus libros. En su primer tratado “Sobre la mentira” sostiene que lo que define la mentira es la intención de engañar. Advierte que el mentiroso mata su alma, que el engaño es una forma de suicidio espiritual. “No queremos – proclama – autorización alguna para engañaros, o para que vosotros nos engañéis. Si vosotros pensáis que os estamos engañando, y nosotros pensamos que vosotros nos engañáis, ¿dónde encontraremos ese amor que todo lo cree? Porque Pablo dice que “el amor todo lo cree”.
En su segundo tratado sobre la materia, “Contra la mentira”, previene en una contienda contra Consencio, un ciudadano menorquín, contra los que pretenden llevar a otros a la verdad abandonándola ellos. Les replica que, “al descubrir mentirosos con mentiras, les enseñamos una forma más profunda de mentir”. Le recuerda a Consencio que “Cristo nos advirtió contra los lobos envueltos en piel de cordero, lo cual no significa que nos debamos convertir en corderos envueltos en piel de lobo”.
San Agustín que se atrevió a discutir la infalibilidad del papa, que, obviamente, León, más bien humilde, no reivindica para sí mismo, se ocupó con lucidez de las deshonestidades de la Iglesia que, insisto, persisten en la actualidad y sobre lo que se espera que León XIV adopte con firmeza medidas efectivas, pero evitando las formas de su antecesor .

