Escrito por • 6:20 pm• Casa Real

SI LO SÉ NO ABDICO

Juan Carlos escribe un libro que consuma su campaña frente a Felipe VI

Juan Carlo I. Reconciliación. Memorias

José García Abad

“Si lo sé no abdico” Este es el mensaje implícito del libro de Juan Carlos que, en mi opinión, culmina la campaña del emérito programada a base de sus cumpleaños/proclamas que no consiguieron su propósito, que fracasaron al no lograr la presencia de un plantel aceptable de personajes, ni siquiera la de Felipe González, aunque, curiosamente, obtuvo el apoyo de un grupo de juancarlistas olvidadizos, mayormente integrado por algunos ministros socialistas con predominio de guerristas que servían, de hecho, como partido del rey. 

No consiguió el emérito representar el núcleo de un partido “padrista” frente al “hijista”, lo que en cierta manera recuerda  aquellos años cuando España disfrutó de dos reyes: el ungido por la Constitución, Juan Carlos, y el legitimista, Don Juan, que se apoyaba en las reglas sucesorias de la monarquía. 

Juan Carlos parece olvidarse y quiere conseguir que el respetable se olvide de que si no hubiera abdicado tras el conocimiento público de sus escándalos financieros, de sus intentos de hacer reina de España a su amante Corinna y de los penosos espectáculos como la caza del simpático elefante en Bosuana, posiblemente habría caído  la monarquía.

De hecho, la abdicación en su hijo Felipe en 2014 salvó la monarquía a costa del doloroso sufrimiento de este al   verse obligado a marcar distancias con su padre, al que suspendió de empleo y sueldo, quitándole su estipendio, desahuciándole del palacio y forzando su exilio “voluntario” y renunciando él a las sucias herencias en paraísos fiscales.

“Soy el único español que no cobra pensión”

Juan Carlos lo interpreta a su manera: “seis meses antes de mi salida, mi hijo, que entonces llevaba seis años como Rey, me retiró mi asignación – la pensión anual de un jefe de Estado jubilado – y escrituró ante notario la renuncia de mi herencia a favor de él y sus dos hijas. ¿Es eso jurídicamente válido? Todavía me lo pregunto. Poco importa. Soy el único español que no cobra pensión después de casi cuarenta años de servicio y al que se le impide, en vida, dejar un legado a su hijo y a sus descendientes. Supongo que se trata de otro “privilegio” real añadido. Supongo también que él se enfrentaba a presiones del Gobierno y que actuaba, ante todo, como siempre yo le inculqué, para proteger los intereses de la Corona. Los escándalos que me rodeaban podían dañar su credibilidad. Yo sabía que había competido errores en mi ámbito personal. Ser excluido públicamente como Rey era comprensible. Pero fue un impacto doloroso para el padre que también soy, e hizo que me sintiera solo ante los ataques de los medios de comunicación y ante el diluvio de noticias falsas. 

“Por favor, ven a verme”, me pidió de improviso la mañana del 15 de marzo de 2020. Llegué a su despacho que fue el mío durante casi cuarenta años. Para mi gran sorpresa, allí estaba el jefe de la Casa Real, Jaime Alfonsín. (…) que hacía veinticinco años que trabajaba con mi hijo y gozaba de su plena confianza” y “había asumido un poder desmesurado en el seno de la Casa Real” (…) Mucho más tarde me enteré de que inducía a mi hijo a que se distanciara de mí”. (…) Mi hijo me entregó un papel. Leí el comunicado con atención. – Este anuncio significa que me recusas – dije mirando impasible a mi hijo –. No olvides que heredas un sistema político que yo forjé. Puedes excluirme personal y financieramente, pero no puedes rechazar la herencia institucional que te sustenta. Y solo hay un paso entre ambas cosas. No respondió. – La  vicepresidenta Carmen Calvo ha dicho que la carta tiene que publicarse tal cual- se apresuró a añadir Alfonsín, preocupado por la posibilidad de que yo pidiera alguna modificación” (…) Felipe actuaba como un jefe de Estado implacable para preservar el aura de la Corona. El Gobierno, una alianza de partidos de izquierda y de extrema izquierda republicana asociada con los independentistas que no ha dejado de saltarse constantemente las prerrogativas del Rey, debió estar más que satisfecho ante esta situación”.

Letizia no ayudó

Ataca a la Reina: “Mi hijo estaba convencido de la elección de su esposa. Tenía treinta y cuatro años y sabía lo que quería. Igual que mis hijas, que se casaron con los hombres que amaban. No intenté influir en ellas ni hacer de casamentero. ¡O si lo intenté fue inútil! La entrada de Letizia en nuestra familia no ayudó a la cohesión de nuestras relaciones familiares. Le decía: “La puerta de mi despacho está siempre abierta para ti, ven cuando quieras”. Pero nunca vino”.

Critica que durante el domingo de Ramos de 2018 en Mallorca donde asistió por petición de la Casa Real que quería mostrar la unidad y armonía de la Familia Real  “Resultó ser un desastre. La reina Letizia, mi nuera, se enfadó con Sofi,delante de las cámaras, al salir de la misa de Pascua. Los montajes de los comunicadores no consiguen milagros. Creo más en la espontaneidad y en la veracidad”.

Sentencia que “Nuestro desencuentro personal no debía reflejarse en nuestra relación institucional. Hice todo lo posible para superar nuestras diferencias, porque el éxito de la pareja real es una garantía para el futuro de la Corona”.

Y añade dolorido: “Se que Letizia y Felipe educan maravillosamente a sus hijas – son muy graciosas y simpáticas -, pero me entristecía no poder entablar una relación personal con ellas, contarles historias, compartir comidas en restaurantes, hacer viajes, llevarlas a ver algún partido, tal como he hecho con mis otros nietos. Me hubiera encantado entablar una relación especial con mis herederas. (…) Aunque sigo siendo un lobo solitario – porque así crecí -, siempre cumplí de corazón con mi papel de cabeza de familia”.

“Me siento relegado”

A Juan Carlos le ha faltado grandeza en su lamentable libro mal llamado ‘Reconciliación’ , como si se tratara de una disputa familiar, al no asumir la cuestión de fondo: su esperable papel en interés de la institución en el que él, rey de España entre 1975 y 2014 por mandato constitucional, tuvo un papel que no hay que regatearle en la instauración de la monarquía parlamentaria.

Habla de reconciliación al tiempo que alaba a Franco y escupe sobre su hijo y Letizia. Lamenta que “La Familia Real ha quedado reducida ahora al rey Felipe; su esposa, la reina Letizia, sus ancianos padres y sus dos hijas: la heredera Leonor, y su hermana menor, Sofia. Mis dos hijas, Elena y Cristina, forman parte de la “familia del Rey”, pero no de la Familia Real”  (…) Pero cuantos menos somos en primera línea, menos se nos ve” 

Se lamenta “Verse forzado al desarraigo y al aislamiento al final de la vida no es fácil. Estoy resignado, y me hiere un sentimiento de abandono. No puedo contener la emoción cuando pienso en determinados miembros de mi familia para quienes ya no importo…” (…) Y sin embargo…me siento relegado” (…) fui objeto de una histeria mediática, un estorbo para el buen funcionamiento de la Corona y una decepción para mi hijo, el rey Felipe. No podía contar con ninguna ayuda de la Casa Real, ninguna atención, ningún apoyo”.

Le indigna que la mansión regalada por Husein la utilicen los presidentes de Gobierno

Como si estuviéramos en la época de la monarquía absoluta cuando no siempre se diferenciaba entre el patrimonio personal y el de la Corona, Juan Carlos no diferencia entre lo suyo y lo de todos. Lamenta que el regalo de La Mareta que en 1989 le hiciera el rey Huséin de Jordania  sea utilizada ahora para pasar sus vacaciones por “los presidentes de Gobierno, algunos de los cuales no dejan de criticarme y de debilitar a la Corona. ¡Que ironía de la historia!”.

Se entristece: “Pensé en comprarme una discreta casa de campo a la que retirarme los fines de semana, para que mi hija mayor, Elena, pudiera montar a caballo y para tener una vida alejada del protocolo, con un mínimo de seguridad. Incluso había encontrado una bonita finca aislada, no lejos de Madrid. Sin embargo, el jefe de la Casa Real me disuadió de hacerlo”. 

Se vale de un ejemplo: “Conozco a un jefe de Estado europeo – ¡por no hablar de ministros!- condenado por los tribunales que sigue viviendo en su casa y disfrutando de los atributos de su antiguo cargo”. 

La Casa Real ha calificado el libro de “inoportuno e innecesario”. Desde luego es inoportuno para la Casa Real, pero muy entretenido por la narración de multitud de detalles que se desconocían. 

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