Escrito por 9:34 pm Política

Sumar y Podemos: crónica de un suicidio asistido


 Federico de Francisco  

Cuando se analiza la gestación de un personaje como Milei no hay que postergar efectos como la potencia en las redes sociales de discursos y personajes caracterizados por un tono provocador y estrambótico como en su momento lo ha sido el líder de La Libertad Avanza: rockero, tertuliano, agitador bajo los más variados epítetos y descalificaciones a personajes como el papa Francisco o Kirchner. Sin ir más lejos estos días un colaborador de su administración en plena crisis de los alimentos a punto de caducar y no repartidos entre los más necesitados abandonaba sus obligaciones para actuar en conciertos de ‘rock’.  

Pero hay un factor más allá de las redes que explica el auge de esos personajes estrambóticos y provocadores que navegan a contracorriente y agitan discursos no solo anti-estado de bienestar sino banderas antifeministras, anti-inmigración, anti derechos LGTBI…Y es la fragmentación y la división de los partidos tradicionales. En Argentina el peronismo a lo largo del periodo de Alberto Fernández en la presidencia se caracterizó por la continua escenificación de peleas y divisiones en público entre Fernández, la Kirchner y otros personajes. A día de hoy y pese al desastre social que representa Milei, el justicialismo todavía no ha sido capaz de encontrar una voz y un liderazgo que represente a todo el centro-izquierda, y se debate en una confrontación interna. Hasta el punto de que la oposición es ejercida por otros sectores: sindicatos, estudiantes, gobiernos provinciales, jubilados, mundo de la cultura… 

La división en la izquierda del PSOE es hoy especialmente grave, tras la salida de Podemos del grupo parlamentario de Sumar, y el enfrentamiento verbal entre las dos organizaciones, con lo que representa de fragmentación de un electorado cada vez más menguante en una estéril lucha de liderazgos por ocupar un espacio político. 

La relación de desastres es continua tanto en Galicia, País Vasco, Cataluña como en las europeas donde han concurrido en candidaturas separadas y enfrentadas, pese a que buena parte de sus programas podían ser intercambiables. Ese agotamiento es una de las causas del desastre electoral del pasado domingo, en una situación cuando menos dura para sus intereses. Desde Podemos y sus medios se ataca continuamente a Yolanda Díaz, mientras Sumar con un grave problema de implantación territorial hace oídos sordos; aunque en algún momento muy próximo tendrá que enfrentarse a la hora de la realidad. 

Y este ha llegado: de repetirse los resultados de Podemos y Sumar por separado en unas legislativas ninguno de los dos superaría el tramo de lo testimonial en el Congreso de los Diputados, bajo un sistema electoral que prima a las grandes formaciones y castiga la fragmentación. Ese grave momento puede surgir en cuanto se convoquen elecciones en Andalucía donde en teoría concurrirán por el mismo espacio político: lo que queda de Sumar, Podemos y el partido de Teresa Rodríguez. Es decir, la política del chiringuito antes que formar parte de un amplio proyecto unitario. Con lo que representa para la continuidad del propio Pedro Sánchez en La Moncloa. 

El espectáculo de dos antiguos aliados enfrentados a sangre y fuego tuvo en las pasadas autonómicas una de las escenas más lamentables vistas en mucho tiempo. En la Comunidad de Murcia al celebrarse el debate electoral ante la pequeña pantalla se impuso un reparto del tiempo entre Podemos y Más País (Sumar) que la representante del primero no quiso ceder, provocándose una tensa situación ante las cámaras que se tradujo en el cierre del debate sin que llegaran a mencionarse los temas más polémicos que afectaban al ejecutivo del PP. Es de temer que una situación parecida vuelva a producirse en Andalucía donde Podemos, IU y otros partidos han debido convivir casi a la fuerza en el mismo grupo. 

Repetir la defensa del ‘chiringuito propio’ por encima del contenido que pueda mejorar la vida de los ciudadanos tanto en las próximas andaluzas como en unas hipotéticas generales es una estrategia  suicida para partidos cuya única oportunidad de transitar desde lo testimonial es llegar a acuerdos de colaboración, bajo los condicionantes de un sistema electoral que beneficia a los más votados. 

En esta estéril ‘batalla’ no solo sobran las descalificaciones del adversario y próximo sino que se atribuye al electorado una labor hueca e inútil: dilucidar prioridades y protagonismos. Cuando el resultado último acaba por ser desastroso para unos y para otros: ante la duda de a quién votar bastantes electores se quedan en casa o lo hacen por lo ‘seguro’; es decir las opciones con posibilidad de obtener representación.  

El gran éxito del PP en estos últimos años no han sido sus porcentajes electorales sino su gran capacidad demostrada para fagocitar a Ciudadanos que tras su desaparición del parlamento europeo carece de representación institucional; Génova no solamente se ha llevado a muchos de sus cuadros sino también a bastantes de sus votantes. 

Frente a la extrema fragmentación de una izquierda para la que parece más importante lo testimonial que el cambio positivo en la mejora de la calidad de vida de la ciudadanía. No hay más que ver las continuas escisiones y las divisiones en las fuerzas que hicieron alcaldesa a Manuela Carmena en la capital de España; buena parte de ellas condenadas al ninguneo más absoluto.  

Con Andalucía como posible nueva cita electoral la izquierda del PSOE tiene una difícil reto que afrontar, que comienza por poner de acuerdo a los afines. Con espectáculos tan lamentables como el de los últimos comicios cuando partidos teoricamente aliados quedaron fuera de plazo en la inscripción  frente a sus cercanos pero rivales que lo pudieron hacer a tiempo. Tanto Sumar como Podemos tienen que plantearse sin dilación que será de su futuro si se produce un adelanto electoral, y vuelven a concurrir cada cual por su lado. De seguir por la misma vía que en los últimos meses ninguno de ellos tendría capacidad para formar un grupo parlamentario propio en la cámara baja.

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