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Terrorismo en Perú: del pcp-sendero luminoso al militarizado partido comunista del Perú 

Resumen del artículo de Jerónimo Ríos Sierra, professor at the Faculty of Political Science and Sociology at the UCM. Documento de Opinión IEEE 59/2026. enlace web IEEE

El siguiente trabajo tiene por objetivo analizar la evolución de la organización armada más violenta de la historia reciente del Perú: Sendero Luminoso. A partir de la identificación de sus orígenes y de su ulterior evolución, en las décadas de los setenta y ochenta, se explican las diferentes facciones surgidas, sobre todo una vez que, bajo el fujimorismo, es detenido su máximo dirigente, Abimael Guzmán. Así, a partir de una reterritorialización periferia-centro-periferia, las dos principales líneas continuistas de Sendero Luminoso se ubican en emplazamientos igualmente periféricos, selváticos y cocaleros, tal y como sucede con los valles del Alto Huallaga (VAH) y de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM). Como resultado de una eficaz política contraterrorista desplegada intencionalmente sobre ambos escenarios, se ha logrado que el último reducto que representa el Militarizado Partido Comunista del Perú se encuentre al borde de la desaparición.

El Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso (PCP-SL) fue una organización armada cuya semilla embrionaria se halla en la ruptura chino soviética de 1962. Este hecho obligó a que, en 1964, el otrora Partido Comunista del Perú (PCP), creado por José Carlos Mariátegui en 1928, tuviera que escindirse entre el PCP-Unidad, de impronta mayoritaria y de filiación prosoviética, y el PCP-Bandera Roja (PCP-BR), de orientación prochina y fuertemente influido por la revolución maoísta. 

El impulso del profesor Abimael Guzmán

Entre sus principales valedores se encontraba un joven profesor de filosofía de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga (UNSCH), Abimael Guzmán, que a la postre sería el conocido como el «presidente Gonzalo». 

Abimael Guzmán

Poco a poco se fue consolidando el germen de lo que, desde 1970, sería Sendero Luminoso, especialmente, gracias a la instrumentalización de una idea de revolución armada, violenta y antidemocrática cuyo sujeto revolucionario era el indígena campesino quechuahablante, aunque al servicio de la clase trabajadora y nunca al servicio de cualquier proyecto emancipador indigenista. 

Lo que fueron unas pocas decenas de individuos completamente radicalizados, y desde finales de la década de los setenta, férreos devotos del mesianismo tanatofílico que evoca la figura de Guzmán en el interior del PCP-SL, terminarían siendo más de mil hombres armados —como parte del Ejército Guerrillero del Pueblo— y otros tantos miles de militantes y acólitos de una revolución popular caracterizada por el terrorismo y cierto control territorial, pero que nunca llegó a disponer de expresiones convencionales de confrontación armada. 

Guzmán, gracias a la labor de su primera mujer y número dos del PCP-SL, Augusta La Torre, «camarada Norah», se (auto)encumbrará, desde inicios de los ochenta, como la cuarta espada del comunismo, erigiéndose a la misma altura de Karl Marx, Vladimir I. Lenin y Mao Tse-Tung. 

En otras palabras, Guzmán teorizaba sobre la necesidad de una revolución violenta, que debería durar décadas y dejar consigo cientos de miles de muertes, lo cual se cimentaba desde una suerte de dogmatismo ortodoxo, acrítico e irreflexivo, en el que el otrora sendero de Mariátegui quedaba personificado en favor del incuestionable Abimael. 

El terror senderista se extendió con rapidez

Tras su primera acción armada, el 17 de mayo de 1980, con motivo de la quema de unas ánforas electorales en el municipio ayacuchano de Chuschi, el día antes de que Perú retornara a la democracia, el terror revolucionario senderista se extendería con rapidez por numerosos municipios del corredor serrano de las provincias de Ayacucho y Huancavelica. 

Mientras que el desplazamiento de la exigua institucionalidad local, representativa del Estado, fue fácilmente suplantado por comités populares, toques de queda y la imposición de normas de conducta senderista, se contaron por cientos los actos de terrorismo, especialmente, en contra de la infraestructura energética y financiera del país. 

De otro lado, el Estado, mayormente, entre 1981 y 1983, atravesó serias dificultades para caracterizar y confrontar al enemigo senderista, dejando en medio de un fuego cruzado a un desvalido segmento de la población civil, inmovilizado por una violencia política responsable, con el tiempo, de casi 70.000 víctimas mortales. 

Aun cuando entre 1983 y 1987 se intensificó el número de muertes y desapariciones, y el marco de dispositivos de violencia política y terrorismo, de parte de Sendero Luminoso se avanzó hacia una paulatina derrota, en buena parte, favorecida por la mejor respuesta contrainsurgente del Estado y la mayor colaboración cívico-militar. 

Con un PCP-SL focalizado, casi en su totalidad, en Lima, entre 1988 y 1992, se produce un salto hacia delante, en el que la estructura violenta busca incrementar su activismo y notoriedad en la capital, elevando exponencialmente el número de acciones armadas. Una apuesta que resultará directamente proporcional a las mejores capacidades del Estado, tanto en términos policiales y militares, como de inteligencia. 

Más de 35.000 muertos 

De hecho, gracias a esta mejora y tras más de 35.000 muertes directamente imputables a Sendero Luminoso, la totalidad de su dirigencia —incluido su máximo líder, Abimael Guzmán— fue detenida durante el gobierno de Alberto Fujimori, en septiembre de 1997. 

Desde finales de 1992, una vez capturado Guzmán, se aceleró el proceso de descomposición de la otrora eficacia senderista. Este proceso transcurrió igualmente en paralelo a un fuerte debilitamiento del sentimiento de identidad senderista entre quienes después de 1992 pertenecían a la organización. También, con respecto a una población civil cada vez más colaborativa con la Fuerza Pública —en pleno auge del fujimorismo—, a una legislación de arrepentimiento, orientada a favorecer la desmovilización senderista, y a la mayor dificultad para llevar a cabo el desarrollo de acciones terroristas. 

Lo cierto es que, con menos efectivos y menos recursos, se tuvo que convivir con una organización menos ideológica y más porosa frente a la acción antiterrorista del Estado. El secreto sobre la identidad de los dirigentes senderistas había quedado al descubierto, y las formas de reclutamiento y de acción violenta se vieron obligadas a ser reconsideradas debido a la infiltración de la inteligencia peruana, los errores propios del senderismo y la labor de una Fuerza Pública que siguió asestando importantes golpes a la organización senderista en la capital entre 1992 y 1995. 

Alberto Fujimori, presidente de la República del Perú  desde 1990 hasta 2000

Junto a la desmembración del aparato urbano de Sendero, para mediados de los noventa, queda igualmente desarticulada la que había sido su arquitectura de «aparatos generados», la cual se nutría de efectivos y apoyos procedentes de ciertos sectores afines al PCP-SL: el Diario, la Asociación de Abogados Democráticos y el Socorro Popular —este último, para Guzmán, más importante, inclusive, que el Comité Metropolitano de Lima— 

El Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso ante el cambio de siglo (1999 2012) 

En 1999, en difíciles circunstancias operativas, fue detenido el «camarada Feliciano», que había llegado a ser el número tres de la organización y el único alto dirigente senderista no detenido en el operativo realizado en Lima contra la cúpula directiva del PCP-SL, en septiembre de 1992. 

Ese mismo año, la organización terrorista debió decidir si continuar con su proyecto violento o si, por el contrario, debía desistir de este. En otras palabras, ortodoxia y revisionismo terminaron colisionando. De tal antagonismo estratégico, liderado por el «camarada Feliciano», surge «Proseguir», que, como su nombre indica, admite como punto de partida que las condiciones que justificaron el «inicio de la lucha armada» en 1980 permanecen inalterables. 

Partir de dicha contextualización, en realidad, implicaba distanciarse del discurso de Guzmán, quien, para ese momento, y tras siete años de prisión, aceptaba la inviabilidad de cualquier proyecto violento y, con ello, la necesidad de una «salida política a los problemas derivados de la guerra». 

En línea con este planteamiento surgiría el controvertido Movimiento por la Amnistía y los Derechos Fundamentales que, de facto, era el brazo político de una solución dialogada, y que mantenía, como expresión armada, una proximidad con el reducto senderista del valle del Alto Huallaga (VAH). En oposición a ambos quedaría la facción del VRAEM, tras la captura de «Feliciano», dirigida y transformada por el clan Quispe Palomino. 

Las condiciones selváticas, hostiles y periféricas del VRAEM fungieron como espacio idóneo para acoger lo que, con el tiempo, se rebautizaría como Militarizado Partido Comunista del Perú (MPCP). Liderado por los hermanos Víctor y Jorge Quispe Palomino, y sin «Feliciano» como posible continuador, impulsaron su mayor distanciamiento respecto de la dirigencia senderista presa en el penal del Callao. 

“Ser marxista en la actualidad significa democracia”

Jorge Quispe, “camarada Raúl”

Entendían que todos ellos, y en especial Guzmán, habían traicionado el legado y la causa revolucionaria. De esta manera, invocaban, no sin distorsión, la figura de Mariátegui y un impostado fulgor democrático, tal y como revelan las palabras de Jorge Quispe, alias «camarada Raúl», en 2010: (…) nuestra revolución no es una copia de la revolución china. Ser marxista en la actualidad significa democracia, unirnos y escuchar al pueblo (…) Principalmente, nosotros, como miembros del Partido estamos de acuerdo con que se le aniquile a Gonzalo por tantísimos daños que ha hecho a la humanidad. Porque ha malogrado, digamos, una dirección de una revolución que hubiese estado en diferentes situaciones frente a este combate con el enemigo. 

Este MPCP, perfecta evocación de un claro postsenderismo, con el cambio de centuria, siguió recurriendo a la retórica marxista, aunque desprovisto de cualquier atisbo de proyecto político y fuertemente asociado a los negocios ilícitos que transcurrían en y desde el VRAEM. 

De manera similar a la de algunas formaciones criminales en Colombia, como Los Pelusos en la región del Catatumbo, en 2015, antes del abatimiento de «Megateo», el negocio cocalero fue utilizado por el clan Quispe Palomino para involucrar a la población civil, mediante la protección e incentivación del cultivo ilícito, así como la organización de su transporte, aunque dando prioridad a la presencia en los eslabones de procesamiento y distribución, en colaboración con cárteles tanto locales como foráneos. 

La depuración del revisionismo de Gonzalo

En 1999 capitula Feliciano, el 14 de julio, y eso para el Partido representa la depuración del revisionismo de Gonzalo. Desde inicios de los noventa el Estado peruano sofisticó buena parte de sus operativos contrainsurgentes contra el nuevo Sendero post-Abimael. Esto es, tanto en la intensificación del número de operativos policiales y militares como en la búsqueda de nuevas formas de contrainsurgencia, involucrando a la población civil en diferentes acciones de inteligencia, control social y recompensa. 

Gracias a ello, fueron detenidos o abatidos, entre 2006 y 2010, importantes nombres asociados al nuevo PCP-SL, como el «camarada Clay», el «camarada JL», el «camarada Julián», el «camarada Piero» o el «camarada Rubén». «Artemio», que inicialmente discrepó de las primeras posiciones conciliadoras de Abimael Guzmán, una vez fue capturado, volvió a realinearse con la postura de un eventual, aunque imposible, acuerdo de paz con el fujimorismo. 

El mayor éxito fue la propia detención de «Artemio» quien, como «Feliciano» antes, resultó delatado por algunos compañeros de militancia. Al respecto, debe destacarse el impacto de operaciones tales como «Caudillo 2014», que terminaría con el desmantelamiento de los últimos liderazgos, como fue el caso del «camarada Ítalo» o del «camarada Yoel». 

El arraigo de Víctor Quispe Palomino

Victor Quispe Palomino, “camarada José”

Entre mediados de los 2000 y los primeros años de la década siguiente, la facción postsenderista se organizó gracias al arraigo de Víctor Quispe Palomino («camarada José») en la región de Ayacucho, en donde actuó en los ochenta como destacado integrante senderista. Junto con él, el núcleo central lo ocuparon, en calidad de jefe de operaciones armadas, Orlando Borda (alias «camarada Alipio»), en cuanto a ideólogo estaba Jorge Quispe Palomino (alias «camarada Raúl») y, finalmente, en la figura de jefe político se encontraba Marco Antonio Quispe Palomino (alias «camarada Gabriel»). 

Todos ellos estructuraron un Comité Central que, fundamentalmente, operó en torno a tres áreas de influencia del VRAEM claramente definidas: la región norte, frontera con Junín; la región sur, que llega a Cuzco por Vilcabamba, y la región central, que comprende la selva de Ayacucho, en la provincia de La Mar. 

Un hostil emplazamiento geográfico de 12.000 km2, que oscila en una altura de entre los 500 y 3.000 metros, y en donde se disgregan hasta 500 asentamientos de población que concentran más de 100.000 personas sobre medio millón que vive en toda la región. También allí se presentan unos niveles de pobreza extrema que llegan a triplicar los promedios nacionales. 

Buena prueba de su activismo fueron algunos hechos violentos, como la emboscada que se cobró 13 víctimas mortales de las fuerzas militares en Sanabamba (Ayacucho), en abril de 2009; o el secuestro, en abril de 2012, de 36 trabajadores de la empresa sueca Skanka y de la peruana Construcciones Modulares, ambas contratistas de un consorcio internacional de gas, en las proximidades del yacimiento gasífero de Camisea, en el suroriente peruano. 

Asimismo, antes de las elecciones presidenciales de 2016, el 9 de abril, la misma facción postsenderista del VRAEM atacó a una patrulla militar que se dirigía a Matichaca (Junín), dejando consigo el balance de diez militares y dos civiles muertos. Inclusive, en 2017 los principales ataques a manos del MPCP tuvieron lugar nuevamente en el VRAEM, en localidades como Curumpiaria (Ayacucho), Luricocha (Huanta) o Churcampa y Tayacaja (Huancavelica) donde, igualmente, han muerto decenas de miembros de la fuerza pública peruana. 

La operación Camaleón 

Frente a este hostigamiento armado, para comienzos de la década que transcurre entre 2010 y 2019 se contabilizaron diferentes operativos en el VRAEM, siendo agosto de 2013 un momento clave, gracias al despliegue de la denominada «Operación Camaleón», por la cual se abatieron los números 2 y 4 («Alipio» y «Gabriel») del grupo postsenderista. 

Este, aunque se ha seguido reorganizando, cada vez de manera más endeble, tuvo que sobreponerse a los golpes recibidos, manteniendo al frente de la facción militar al «camarada Raúl» y de la parte política, al «camarada José». El primero, no obstante, fue abatido por las fuerzas militares en un operativo dado en enero de 2021 y el segundo resultó gravemente herido en el marco de la Operación Patriota, en agosto de 2022. 

Lo cierto es que el grupo ha ido reduciendo su número de efectivos en armas, de 500 a 350 en la pasada década y, en la actualidad, se estima que este puede ser inferior a los 50 hombres armados, mayoritariamente presentes en el eje Vizcatán del Ene Llochegua-Mantaro Alto. 

Lo anterior, gracias a la concatenación de operaciones dirigidas a desmantelar el narcotráfico en el VRAEM y, en concreto, a desarticular una estructura que había mantenido conexiones, en la cadena transnacional del crimen organizado, con el cártel de Sinaloa mexicano o con el Primer Comando de la Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV) de Brasil. 

Dan buena prueba de ello los éxitos obtenidos tras las mencionadas operaciones Camaleón (agosto de 2013), Tenaz (octubre de 2017) o Patriota (agosto de 2022). De hecho, solo en esta última se llegaron a movilizar 36 patrullas militares, 14 helicópteros y 12 aviones de bombardeo con los cuales se consiguió abatir a una quincena de integrantes del MPCP. 

Reducido a una pequeña banda narcotraficante

Los atentados y otros actos violentos se han ido reduciendo por la falta de recursos y capacidades, si bien a esta formación se le atribuyó, todavía en 2021, la masacre en San Miguel del Ene (Vizcatán del Ene), la cual dejó consigo 16 muertos, incluyendo mujeres y niños, y fue atribuida a la célula comandada por «Raúl». 

Por todo lo anterior, en el último lustro el MPCP ha perdido su atributo de organización insurgente nacional y apenas llega a operar como una pequeña banda narcotraficante local, junto con muchas otras que hoy son destinatarias de la política de seguridad peruana. 

El superviviente «José» se estima que puede proseguir con algún remanente de máxima confianza y proximidad, actuando en quebradas concretas del Vizcatán del Ene, Mantaro Alto y San Martín de Pangoa, pero sometido a un acoso continuo por la presión del Comando Especial VRAEM y al trabajo con drones y unidades especiales de combate. Una realidad que más pronto que tarde puede que consuma el fin del ciclo de una violencia letal que, a través de la proclama de Sendero Luminoso, dejó consigo, desde diferentes expresiones, decenas de miles de muertos, heridos y desaparecidos. 

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