Inmaculada Sánchez
Los inquietantes acontecimientos de Torre Pacheco son una contundente señal de alarma que no deberíamos dejar pasar. La cacería al migrante convocada por grupos de ultraderecha es solo un caso extremo de la tensión que lleva tiempo instalada en el escenario publico. La legítima batalla política ha dado paso a auténticas batidas por tierra, mar y aire contra el adversario, convertido en enemigo, en las que todo vale. Cacería fue el acoso judicial y personal contra Podemos y sus principales dirigentes. Cacería eran las concentraciones de hostigamiento ante la sede de Ferraz. Cacería es la persecución procesal y mediática sobre la familia de Pedro Sánchez. Y los cazadores tienen siempre el mismo origen, la iracunda derecha que no asume haberse quedado sin el poder del Gobierno.
“El que pueda hacer, que haga”. Recuerdan la frase. Era José María Aznar hace más de un año arengando a todos los poderes a ir en contra de lo que habían determinado los ciudadanos en las urnas unos meses antes. La presunta ilegitimidad de un gobierno de coalición de izquierdas dirigido por un ‘autócrata’ que está socavando nuestra democracia era la premisa del llamamiento, de la misma manera que la identificación de migrante con delincuencia lo ha sido para los disturbios de Torre Pacheco.
En la localidad murciana los encapuchados, los palos, las cadenas y el incendio de contenedores han mostrado una violencia explícita que ha forzado una actuación de las fuerzas del orden para evitar males mayores. En política, sin embargo, basta con tener una policía ‘patriótica’, unos fervorosos medios y unos jueces enfocados al objetivo señalado. Para tareas menos nobles e intendencia ya están Manos Limpias, Hazteoir, Abogados Cristianos o Vito Quiles. No será por falta de utilleros.
La primera y feroz cacería de la derecha fue a por Podemos, esos intrusos y peligrosos izquierdistas que habían entrado en el Congreso y hasta en el Gobierno. La cantidad de diligencias judiciales abiertas contra el partido y varios de sus dirigentes, archivadas meses o años después, se cuentan por decenas. La de dirigentes forzados a dimitir por causas que posteriormente se mostraron infundadas, como Juan Carlos Monedero, Victoria Rosell o Alberto Rodríguez está aún pendiente de recuento. Aunque la voracidad de la partida se desató principalmente contra Pablo Iglesias e Irene Montero, con su entorno personal y familiar y su domicilio.
La espita por la que la frustración social camuflada sale al ataque suele ser un bulo, una verdad a medias o una sospecha, como en la estremecedora película de Arthur Penn ‘La jauría humana’, de 1966. Como también, décadas después lo ha sido en Torre Pacheco el video que circuló sobre la agresión al vecino que detonó la tensión. Se trataba, en realidad, de la paliza a una persona de Almería que vive en la calle, llamado José, por parte de dos desconocidos movidos por la aporofobia y la homofobia. Lo ha denunciado públicamente la fundación Hogar Si, una entidad independiente que lleva 25 años luchando contra el sinhogarismo y apostando por la responsabilidad colectiva ante el problema, que se ha hecho eco del testimonio del propio José en una cuenta pública de instagram (es.decirdiario.).
En los últimos meses es el entorno personal y familiar del presidente del Gobierno el que tienen señalado en el foco ‘los que pueden hacer’. Feijóo no ha tenido peros en incorporarse a la batida hablando de prostitución y de lo que “ha ganado” Sánchez con ella a raíz de unas informaciones no confirmadas sobre unos negocios de saunas de su difunto suegro. Sus nuevos lugartenientes tras el reciente congreso del PP, Miguel Tellado y Esther Muñoz, le han hecho el coro días después para confirmar que no se trataba de un calentón del líder sino de la línea estratégica del partido.
A veces algún exceso tiene que ser corregido para preservar el mantenimiento eficaz de las armas. Esta semana el Supremo ha tenido que rechazar la petición del juez Peinado de imputar al ministro Bolaños por malversación y falso testimonio en el caso que investiga a Begoña Gómez, la mujer del presidente. El alto tribunal ha sido taxativo en su rechazo por “absoluta ausencia de cualquier indicio mínimamente fundado”. Pero el simpar magistrado continúa teniendo manos libres para llamar a testigos, indagar y seguir imputando en una causa que empieza a ser eterna.
No es solo Torre Pacheco. No estamos libres de que imágenes como las del asalto al Capitolio o al parlamento brasileño de hace unos años y que creíamos hasta entonces impensables puedan repetirse en nuestro entorno más cercano. Las izquierdas “que puedan hacer” tienen también “que hacer” todo lo posible para frenar estas nuevas cacerías.

