Inmaculada Sánchez
Pedro Sánchez acaba de abrir la puerta a que España envíe tropas a Ucrania para garantizar la seguridad del país tras un hipotético acuerdo de paz. La última decisión de calado sobre la participación de nuestro ejército en un conflicto de consecuencias globales la tomó Rodríguez Zapatero cuando ordenó la vuelta a casa de las tropas que Aznar había enviado a Irak. Corría 2004. Dos décadas después Europa vive una guerra en su territorio que este febrero cumplirá cuatro largos y dolorosos años. Además, el presidente de Estados Unidos acaba de entrar en Venezuela y secuestrado a su presidente mientras amenaza con anexionarse Groenlandia, territorio de la Unión Europea. Ni la diplomacia ni el derecho internacional son capaces de hacer frente al matonismo que se está adueñando del mundo. ¿Qué más peligros nos esperan en el recién estrenado 2026?
El ambiente prebélico que se vive en Europa desde que Rusia invadiese Ucrania, en 2022, y desde que Donald Trump retornara a la Casa Blanca, hace un año, se está acercando cada vez más a nuestro país. Y ya no se trata sólo de una atmósfera de miedo, tensión e intimidaciones. Las últimas decisiones del presidente de los Estados Unidos están dinamitando todo el orden construido después de la segunda guerra mundial. Su aval al genocidio de Gaza, su entrada en Venezuela como Pedro por su casa, raptando a su presidente y exigiendo un gobierno títere para hacerse con el petróleo del país o sus crecientes amenazas sobre Groenlandia pretenden no dejar ninguna duda sobre quién manda. Ni tampoco sus burlas y humillaciones públicas a mandatarios de todo el orbe.
El próximo lunes Sánchez iniciará una ronda con los grupos políticos para sondear el apoyo que podría tener su iniciativa de enviar soldados españoles a Ucrania. Que se ate los machos y se prepare para recibir rechazos de una y otra parte. Sus socios a la izquierda, siempre del lado de la paz, difícilmente aceptarán tan arriesgada decisión en un escenario tan inestable como Ucrania, por mucho alto el fuego que se acuerde. Y del PP, que acaba de criticar al presidente por acudir este martes a la relevante cumbre parisina sobre el país de Zelenski, dejando ‘solo’ al Rey en Madrid en la Pascua Militar, poco cabe esperar, más que otro lío para Feijóo, que ya sabemos lo mal que se le da la asignatura de política internacional.
Militares y soldados españoles llevan desplegados por distintas partes del mundo desde hace años, aunque rara vez ha habido alguna baja, relacionada mayoritariamente con accidentes en los destinos ya que, en todos los casos, se trata de misiones de paz o de vigilancia y prevención. La más antigua, la del Líbano, se inició en 2006 y forma parte del contingente de cascos azules de la ONU enviados como fuerza disuasoria entre Hezbolá e Israel. Después llegaron otras misiones que actualmente tienen repartidas a fuerzas españolas por distintos continentes, desde Somalia o Mozambique hasta Bosnia-Herzegovina o Islandia pasando por Colombia, como nos recuerda cada año el tradicional agradecimiento y saludo navideño del presidente a las tropas que están lejos de sus familias en estos días. Todas se adscriben a mandatos de la ONU, de la OTAN o de la UE. Lo malo es que ahora, la OTAN tiene al mando a unos Estados Unidos que no navega en el mismo barco que la UE y a la que incluso amenaza con agredir militarmente a cuenta de sus pretensiones sobre Groenlandia.
Desde que Zapatero cumpliera su promesa electoral de retirar las tropas de Irak una ley impulsada por su Gobierno reguló que cualquier envío de soldados españoles fuera del territorio nacional fuese refrendado en el Congreso de los diputados. De ahí las consultas de Sánchez, al menos prospectivas, ya que aún no se ha planteado el escenario.
Para el presidente, el terreno internacional siempre le es propicio para contentar a su base electoral y ha jugado con él como una baza. Su apoyo a Gaza o el reconocimiento oficial de Palestina y su enfrentamiento a Israel, su rechazo a incrementar nuestro gasto militar hasta el 5 % del PIB como exige Donald Trump o sus críticas a las agresivas iniciativas de la Casa Blanca, como la reciente incursión en Venezuela, le han destacado dentro de Europa como un líder de izquierdas a distancia de la tibieza y ambigüedad de Bruselas. Otra cosa es un envío de tropas al extranjero en el actual contexto belicista, con el que Sánchez podría exponerse a exhibir mayor precariedad parlamentaria.
Decisión arriesgada y compleja, como tantas otras que ha tomado. El presidente arranca el año afrontando renovados peligros, como lo será el primer juicio contra Ábalos, o el más próximo de su hermano en la Audiencia de Badajoz, o también la investigación abierta con las operaciones en efectivo del PSOE, cuyas resoluciones pueden poner en solfa el delicado apoyo de sus socios parlamentarios. La pandemia, el volcán de La Palma, Filomena o la crisis energética que trajo la guerra de Ucrania han construido cierta leyenda de un presidente que todo lo supera. Habrá que comprobar si también puede con este 2026.

