Escrito por 6:04 pm Política

Todos somos singulares

Inmaculada Sánchez

La financiación singular exigida por ERC para investir president a Salvador Illa puede convertirse para Pedro Sánchez en una pesadilla peor, si cabe, que la Ley de Amnistía. Esta vez el precio no es exclusivamente político ni puntual, sino que afectaría a la capacidad económica de las autonomías para financiar servicios tan sensibles al ciudadano como la sanidad o la educación.  Puede ser necesario singularizar el reparto y el sistema porque el actual resulta verdaderamente injusto… pero va a ser muy difícil armar un discurso de izquierdas con el que explicarlo bien.

Hasta el socialista Salvador Illa, flamante ganador de las recientes elecciones autonómicas, se apuntó este pasado fin de semana a la comparativa habitual de los independentistas sobre lo que Cataluña da y lo que España le devuelve. «Cataluña no puede ser la tercera en aportar recursos y la número 14 en recibirlos», afirmó en un acto del PSC en Gavá para justificar la negociación con los republicanos sobre los dineros estatales. Suena a otras conocidas reclamaciones que también se escuchan en Madrid o en Valencia, y que se quejan, con razón, de un sistema de financiación autonómico que lleva caducado nada menos que desde 2011 por incapacidad política de los sucesivos gobiernos para un acuerdo a tantas bandas.

El ‘café para todos’ fue la base de construcción del sistema autonómico alumbrado por la Constitución de 1978, pero nunca ha habido el mismo café en todas las mesas. Desde la excepción de Euskadi y Navarra y su ‘cupo’, asumida y fraguada durante la Transición, hasta las dos vías para acceder a la autonomía, la ‘lenta’ del artículo 141 y la ‘rápida’, destinada a las comunidades denominadas ‘históricas’ del 151, la diversidad política del territorio ha estado presente en la edificación de nuestro actual mapa.

Desde los años 80 hasta los actuales y turbulentos 20 del siglo XXI cada autonomía ha hecho su particular recorrido, renovando sus estatutos e incorporando competencias y atribuciones políticas, como la capacidad de convocar elecciones para sus presidentes, por ejemplo, o fiscales, como las que han convertido a Isabel Díaz Ayuso en la reina del ‘dumping fiscal’ entre territorios.

Cada paso dado por alguno de nuestros gobiernos autonómicos ampliando su legítima autonomía política ha hecho crecer las diferencias entre ciudadanos como se ha visto en emergencias sanitarias como la pandemia, que obligaron a una inédita coordinación entre administraciones para hacerla frente y hasta a inventar el término de ‘cogobernanza’.

No tenemos, pues, el mismo café, las mismas competencias, ni las mismas necesidades en cada autonomía del Estado español. Como se afanan en explicar estos días desde el PSOE, no es tan extraño eso de hablar de una financiación ‘singular’ para Cataluña. Pero siempre que se contemplen las singularidades de los demás dentro de una reforma del sistema que afecte y se negocie con todos, aclaremos.

Como también habría que aclarar, o más bien recordar, a los que exigen un concierto económico para Cataluña similar al vasco que en las complejas negociaciones de la Transición, el gobierno de Suarez ofreció a Pujol en 1980 un régimen fiscal diferenciado para que recaudara el 100 por cien de los impuestos como ya tenía Euskadi y fue rechazado. Error de cálculo, temor al coste político de convertirse en el primer recaudador, mayor rentabilidad exigiendo permanentemente al Estado… no son pocas las explicaciones que se han buscado para una decisión histórica que marcó el encaje de Cataluña en España tras la vuelta a la democracia y que aún no está resuelto.

Singulares somos todos. Y también plurales. Socios del gobierno como Compromis y la Chunta Aragonesista ya han alertado de que no aceptarán discriminaciones para sus territorios en lo que se acuerde para Cataluña, y algunos barones socialistas que no son García-Page muestran estos días su malestar en privado. Muy fino tendrá que hilar Moncloa para conseguir un pacto con ERC que haga president a Illa sin provocar otros incendios quizá más graves.

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