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Trump resucita la doctrina Monroe para hacerse con el petroleo venezolano

José García Abad

Cuando Donald Trump decía narcotráfico quería decir petróleo. Lo quería decir y lo dijo. Trump afirmó con descaro que Estados Unidos estaría gobernando efectivamente Venezuela y que una presencia militar estadounidense permanecería allí “en lo que respecta al petróleo”. Para acceder a las reservas de petróleo de Venezuela, las mayores del mundo, que serían controladas por empresas estadounidenses, algunas propiedad del presidente o de su gente, aseguradas por 15.000 soldados. Ni siquiera se molestó en proclamar que pretendía restaurar la democracia.

Se valió de la doctrina decimonónica Monroe rebautizada por los críticos como Donroe/doctrina con “D” de Donald Trump.  “La Doctrina Monroe es un asunto importante”, dijo Trump, que ostenta en su despacho un retrato del quinto presidente de EE. UU. Y añade “Pero lo hemos superado por mucho, mucho.” Conectaba con la apelación imperialista al “espacio de interés  propio” o “espacio vital” del que se valdría Hitler y no solo Hitler. 

La doctrina Monroe contradecía su otra doctrina, inspirada en el lema America First, la de MAGA (Make America Great Again), por la que Trump, prometía cesar guerras interminables y evitar el envío de tropas estadounidenses al extranjero tal como señaló no hace mucho el vicepresidente Vance: “No más misiones indefinidas; no más conflictos abiertos”. “Esto es lo que muchos en MAGA pensaban que votaron por acabar”, escribió la representante Marjorie Taylor Greene, la republicana de derechas de Georgia. 

“Anoche, el presidente Trump declaró la guerra a una nación extranjera sin autorización, sin notificación y sin ninguna explicación al pueblo estadounidense”, dijo en un comunicado el senador Jack Reed de Rhode Island, el demócrata de mayor rango en el Comité de Servicios Armados. “Pase lo que pase después, el presidente Trump asumirá las consecuencias.” Y David French, exabogado del ejército estadounidense, sentenció: “Lo que separa la guerra del asesinato es la ley.”

Todo ello el trae sin cuidado a este siniestro personaje que no se ata con doctrinas y que hace lo que le da la real gana, como invadir Venezuela sin la aprobación del Congreso con el pretexto de que el Congreso “tiende a filtrar filtraciones”.  Todo ello le resbala porque actúa como rey absoluto. 

Se expresa con chulería manifiesta amenazando a Colombia, a Dinamarca sobre Groenlandia y a Canadá y asegurando que no invadirá Cuba porque “está lista para caer”.

La doctrina Monroe sirvió para la guerra de Cuba

La Doctrina Monroe que se popularizó con la expresión de “América para los americanos” (los Estados Unidos), la presentó James Monroe al Congreso el 2 de diciembre de 1823 que sostenía su mandato sobre el hemisferio occidental y que lo que ocurría en el continente americano constituía la esfera de interés de Estados Unidos.

La doctrina Monroe golpeó a España cuando el Congreso USA declaró la guerra a España para liberar Cuba del dominio español “inhumano” que la extendió a Filipinas y Puerto Rico.

La Doctrina Monroe expresada durante el séptimo mensaje anual del presidente Monroe al Congreso, el 2 de diciembre de 1823 proclamaba: “Los acontecimientos tardíos en España y Portugal demuestran que Europa sigue inestable. De este importante hecho no se puede presentar prueba más sólida que la de que las potencias aliadas habrían considerado apropiado, en cualquier principio satisfactorio para sí mismas, haber interpuesto por la fuerza en los asuntos internos de España. 

Hasta qué punto se puede llevar a cabo tal interposición, bajo el mismo principio, es una cuestión en la que están interesadas todas las potencias independientes cuyos gobiernos difieren del suyo, incluso las más remotas, y seguramente ninguna más que Estados Unidos. 

Nuestra política respecto a Europa, que se adoptó en una etapa temprana de las guerras que tanto tiempo agitan a ese cuarto del mundo, sigue siendo la misma, que es no interferir en las preocupaciones internas de ninguna de sus potencias; considerar al gobierno de facto como el gobierno legítimo para nosotros; cultivar relaciones amistosas con ella y preservar esas relaciones mediante una política franca, firme y varonil, que cumpla en todos los casos con las justas pretensiones de todo poder, sin someterse a daños de ninguno. Pero en lo que respecta a esos continentes, las circunstancias son eminentemente y notablemente diferentes.

Es imposible que las potencias aliadas extiendan su sistema político a ninguna parte de cualquiera de los continentes sin poner en peligro nuestra paz y felicidad; Tampoco nadie puede creer que nuestros hermanos sureños, si se les dejaran a su aire, lo adoptarían por su propia voluntad. Por tanto, es igualmente imposible que contemplemos tal interposición en cualquier forma con indiferencia. Si miramos la fuerza y los recursos comparativos de España y esos nuevos Gobiernos, y su distancia entre sí, debe ser evidente que ella nunca podrá someterlos”. 

Sin apelar a Monroe distintos presidentes americanos han aplicado su doctrina como cuando George W. Bush exageró la amenaza de armas de destrucción masiva en Irak para justificar su invasión. Podrían valerse de esta doctrina Xi Jinping en China frente a en Taiwán, Vladímir Putin respecto a Ucrania o Irán en su zona de influencia.

“Si tenemos derecho a ser agresivos en nuestro propio patio trasero”, dijo Fiona Hill que fue directora principal de asuntos europeos y rusos en la Casa Blanca durante parte del primer mandato del señor Trump, ¿por qué no pueden hacerlo? Quieres que nos vayamos de tu patio trasero”, decía el mensaje informal ruso, nosotros, ya sabes, tenemos nuestra propia versión de esto. Estás en nuestro patio trasero en Ucrania.”

El historiador Niall Ferguson recordó en The Free Press, que el ataque de Trump a Venezuela era parte de un todo mucho mayor, la restauración de la política y la diplomacia de 1900, los años previos a la catástrofe de la Primera Guerra Mundial.

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