Carlos Berzosa
La guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán, el genocidio que está cometiendo Natanyahu en Gaza, Cisjordania y Líbano, nos adentra en un túnel muy oscuro del que no se sabe si se puede salir y si salimos nos encontraremos con un panorama desolador con la muerte de millones de personas, miles de heridos, familias rotas, y con la pérdida de sus hogares. Una gran cantidad de gente desplazada y que vive errante por el mundo en busca de un refugio que les salve del horror de la guerra. Unas infraestructuras destruidas, viviendas, carreteras, vías de ferrocarril, aeropuertos, pozos petrolíferos etc. Un gran desastre, en definitiva.
El presidente de Estados Unidos está creando un caos en la política y economía mundial como no se había visto desde el final de la segunda guerra mundial. Se está asistiendo a hechos tan graves, que el prestigioso economista de Harvard Dani Rodrik ha dicho: “Trump no es solo un riesgo económico; es la mayor amenaza de nuestro tiempo” (El País,21-3-2026). A su vez el senador Bernie Sanders ha manifestado: ” Trump es el presidente más peligroso de la historia de Estados Unidos”(El País,5-2-2026). Unas afirmaciones que reflejan de una manera clara y contundente la evidencia de lo que está sucediendo.
Tanto Putin como Trump están obteniendo un estrepitoso fracaso en sus acciones de guerra. El primero en Ucrania, pues lo que iba a ser una invasión de una semana se ha convertido en una guerra de cuatro años de duración y sin verse aún un posible final. Por lo que concierne a Trump, lo que parecía ser un ataque de unos días de duración, se ha convertido en una guerra y en un callejón sin salida. Las ambiciones imperiales de estos dos dirigentes políticos se han visto frenadas por unas resistencias que no habían previsto. Se han convertido los dos, junto con Netanyahu, en grandes destructores de vidas humanas y de infraestructuras materiales, que les convierten en unos posibles criminales de guerra, que deberían ser juzgados por ello.
Lo más grave. sin embargo, es que no hay mecanismos internacionales ni nacionales que frenen a estos dictadores. Gran parte de los ciudadanos del mundo asistimos atónitos, indignados e impotentes a este asesinato masivo de gente inocente que se está llevando a cabo ante nuestros ojos. Los costes en muertes y heridos, el empeoramiento de las condiciones de vida, como consecuencia de la crisis económica que se está provocando, así como el agravamiento de la crisis climática, está teniendo y tendrá más aún en el caso de alargarse los conflictos unas consecuencias de una gravedad sin precedentes. Una gravedad que como siempre golpeará con más fuerza en los países pobres y menos desarrollados, así como en las poblaciones de los países desarrollados con menores niveles de renta. En concreto, una mayor desigualdad, pobreza y miseria.
En este panorama tan desolador, conviene preguntarse ¿Qué papel está teniendo China? Hasta el momento China y siguiendo una tradición histórica de este país no lleva a cabo agresiones bélicas en el exterior. Si mantiene un gran ejército es más para defenderse que para invadir a otros países. El gran poder de este país en el exterior es su fortaleza económica y tecnológica. A diferencia de Rusia, que no tiene una economía competitiva en la industria, aunque sí que tiene recursos naturales, gas y petróleo, que, si bien son importantes, sobre todo en la situación de conflictividad existente, no por ello se encuentra entre los países más avanzados. Estados Unidos, como ya he mantenido en otros artículos, sufre una decadencia económica, aunque posee un potente complejo militar-industrial, y un liderazgo en investigación. La política comercial de Trump con los aranceles y su intento de controlar los combustibles fósiles y materiales procedentes de tierra raras no deja de ser un síntoma de debilidad y de miedo a la competencia de China.
En este sentido, hay que señalar que los hechos que se están dando, a China, por un lado, la perjudican, y por otro, la benefician. La economía china es muy dependiente de la energía procedente de los combustibles fósiles, lo que está generando un gran esfuerzo por implantar las energías renovables, pero que aún son insuficientes para satisfacer la demanda. El cierre del estrecho de Ormuz le causa un enorme perjuicio, pues la mayor parte de su abastecimiento viene de ahí. Es posible que acuda al petróleo ruso, y salve de algún modo esta adversidad, lo que parece lo más factible. A su vez si la economía mundial entra en recesión o en un menor crecimiento esto le repercute negativamente, pues son los grandes abastecedores de mercancías en el mercado mundial, de manera que si este se contrae la producción en China tenderá a disminuir. Estos son los dos grandes frenos que tiene ante sí el gran coloso asiático.
Por el lado positivo, hay que subrayar la cantidad de países que se están acercando a China porque lo consideran un socio comercial más fiable que Estados Unidos. Asimismo, XI Jinping observa tranquilo como Estados Unidos se ha metido en un avispero, impulsado por Netanyahu, por lo que se ha disparado un tiro en el pie. Trump está nervioso y arremete contra todo el mundo, contra sus socios de la OTAN, también contra Meloni, contra el Papa, y recibe cada vez más contestaciones en su país y en el propio partido republicano. Han surgido muchos defensores del Papa, y no solo de los católicos. Todo esto le está generando un gran desgaste a escala interna e internacional. El desprestigio de Estados Unidos e Israel aumenta a la vez que lo hace su aislamiento escala mundial. Está claro que sus erráticas decisiones les pasarán factura antes o después. Mientras tanto el daño causado es muy grande, pues si bien los factores negativos de la economía van a ser elevados, no hay nada peor que los miles de víctimas que la guerra provoca.

