Escrito por • 10:39 am• Política

Ultraderecha, justicia y urnas

Inmaculada Sánchez

La inhabilitación de Marine Le Pen decretada por la justicia no solo ha supuesto un terremoto en la política francesa sino en todo el universo ultra que avanza exultante al ritmo del trumpismo rampante. La hasta ahora favorita para disputar la presidencia de la República en 2027, según las encuestas, ya no podrá presentarse y su airada reacción ha sido acusar al sistema de una injusta persecución ideológica. Este victimismo ofrece cierto bálsamo a sus seguidores pero también una eficaz herramienta de rearme a la ultraderecha global, como ya se vio con Trump y sus numerosos litigios judiciales. Las condenas sirven para hacer justicia contra la financiación ilegal pero el verdadero camino para frenar a la extrema derecha, no lo olvidemos, son las urnas.

La heredera del Frente Nacional que construyó Jean Marie Le Pen, la que lo disfrazó y dulcificó hasta el punto de romper con su padre, la que lo reorientó al compás de los tiempos para convertirse hoy en la principal candidata al Elíseo ha sucumbido ante un entramado de financiación, investigado durante una década, que se nutría de fondos del europarlamento desviados a su estructura. La contundente sentencia, dada a conocer a comienzos de semana, alcanza a varios dirigentes y al propio partido liderado por Le Pen y, aunque cabe recurso, la inhabilitación es ‘inmediata’ y muy difícil de revocar a tiempo de las elecciones presidenciales. El partido ya debate quién puede ser su sustituto en la candidatura pero la fuerza de su opción electoral seguirá residiendo en Le Pen, quien ya se presenta como víctima del sistema.

Desde España Vox no ha tardado en apuntarse a la ola de indignación ultra que tan bien conjuga con su populismo destructivo. Para su portavoz nacional, José Antonio Fuster, la sentencia no es más que la confirmación del acoso mundial contra las verdaderas “alternativas patrioticas”. Bajo el lema “Je suis Marine” otros destacados dirigentes de la extrema derecha europea han arropado a la líder de Agrupación Nacional y se han apuntado a señalar a un sesgado orden democrático como el culpable de hurtar a los ciudadanos sus mejores líderes.

“No les corresponde a los jueces decidir a quién debe votar el pueblo. Marine Le Pen tiene derecho a presentarse a las urnas”, ha dicho el líder de la también formación ultra Reconquista, Eric Zemmour.  Desde Moscú, el portavoz de la presidencia rusa, Dmitri Peskov, se ha permitido afirmar que “cada vez son más las capitales europeas que siguen el camino de pisotear las normas democráticas”, en relación al caso Le Pen.  El húngaro Viktor Orbán, el italiano Mateo Salvini o el neerlandés Geert Wilders se han sumado a los apoyos al partido hermano y a las críticas a la justicia y la democracia europeas.

Ninguna sorpresa en estos ataques al sistema de quienes utilizan el excluyente populismo fascista para torpedearlo desde dentro. Lo que no permite demoras es articular una eficaz reacción a tan pujantes embestidas. Que la ahora inhabilitada encabezase en estos momentos, con 17 puntos de diferencia sobre el segundo, todos los sondeos para alzarse con la presidencia de Francia, pese al tiempo que aún falta para la convocatoria, tendría que movilizar no sólo a la izquierda sino a todas las fuerzas democráticas.En nuestro país Vox está siendo también investigado por la Fiscalía Anticorrupción  por su financiación. Y al grotesco, pero no por ello menos peligroso, Alvise Pérez la Fiscalía ha solicitado al Supremo que lo investigue por parecidos motivos. Pero posibles banquillos, juicios o condenas no están demostrándose eficientes para desactivar su crecimiento electoral. Trump es otro vivo ejemplo. Cómo Francia digiera la sentencia contra Le Pen nos dará un nuevo aviso. Y convendría esta vez estar bien atentos.

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