Escrito por 6:32 am Casa Real

Ultramonárquicos con la ultraderecha y el PP hacen la puñeta al Rey

José García Abad

Una vez más se demuestra que, como decía Manuel Fraga,  la política hace extraños compañeros de cama. En esta ocasión se han confabulado, con intenciones diferenciadas, pero con el mismo objetivo, la “Hermandad Nacional Monárquica de España” junto con el PP y Vox de las Islas Baleares para reclamar que se nombre a la princesa Leonor hija adoptiva de Mallorca, contrariando la política de su padre, biológico y legítimo, el rey, de ir acabando con algunas de las señas de identidad de Juan Carlos, su abuelo, igualmente biológico y real. 

Unas señas simbolizadas por el palacio de Marivent, (mar y viento en mallorquín) donde el 4 de agosto de 1973, durante el franquismo, pasaron sus vacaciones los entonces príncipes de España, Juan Carlos y Sofía. Los Reyes disfrutaron de un auténtico complejo residencial en Palma de Mallorca donde, al Palacio de Marivent, se fueron sumado otras cuatro edificaciones para dar alojamiento a sus hijos y a las visitas. 

La Familia Real acostumbraba a surcar la mar alejada de los curiosos a bordo del yate Fortuna, regalo de empresarios baleares a los que los 3.000 millones de las antiguas pesetas que costó la embarcación debieron parecerles pecata minuta en comparación con los beneficios económicos que, verano tras verano, les reportaba la presencia de los Reyes y sus hijos en las islas. 

Sabino Fernández Campo, cuando ejercía el cargo de Jefe de la Casa Real, alertaba al rey Juan Carlos sobre la esponsorización de sus actividades deportivas y le había hecho notar lo perjudicial que era para su imagen aparecer durante sus vacaciones como un “monarca anuncio” de la cabeza a los pies.

Vilallonga, un aristócrata muy peculiar, había hecho méritos muy apreciables con Marta Gayá, la más veterana amante del rey, facilitando en su casa de Mallorca los encuentros de Juan Carlos con su amiga y organizaba actos sociales en los que a ella le gustaba aparecer junto al Monarca.

Podría convertirse en la apertura de un debate sobre la propia monarquía

Los reyes suelen actuar con gestos y Felipe los ha marcado con una especie de enmienda a la totalidad a su padre, el hoy mal llamado emérito, de la que forma parte reducir a una expresión meramente local la parafernalia juancarlista de la corte mallorquina, que los confabulados tratan de dificultar con la adopción mallorquina de la princesa Leonor. 

Un gesto significativo fue el abandono por parte de la familia real de la costumbre de Juan Carlos I de asistir a la misa el Domingo de Resurrección en la catedral de Palma de Mallorca, sustituyéndolo este año por la presencia de los reyes en la misma fecha en Chinchón, donde contemplaron en el casco histórico de este pueblo madrileño la escenificación de Cristo en el monte de los Olivos, en su 60ª edición. 

Los confabulados  han actuado de forma un tanto torticera al actuar como un hecho consumado sin haber consultado previamente a la Casa Real de forma que, ahora, uno de los argumentos de los confabulados, ante la oposición a esta maniobra de los socialistas, es señalar justamente que ya se lo habían comunicado a la princesa. 

O sea que sería hacerla un feo. Como se deduce que harían un feo las provincias que no la adoptaran. Quizás no se percaten de que con este interesado peloteo en la que sería reina de todos los españoles, sin pasar por la adopción de cada pueblo.

Si se cumplen las previsiones sucesorias Leonor sería reina como hija, biológica y legítima de sus padres. Si prospera la iniciativa de la coalición monárquico-derechista se abriría una competición entre los pueblos de España para obtener adopción de la princesa que podría convertirse en la apertura de un debate sobre la propia monarquía por donde menos se hubiera sospechado. 

Como efecto colateral se pone en un brete al PSOE, fundamental en la consolidación monárquica, que ha vetado la concesión de tan inoportuno honor a la princesa.  

Ponen chinitas en el proyecto del monarca de “desjuancalizar” la institución

Dicen que Franco se cargó a Luis de Galinsoga como director del periódico La Vanguardia por exceso de franquismo. El exceso en el peloteo suele traer estas consecuencias, como en este caso poner chinitas en el proyecto en que está empeñado el monarca, con gran dolor de su amor filial, en “desjuancalizar” la institución lo que está consiguiendo cuando se cumplen diez años de la abdicación del rey padre y en un momento en que establece como eje de su propósito la exaltación de su hija y sucesora. Y cuando ha tomado decisiones tan democráticas como alejadas de la conducta paterna como la de someter el uso de sus dineros al control del Tribunal de Cuentas, que estos días inspeccionan sus cuentas; o la de negarse a recibir regalos. Y lo más doloroso: suspender a su padre de empleo y sueldo, desahuciarle de la Zarzuela y de hecho exiliarle. 

Ciertamente la Corte de Mallorca proporcionaba notables benéficos por la promoción turística que genera que acuda a su rebufo la “jet set” mundial. Este argumento, válido desde la perspectiva de los intereses de la isla, alberga sin embargo algunas contraindicaciones si se considera desde una perspectiva nacional; en efecto, es obligación del Rey velar por todas las comunidades españolas evitando los agravios comparativos.

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