Escrito por • 6:06 pm• Política

Un Gobierno a prueba de bombas

Inmaculada Sánchez

 Este fin de año llega para el Gobierno repleto de malos augurios. El caso Cerdán ha ido escalando: ya están en la cárcel el exministro Ábalos y Koldo García, han sido detenidos Leire Díez y el expresidente de la SEPI y ordenados registros en Correos y varios ministerios. El PSOE ha tenido que entregar al juez todas sus facturas de pagos en metálico de siete años atrás. Las denuncias internas por acoso sexual siguen sumando escándalos y desconcierto dentro del partido. Los socios se revuelven, exigen cambios y reuniones. Y los sondeos anuncian debacle en las elecciones extremeñas de este domingo. Pese a todo Pedro Sánchez ha vuelto a reiterar que sigue, que no habrá elecciones anticipadas, que terminará la legislatura y que su proyecto va incluso más allá de 2027. Sólo se le ve más delgado y desmejorado, pero cada vez que habla vuelve a inyectar ánimos a los suyos y generar frustración en la derecha. 

El imaginario de que este Gobierno está construido a prueba de bombas podría ir camino de instalarse en la opinión pública. La intervención del presidente el pasado lunes haciendo balance del año parecía ajena al ambiente de apocalipsis final que la sucesión de escándalos judiciales e internos había inoculado en el PSOE en las últimas semanas. Esta vez no era sólo “el fango” de la derecha, sino graves errores propios, en nombramientos, en gestión de crisis, en vigilancia de cargos y hasta en coherencia con el ideario socialista los que han llevado al PSOE y al Gobierno a verse rodeado de sospechas de corrupción y connivencia con acosadores. 

Parecía demasiado, incluso para el resiliente Sánchez, y las trompetas de fin de ciclo empezaron a sonar. Revitalizadas por los de Feijóo, Ayuso y Abascal, como era de esperar, pero también puertas adentro. El monumental error de gestión del caso Salazar abrió la espita del descontento feminista y el aparato de Ferraz, en otros tiempos tan potente y hoy descabezado tras las abruptas salidas de Cerdán y su corte, se ha mostrado incapaz de reaccionar a la altura del desafío. Las vendettas internas afloraron y Adriana Lastra o Carmen Calvo, desalojadas hace tiempo de los centros de poder, han elevado la voz para señalar las vergüenzas del partido, frutos de la forma de hacer de los dos anteriores secretarios de Organización, Ábalos y Cerdán, y sus círculos de confianza. 

¿Alguien conoce el nombre de su sucesora en Ferraz?  Se llama Rebeca Torró, nacida en la Comunidad Valenciana, donde ha desarrollado gran parte de su carrera política, primero como alcaldesa de su ciudad natal, Onteniente, y, posteriormente, ocupando diversos cargos autonómicos bajo el paraguas de Ximo Puig, de quien llegó a ser consellera de Obras Públicas. De allí la llamó Jordi Hereu al ser nombrado ministro de Industria, a finales de 2023, para hacerse cargo de la Secretaría de Estado del Ministerio, despacho que ha ocupado hasta julio pasado. 

Tras  la detención e ingreso en la cárcel de Cerdán, en verano pasado, Sánchez buscó una mujer para sustituirle y, dicen los bien informados que habló con Salvador Illa, uno de los más fieles y sensatos de las huestes sanchistas, para designar a alguien del PSC. El president catalán, sin embargo, declinó la oferta y le convenció de que el PSC no podía asumir semejante cargo siendo un partido independiente ‘asociado’ al PSOE. La opción Torró, cercana a la órbita de los socialistas catalanes a través de Hereu, se abrió entonces paso. Visto lo visto parece que poner al frente de un cargo tan sensible y arriesgado como Organización a una política sin experiencia en Ferraz y con un perfil más técnico que político no ha sido una de las decisiones más atinadas de Sánchez. Como se ha demostrado ahora que tampoco lo fueron los nombramientos de Ábalos o Cerdán. El presidente, o no sabe, o no acierta con un puesto que es nada menos que el tercero en la jerarquía del PSOE y resulta clave para cualquier organización política. 

Torró bracea como puede en unas aguas que, recién llegada al puesto, ya andaban revueltas y en pocos meses se han levantado en un auténtico temporal. Su ausencia de autoridad en los meses en que se congelaron las denuncias contra Salazar, sus fallidas reuniones con las secretarias de Igualdad territoriales para concertar una respuesta común y, finalmente, su informe sobre el caso, que dio a conocer el viernes de la semana pasada con escasa autocrítica y menos soluciones perceptibles, están diciendo poco de sus capacidades hasta el momento. 

Como tampoco dicen mucho de María Jesús Montero, vicesecretaria general y número dos del partido, sus tenues respuestas a las indignadas mujeres socialistas. Cierto es que ningún otro partido tiene un protocolo anti-acoso como el PSOE ni un canal interno, anónimo y seguro, para poner las denuncias, pero si te presentas ante tu electorado como pionero en este frente no puedes dejar que dejadez, falta de gestión o de capacidad, o autoprotección de determinados cargos o de la imagen del partido destrocen una bandera que los socialistas llevan décadas presumiendo haber izado. 

Los socios han detectado también este peligro añadido y han gesticulado más que nunca. Corrupción y falso feminismo es una combinación de acusaciones con la que ninguno quiere verse contaminado,  aunque unos han calibrado sus posiciones mejor que otros. ERC ha pedido una reunión de Junqueras con Sánchez, a la que el presidente ha accedido. Pero Yolanda Díaz ha sobreactuado exigiendo una profunda remodelación del Ejecutivo que ha metido en un lío a Sumar cuando Sánchez la ha negado y algunos ministros hasta han ridiculizado la propuesta. Su reclamación, ahora, es también una reunión para “relanzar la acción de Gobierno”. La habrá, y a otra cosa. 

Sánchez cuenta con que ninguno de los que votaron su investidura están interesados todavía en bajarse del barco y ese es uno de los aditivos básicos de la gasolina que le impulsa. También con que el tiempo, como ya ha ocurrido en otros momentos críticos, enfríe el actual ambiente. Sobre esa aparente seguridad proyecta escenarios sobre los que poder avanzar y ha dado órdenes a su núcleo duro de empezar a difundirlos. En la reciente copa de Navidad con la prensa en Moncloa alguno de los ministros nos los dibujaba en discretos corrillos.

Las nuevas detenciones y los llamativos registros de la guardia civil que les han sacudido no suponen un nuevo caso sino que son “ramificaciones del mismo triángulo Cerdán-Ábalos-Koldo, donde confían que queden encapsuladas las investigaciones sobre corrupción. Además, la tan activa UCO empieza el año con nuevo jefe, nombrado por Marlaska, con un perfil más profesional que debería evitar sesgos anti-PSOE en sus pesquisas. 

Las denuncias internas por acoso de mujeres irán decayendo después de esta ‘explosión’ por el caso Salazar y serán tratadas ahora con mayor contundencia, exigiendo dimisiones y ejecutando ceses para que sea percibido un cambio en la respuesta tras los errores. Por su parte, la economía seguirá sin dar disgustos en el nuevo año, en el que el Gobierno, además, todavía dispone de los últimos Fondos de la UE con los que capear la falta de Presupuestos. 

Finalmente, en primavera el Tribunal Constitucional fallará a favor de la aplicación de la Ley de Amnistía para Puigdemont y con su posible regreso a España puede retornar el entendimiento con Junts y una mayoría parlamentaria con la que afrontar el año.  Entre tanto, anuncios como el del abono único de transporte para todo el país y medidas sociales que puedan sostenerse por decreto sostendrán la imagen de ‘acción de Gobierno’. 

¿Cuento de la lechera o este Gobierno es, en verdad, inmune a las bombas? “Algo tiene que pensar el presidente para enero”, me confiaba un alto cargo monclovita en la copa navideña de Presidencia entre esperanzado y temeroso. Habrá que verlo.

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