Escrito por 4:50 am Cultura

Una «verbena» de antología

 Manuel Espín

 La última producción programada por el anterior director de La Zarzuela, Daniel Bianco (presente por cierto entre el público de la primera representación) era ‘La verbena de La Paloma’. Que es además la obra más conocida del género y quintaesencia de sus máximas virtudes…y defectos. Estrenada en el Teatro Apolo de Madrid en 1894 todos y cada uno de sus fragmentos musicales o sus textos han sido conocidos y repetidos por distintas generaciones. La Zarzuela en lo que va de siglo ha ofrecido dos producciones, en 2013 de la mano del argentino Sergio Renán y en 2019 dentro del ‘Proyecto Zarza’ del bonaerense Pablo Mesiez. Que en ningún caso parecieron entender la obra y su contexto: en la de 2019 por no haber no había verbena ni casi Paloma, sino una deslavazada fiesta de fin de curso en un instituto de enseñanza de nuestros días.

 La nueva producción dirigida en lo escénico por Nuria Castejón y musicalmente por José Miguel Pérez Sierra no es solo la mejor vista en este siglo sino seguramente una de las mejores que se han podido hacer a lo largo de la historia de este título referencial del género. Frente a una partitura de Tomás Bretón llena de talento y de vigencia el libreto de Ricardo de la Vega se adscribía a un género muy popular a finales del XIX como el sainete costumbrista. ¿Qué ha hecho Nuria Castejón en esta versión? Empezar la historia desde cero, con una extrema depuración de elementos en los que se diferencia con mucha nitidez lo verdaderamente popular de lo casposo y añoso.

 Los espectadores se van a sorprender de un acertado decorado realista de Nicolás Boni donde aparecen diversos cambios de escena bien resueltos, un vestuario bello y elegante sin dejar de ser popular de Gabriela Salaverri donde no se ven ni por asomo los disfraces de madrileña de casa de alquiler de los días de pradera de San Isidro tan comunes en otras representaciones sino colorido, nada de lunares y trajes largos pero con mantones de Manila. Un vestuario que corresponde más a 1929 que a los años finales del XIX.

 Esta producción incorpora una primera parte totalmente nueva de Álvaro Tato (Ron Lalá) con varias canciones del género a partir de un argumento situado en la última noche del Apolo en 1929. Pero en lugar de la nostalgia y el tono plañidero de buena parte de las representaciones de las antologías zarzueleras que parecen más un velatorio o un canto al pasado fenecido para espectadores anclados en el pasado y extremadamente conservadores, Tato y Castejón dan pie a lo que parece casi un musical de Broadway, de un dinamismo permanente, diálogos picados llenos de frescura, y exhibiciones del ‘todos artistas’ donde los cantantes no solo utilizan la voz sino la palabra y la danza. 

 Este primer ‘Adios, Apolo’ de nueva creación permite adelantar algo que se confirma en ‘La verbena…’: la idea de romper ese viejo y casposo tono nostálgico de otras producciones de zarzuela que parecían hechas para un hogar de la tercera edad, y llevarlas al terreno del ‘espectáculo completo’, rompiendo la cuarta pared: en varios momentos, la acción sale del escenario y se desarrolla en la propia platea con un juego de escenas simultáneas.

 Hay algo más que ha hecho Nuria Castejón, a la que hay que anotar desde ahora como una de las mejores directoras teatrales del género musical -y ya lo adelantó en este teatro con ‘Zarzuela en Danza’ y la extraordinaria ‘El sobre verde’ que podía asimilarse a uno de los mejores musicales de Broadway-, y es eliminar estereotipos acumulados sobre las formas de representar el género. ‘La verbena…’ es un ejemplo. ‘Don Hilarión’, un extraordinario Antoni Comas, no es un viejo chocho con bastón que habla de forma balbuciente (como Miguel Ligero en las dos películas, tan distintas, de 1935 y 1963) sino un hombre maduro pero no acabado que se pone a realizar flexiones en el suelo y domina su cuerpo con total energía; los serenos no hablan imitando el acento asturiano, ni las ‘madrileñas’ impostan el acento castizo de forma gratuita. La ‘verbena’ es festiva, explosiva, colorista, imaginativa, rebosante de luz; pero no es un almacén de antiguallas de baratillo, ni una exhibición de tipismo ridículo y tópico. Hay que fijarse en la forma de cantar las letras sin latiguillos en la forma de entonarlas rechazando el tonillo de viejo cascarrabias de otras versiones, como ofrece ‘Don Hilarión’/Comas que es uno de los puntales de esta producción.  

 Tampoco Casta (Ana San Martín) y Susana (Carmen Romeu) son una caricatura de madrileñas castizas de fiesta patronal, ni utilizan un habla artificiosa. La cantaora (Sara Salado) dista de ser una ‘folklórica’ de película de los 50 o 60, sino una estampa del barroquismo con algo de morbo erótico de cuadro de Romero de Torres. Lo mismo que le ocurre a los personajes característicos que sobre el papel se prestan más al topicazo: la ‘señá Rita’ (una muy buena Milagros Martín), ‘Tía Antonia’ (Garutze Beitia) o el tabernero (Rafa Castejón, con sus enormes tablas en escena) no son redichos, ni saineteros folklóricos de guardarropía, sino que se expresan con sus acentos y se distancian del autocomplaciente y viejuno sainete.

 Aunque los protagonistas de esta versión son sin duda los relativamente antagonistas: ‘Don Hilarión’ (Comas) y ‘Julián’ (Borja Quiza, un barítono gallego que tiene unas prodigiosas condiciones de actor y no solo para la zarzuela y la ópera sino probablemente para el teatro o el cine de texto). A los que Nuria Castejón presenta lejos del imaginario tradicional: no son un viejo cascado rondando niñas, casi un pederasta, sino un galán maduro enfrentado a otro algo más joven, en una relectura muy interesante de ‘La verbena…’.

 Hay algo que Castejón ofrece en todos sus montajes: una gran presencia de la danza escénica. y esto es algo permanente en su producción, que es un juego no solo vocal sino coreográfico, muy cerca del ‘espectáculo teatral total’ ideal para afrontar hoy el género lírico. De esta manera un título tan visto y representado como ‘La verbena…’ parece totalmente nuevo en esta producción, donde brilla el director musical Pérez Sierra (buena idea que en la base de los aplausos finales suene la introducción musical de nuevo) aportando mucha frescura a la partitura y logrando que la Orquesta Sinfónica de Madrid se escuche de forma espléndida. Una intuición y un deseo: esta ‘Verbena…’ de Nuria Castejón que puede verse en este mes de mayo tendría que convertirse en titulo de repertorio en futuras temporadas (y no solo de La Zarzuela sino de otros teatros) porque logra algo que parece una misión casi imposible: hacer que una pieza escuchada hasta la saciedad parezca totalmente nueva y pueda interesar a otra clase de públicos, al conseguir algo nada sencillo: el respeto al concepto general de la obra original eliminando la caspa que se ha acumulado a lo largo de decenios en los que el estereotipo acabó por ahogar lo popular.            

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