Escrito por 10:22 am Dossier

Úrsula von der Leyen solo será reelegida si gira a la derecha y se olvida del pacto verde

Quien ha presidido la Comisión Europea durante el último quinquenio podrá conseguir la reelección tras las elecciones europeas del próximo 9 de junio por otro quinquenio si se hace menos independiente, o sea más de derechas. 

No hay que olvidar que tendrán que respaldar el nombramiento tanto el Consejo Europeo formado por los que gobiernan los estados miembros que son los que deciden quien preside la Comisión Europea, como el parlamento, presidido por Roberta Metsola, del Partido Popular Europeo (PPE), y que en ambos domina el PPE con una amplia mayoría. Como ha presumido su presidente, Manfred Weber: “En las pasadas elecciones había siete gobiernos del PPE en la UE y hoy tenemos doce y podemos llegar a catorce de los 27 países de la Unión”. Una encuesta reciente pronostica 175 diputados para el PPE; 136 para los socialistas, 85 para los liberales y 160 para las ultraderechas de Francia, Alemania y España. El PPE es el que consigue más escaños pero necesita aliarse con los socialistas o con los liberales.

La alemana Úrsula von del Leyen, consiguió hace cinco años el cargo, contra su compatriota y correligionario Manfred Weber, presidente del Partido Popular Europeo (PPE), por los pelos, por una serie de circunstancias. Sobre todo porque la apoyaron el dúo básico de la Unión, Alemania y Francia, en las personas de Ángela Merkel y Emmanuel Macron. Este regaló a Úrsula una especie de gobierno de coalición que el presidente francés tramó a puerta cerrada, con nocturnidad y alevosía, formado por populares, socialistas, liberales, e incluso un verde. La alemana consiguió en el parlamento los votos de Orban y Cinco Estrellas, en la derecha extrema.

Aristócrata, católica, casada y con siete hijos

Úrsula había nacido y vivido en Ixelles, barrio de Bruselas, donde su padre había ocupado puestos de gran responsabilidad en la sede principal de la Comisión Europea. Había nacido europea y se alojó en el edificio central de la Comisión Europea.

Aristócrata, católica, casada y con siete hijos, demócrata cristiana de la CDU, era la primera mujer que ostentaba este cargo, como había sido la primera mujer que desempeñara en su país el de ministra de defensa, trabajo y asuntos sociales. No había sido primera ministra o ministra de Finanzas en su país, ni era economista o abogada, como sus seis antecesores en la dirección europea durante los últimos veinte años (Thorn, Delors, Santer, Prodi, Durão Barroso y Juncker). Estudió arqueología, ciencias económicas y medicina 

Tuvo que enfrentarse con poderosos candidatos y parecía muy poca cosa comparada con Angela Merkel, pero supo ganarse el apoyo de la mayor parte de los grupos políticos de la Unión para conseguir un fuerte avance hacia una verdadera unión política europea.

Trató de que la UE avance a velas desplegadas hacia una Europa con rostro humano que supere la imagen tecnocrática y desinteresada de los problemas ciudadanos que persiste. 

Sería injusto que olvidemos sus méritos como que la Unión Europea centralizara la negociación con las farmacéuticas con evidente ventaja a lo que hubiera ocurrido si cada país miembro hubiera tenido que organizarse por su cuenta, salvándonos del peligro del sálvese quien pueda. 

¡Viva Europa!

Ante la invasión rusa de Ucrania se creció con verbo marcial: “Esta es una guerra contra nuestra energía – ha proclamado Úrsula von der Leyen en su tercer discurso sobre el Estado de la Unión ante el Parlamento Europeo de septiembre de 2022, una guerra contra nuestra economía, una guerra contra nuestros valores y una guerra contra nuestro futuro. Se trata de autocracia contra democracia. Y estoy aquí con la convicción de que, con coraje y solidaridad, Putin fracasará y Europa prevalecerá”. Un discurso que remató con un vibrante “¡Viva Europa!”.

El gran impulso europeo se lo debemos en parte a Putin, pero, obviamente, en mayor medida a la gran visión de esta pequeña gran mujer alemana por quien nadie daba un euro tras desaparecer del mapa la oronda figura de Ángela Merkel, pero que mostró su valía y sus fuertes convicciones europeas. 

Lo ha demostrado frente a la pandemia y prodigando una cantidad ingente de euros para dar un fuerte impulso económico y social a la Unión. Tuvo un sueño prodigioso de una Nueva Europa como el de los grandes líderes que en el mundo han sido.

Ha reforzado Úrsula la identidad de los términos Europa y Democracia al entender que “el camino hacia democracias fuertes y el camino hacia nuestra Unión son el mismo”, una perspectiva que amplia al ámbito mundial, empezando por los que quieren y deben integrarse. Se refería a los Balcanes Occidentales, a Ucrania, a Moldavia y a Georgia pues ni Suecia ni Finlandia están faltos de democracia.

“Este es el momento – proclamó – de invertir en el poder de las democracias. Este trabajo comienza con el grupo central de nuestros socios de ideas afines: nuestros amigos en todas las naciones democráticas de este mundo”. Empezando por Estados Unidos.

Y sostuvo: “Necesitamos protegernos mejor de interferencias malignas. Por eso vamos a presentar un paquete de Defensa de la Democracia”Sacó a la luz la influencia extranjera encubierta y la financiación turbia. “No permitiremos, advirtió, que los caballos de Troya de ninguna autocracia ataquen nuestras democracias desde adentro”.

Concluyo con hermosas palabras: “Desde hace más de 70 años, nuestro continente marcha hacia la democracia. Pero las ganancias de nuestro largo viaje no están aseguradas. Muchos de nosotros hemos dado por sentada la democracia durante demasiado tiempo. Especialmente aquellos, como yo, que nunca han experimentado lo que significa vivir bajo el puño de un régimen autoritario. Debemos protegerlos tanto de las amenazas externas a las que se enfrentan como de los vicios que los corroen desde adentro”.

Pero las cosas han cambiado

Lo que en su anterior mandato apostó con fuerza por un Pacto Verde Europeo es ahora la punta de lanza en su contra de la derecha, la ultraderecha y de parte de los socialdemócratas. Sostenía von der Leyen que dicho pacto debía ser el modelo para llevar a cabo la transformación que pretende que Europa sea el primer continente climáticamente neutro de aquí a 2050. 

Sobre esta base, la Comisión propuso aumentar el objetivo de reducción de emisiones para 2030 hasta al menos un 55%. “Podemos conseguirlo –animó–, ya hemos demostrado que podemos. Mientras que nuestras emisiones han caído un 25% desde 1990, nuestra economía ha crecido más del 60%. La diferencia es que ahora disponemos de más tecnología, más conocimientos especializados y más inversiones. Y ya estamos en la senda de una economía circular con una producción neutra en carbono. Lo tenemos todo. Ahora es nuestra responsabilidad ponerlo en práctica y hacerlo realidad”.

José García Abad

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