Inmaculada Sánchez
Hubo tiempos en los que Ursula Von der Leyen, primera presidenta de la Comisión Europea de su historia, ejerció de eficaz constructora de la siempre compleja Unión Europea. Pocos confiaban en una médica menuda y de frágil aspecto que se impuso a Manfred Weber para dirigir la Comisión en 2019 gracias al apoyo de Angela Merkel. Pero su apuesta por la solidaridad entre países durante la pandemia y su defensa del mutuo apoyo y las soluciones coordinadas en sucesivas crisis como la de la guerra de Ucrania la hicieron fuerte aunque le costaran a veces la desconfianza de parte del Grupo Popular de la eurocámara donde algunos la tildaban incluso de “socialdemócrata encubierta”. La guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán, sin embargo, está desenmascarando su perfil más genuflexo con la Casa Blanca. Esta semana, tras días sin pronunciarse al respecto, ha abogado por una Europa que no puede seguir ejerciendo de guardiana de un mundo basado en reglas que “se ha ido para no volver” y al que habrá que adaptarse, dando por válida la vulneración del derecho internacional que Donald Trump pretende imponer. ¿Es ésta la líder que necesita la UE para defenderse de los nuevos Estados Unidos trumpistas y del incierto y peligroso mundo que promueve?
Tantas han sido las críticas recibidas por sus palabras que se ha visto en la necesidad de matizarlas en el Parlamento de Estrasburgo un par de días después. La UE “siempre defenderá” los principios de la Carta de Naciones Unidas y el Derecho Internacional, ha dicho este miércoles ante los eurodiputados. “Permítanme señalar algo importante. Ver el mundo tal como es no disminuye en absoluto nuestra determinación de luchar por el mundo que queremos. La UE se fundó como un proyecto de paz”, se ha excusado. Pero eso no es lo que afirmó el lunes, ni lo que viene demostrando desde que Estados Unidos desatara su locura bélica por el mundo.
Ya desde que la Casa Blanca apoyara y alentara la destrucción de Gaza y el genocidio contra sus habitantes emprendidos por Israel Von der Leyen ha permanecido callada demasiado tiempo y se ha puesto de perfil mientras otros países miembros, con España a la cabeza, recordemos, condenaban sin paliativos la barbarie desatada. La alemana se ha mostrado presa de las culpas y vergüenzas históricas que arrastra su país por el Holocausto y ha sido, más que cauta, casi indulgente con la feroz ofensiva del gobierno de Netanyahu.
También el actual canciller Merz tuvo que explicarse después de que durante su reciente encuentro en el Despacho Oval con Donald Trump asistiera impávido a las amenazas que lanzaba hacia España y a sus críticas a nuestro presidente por su posición claramente en contra de las decisiones bélicas de Washington. Friedrich Merz, que incluso apoyó en cierta medida a Trump declarando en su conversación que estaban trabajando en “convencer” a España para que incremente al 5 por ciento del PIB su gasto militar para la OTAN, señaló al día siguiente que no defendió a España para no provocar un altercado público con Trump. Ahora va a resultar que no molestar en la Casa Blanca es la prioridad de uno de los países más importantes de la UE y, según vamos viendo, también de la propia presidenta de la Comisión.
El giro de Von der Leyen, que tantas veces ha apoyado e, incluso, elogiado a Pedro Sánchez para disgusto del PP español, no llega de repente. La presidenta, que en 2019 accedió al cargo por una escasa diferencia de nueve votos en la eurocámara, se mostró en 2024, para asegurar su reelección, más condescendiente con parte de la agenda de la ultraderecha: en las elecciones europeas habían crecido nada menos que hasta los 187 escaños, más de una cuarta parte de la cámara. Incluso el grupo de los Patriots, del que forma parte destacada Vox, consiguió convertirse en el tercero del europarlamento, tras el PPE y los socialistas. Aunque fue la unión de populares, socialistas, liberales y verdes la que la mantuvo en la presidencia, sus guiños consiguieron algunos votos de la extrema derecha entre los partidos que dieron libertad de voto, como parte de los incluidos en el liderado por los Hermanos de Italia de Giorgia Meloni.
Tras el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca, en poco más de un año ha desatado una feroz ofensiva contra la UE, de quien ha llegado a decir que nació “para joder a Estados Unidos”. Ahora, con el actual furor bélico desencadenado, la Unión necesita más que nunca liderazgos fuertes, coherentes, capaces de concitar consensos y tomar decisiones conjuntas para enfrentarse a lo que nos depara un escenario de misiles, carestía y posible desabastecimiento. En ningún caso una presidenta de la Comisión que pone en duda la eficacia nuestra UE y afirma que hay que plantearse “si el sistema que construimos es más una ayuda o un obstáculo para nuestra credibilidad como actor geopolítico”. Así no, señora Von der Leyen.

