Escrito por • 1:36 pm• Política

Vox, al mando

Santiago Abascal

Inmaculada Sánchez

La ultraderecha española vive momentos de gloria. Cerca de cumplirse los 50 años de la muerte del dictador que tanto añoran, los dirigentes de Vox han tomado el mando y la medida al PP de Alberto Núñez Feijóo. Lejos de diluirse como socio minoritario en el apoyo a gobiernos y ayuntamientos comandados por los populares, los de Abascal imponen sus condiciones en la Comunidad Valenciana, obligan a votar con ellos al PP en el parlamento europeo y continúan subiendo en expectativas electorales. En la disputa por el voto de Vox, Génova no acierta más que a seguir, con la lengua fuera, la estela de los mensajes e invectivas de la ultraderecha, y no parece que le esté saliendo rentable. El ciclo electoral que abrirá Extremadura el próximo diciembre nos dirá hasta qué punto, con Castilla y León y Andalucía velando ya sus propias urnas. Tan peligroso entreguismo a las fauces del fascismo debería estimular una reacción de las izquierdas con algo más de osadía y, tal vez, tomando algo del aire que ha insuflado a los progresistas el triunfo de Mandani en la alcaldía de Nueva York.

PP y Vox ya han podido iniciar formalmente esta semana las negociaciones para investir un nuevo president para la Generalitat valenciana después de que Feijóo se haya plegado, una vez más, a lo que Mazón y los suyos, que aún quedan muchos en la Administración y el partido en Valencia, pretendían. El elegido, Juanfran Pérez Llorca, ha sido hasta ahora el número dos del dimitido president y el que mejor se lleva con Vox de todo el PP valenciano. Por más que Génova ha querido demorar el anuncio, pretendiendo mostrar una autoridad de la que carece, será el hombre de confianza de Mazón quien dirija un nuevo Govern hasta las elecciones, con los de Vox pilotando en las rectas, que las curvas las seguirá mirando desde fuera.

Pérez Llorca es sólo un aperitivo de todo lo que los ultras pretenden conseguir en Valencia. Con un PP aterrado por la ‘bomba Mazón’, que ha sido incapaz de desactivar y que todavía se mantiene operativa desde el escaño y la presidencia del partido, Abascal disfruta estos días hablando de que sus condiciones ya no se reducen a la ruptura del pacto verde europeo o al freno a la inmigración sino a otros muchos temas que iremos conociendo en las próximas semanas. No es solo Valencia. La ultraderecha percibe una oportunidad de oro en el nuevo gobierno valenciano para proyectar su tablas de la ley en las campañas electorales que se avecinan con el objetivo final de las generales, en las que aspira a asestar al PP un golpe definitivo.

Por eso exige en inmigración o agenda verde, asuntos claves de política nacional en los que las autonomías pueden hacer poco más que resistirse y criticar leyes estatales o normativas europeas pero que ejercen de eficaces altavoces a sus mensajes más populistas y rentables electoralmente. La sorpresa, o no tanto, es que el PP los repica sin rechistar pretendiendo arrebatarle los votos que supuestamente arrastran, aunque sin éxito alguno según la evolución de los sondeos. Habrá que empezar a pensar que en Génova no pueden ser tan ineptos y lo que en realidad está detrás de tamañas concesiones es un verdadero alineamiento con esas políticas ultras que, hasta la aparición de Vox, camuflaban con disimulo bajo su abrigo.

Así, esta misma semana, los eurodiputados de Feijóo en Estrasburgo han votado en contra de la propuesta de reducir un 90 por ciento las emisiones de gases de efecto invernadero hasta 2040, un pacto que ya aligeraba anteriores compromisos de la UE y ha refrendado la mayoría de los Estados, que requiere el visto bueno de la eurocámara. Los europarlamentarios del PP se han desmarcado de sus homólogos conservadores del Partido Popular Europeo (PPE) en la comisión de Medio Ambiente y han votado con los ultras de la AfD alemana o la italiana Meloni contra un acuerdo que rechaza también la Hungría de Orban y, por supuesto, Vox.

Preparémonos. Llegarán más votaciones y más exigencias de Abascal a Feijóo, en Valencia o en Extremadura, si la operación de María Guardiola adelantando las elecciones no la concede su ansiada mayoría absoluta. A la espera están Alfonso Mañueco, con una posición incierta tras las críticas a la gestión de los incendios de este verano y un gobierno en minoría que siempre ha necesitado de Vox, y el hasta ahora intocable Juan Manuel Moreno Bonilla, que puede ver en peligro su mayoría absoluta si no logra apagar el escándalo del cribado de cáncer de mama que ha derivado en una crisis de todo el sistema público de salud de Andalucía. Los de Abascal ya se frotan las manos.

La extrema derecha española está aprovechando como nadie el viento de cola del auge ultra en Europa y, sobre todo, al otro lado del Atlántico, desde que Donald Trump hace de las suyas en la Casa Blanca. Los sociólogos tienen mucho trabajo en estos airados y confusos tiempos para explicar victorias electorales en contra de los propios intereses de sus votantes y también por qué Vox está logrando crecer a costa del partido mayoritario al que apoya en la gobernanza de autonomías y ayuntamientos, cuando el resto de partidos que nacieron tras las crisis del bipartidismo y el 15-M han ido declinando en favor del más grande.

Retirarse de los gobiernos del PP y mantener sus manos limpias, junto a un exigente apoyo en los parlamentos autonómicos puede ser uno de sus aciertos. También la ola de apoyo joven que acompaña a este espacio electoral en expansión como nuevo símbolo de rebeldía ante la frustrante realidad. Y, cómo no, los muchos errores y carencias de las izquierdas a la hora de hacerlos frente.

La desesperanza, sin embargo, no es una opción tal como tenemos el patio. Miremos con atención otras señales que nos manda esta misma cruda realidad. Las recientes movilizaciones contra la masacre en Palestina han surgido solidarias, masivas y pilotadas por una juventud que nada tiene que ver con la que se subyuga ante Vox o asiste a concentraciones en recuerdo a Franco estos días cantando el Cara al Sol. También la ciudadanía ha sido capaz de mantener en Valencia un largo año las protestas contra Mazón y, en Andalucía, transformar una crisis por los cribados de cáncer en una operación de alcance político contra los recortes del sistema sanitario andaluz y sus privatizaciones de servicios.

Más lejos nos pilla Nueva York, pero habrá, al menos, que confiar en que cuando se dan respuestas concretas a la gente, ésta responde a la izquierda y los jóvenes, incluso, con enorme entusiasmo. ¿O mantengo esperanzas sin motivo?

↑
Close