Inmaculada Sánchez
Antes de despedir el año dispondremos de un dato relevante para el devenir político del país. El 21 de diciembre Extremadura tiene convocadas elecciones autonómicas y, pese al limitado peso político de la región, la apuesta de su presidenta, adelantando la cita para librarse de la tutela de Vox, ofrece a los de Abascal una oportunidad de oro: la de demostrar si el poderío que les otorgan las encuestas les permite atar todavía más en corto a Núñez Feijóo. Con los socialistas a la baja, lastrados por un candidato imputado y sin carisma, la verdadera contienda del 21-D es entre el PP y Vox y de su resultado dependerá cómo se planteen las siguientes batallas tanto en Génova como en Moncloa.
María Guardiola tenía ganas de dejar de aguantar a los de Vox. Ya tuvo que tragarse sus propias palabras tras las anteriores elecciones de mayo de 2023 después de afirmar que jamás pactaría con un partido que niega la violencia contra las mujeres. Pero los números no salieron. Empató en escaños con los socialistas, liderados todavía por Guillermo Fernández Vara, y su intención de dibujarse como una de las baronesas del ala moderado-centrista del PP quedó para mejor ocasión. Pactó y abrió las puertas de su gobierno a Vox, con quien tuvo que convivir hasta que en junio del año pasado Abascal rompió la baraja y decidió salir de todos los gobiernos autonómicos que compartía con Feijóo.
La presidenta extremeña, sin embargo, ha seguido presa de los escaños de Vox para buena parte de sus decisiones de gobierno y en cuanto ha percibido a los socialistas lo suficientemente débiles de cara a unas elecciones ha abierto el hueco por donde intentar escapar, adelantando los comicios con la excusa de la falta de acuerdo para los Presupuestos. La jugada, como siempre que se alteran los calendarios electorales, es arriesgada pero Guardiola, con el beneplácito de Feijóo, ha dado el paso adelante. Tal como está ahora el PSOE extremeño no parece peligrar la presidencia pero el pulso con Vox podría amargarle la previsible victoria a la osada cacereña.
Veamos cómo están los sondeos a diez días de la cita. En la actual Asamblea de Extremadura PP y PSOE ocupan el mismo número de escaños, 28 cada uno, aunque los socialistas ganaron en votos. Vox consiguió cinco y Unidas por Extremadura, la coalición entre Podemos e IU que también se mantiene en la convocatoria de este diciembre, cuatro. El irrefrenable ascenso de los de Abascal desde entonces tiraría por tierra el objetivo de Guardiola de alcanzar la mayoría absoluta, situada en 33 escaños, ya que todos las encuestas no solo lo dan por imposible sino que sitúan a Vox como la fuerza que más avanza.
El CIS, como todos, da por claro ganador esta vez al PP, pero con una subida únicamente de uno o dos escaños. Aunque otros sondeos elevan el ascenso de los populares a otro par de diputados más, ninguno le concede la codiciada cifra de los 33. También hay consenso en la bajada del PSOE, que podría desplomarse hasta los 19 escaños, incluso en el barómetro de Tezanos. La pérdida de Fernández Vara, fallecido en octubre pasado, ya hubiera supuesto para cualquier sustituto un difícil reto tras su dilatado liderazgo y sus años en la presidencia de Extremadura. Miguel Ángel Gallardo, secretario general de los socialistas extremeños desde el año pasado, arrastra además el caso del hermano de Pedro Sánchez, al que contrató la Diputación de Badajoz siendo él su presidente, y por el que está imputado judicialmente.
Difícilmente podría haber designado el PSOE peor candidato, pero también hubiera sido casi imposible elegir otro mientras defiende que la causa judicial contra el hermano del presidente no se sostiene y se basa en una persecución por ser quien es. Flaco argumento cuando acabamos de ver, sin embargo, lo que ha pasado con el Fiscal General del Estado. Instancias judiciales superiores podrán darle la razón en un futuro pero el daño político ya está hecho. El famoso ‘p’alante’ del impune Miguel Ángel Rodríguez amenaza con condicionar la atmósfera política de todo el país si este Gobierno no es capaz de parar los pies a la judicatura conservadora.
Los últimos en liza, los de Unidos por Extremadura, a cuya candidata, Irene de Miguel, están apoyando Ione Belarra e Irene Montero con su presencia en la recién iniciada campaña, podrían rentabilizar el declive del PSOE, teniendo en cuenta, además, que Sumar tampoco se presenta a estas elecciones. Las encuestas les pronostican una importante subida, de hasta tres escaños más sobre sus cuatro actuales. Pero no sería suficiente para superar a PP y Vox.
En este oscuro escenario para las izquierdas Santiago Abascal va a por todas. Su decisión de abandonar los gobiernos autonómicos que compartía con el PP, con el pretexto de que no rechazaban el reparto de menores migrantes, le ha dejado las manos limpias y el camino libre para seguir creciendo, alimentado por la desinformación rampante y el pusilánime liderazgo de Feijóo. Los sondeos hablan de que hasta superaría el doble de su actual representación, alcanzando los 10 o 12 diputados. ¿Cómo no venirse arriba?
Su candidato en Extremadura es lo de menos. Oscar Fernández Calle, actual portavoz de Vox en la Asamblea extremeña, no es el que está confrontando con María Guardiola, sino el propio Abascal, quien ya ha arrancado la campaña con un vídeo suyo a caballo cabalgando por la dehesa extremeña. Y todavía más: ha llegado a decir que, si sus votos son necesarios para formar gobierno, el PP debería designar a otra candidata porque con Guardiola no van ni a la vuelta de la esquina. Hay quien ya atisba una segunda convocatoria electoral con tanto órdago encima de la mesa.
El ciclo electoral que inaugura Extremadura puede sumar a Aragón a las ya previstas citas de Castilla y León y Andalucía, si el presidente Azcón tampoco consigue un acuerdo presupuestario con Vox en los próximos días y adelanta las elecciones como ya ha anunciado. En ninguno de estos territorios, salvo en Andalucía, dispone el PP de mayoría absoluta. ¿Cree el PP que puede quitarse a Vox de encima en esas autonomías? El aire electoral que respiran los de Abascal dice lo contrario, e, incluso, que el hasta ahora intratable Moreno Bonilla podría tenerlo más complicado en sus próximos comicios tras el escándalo de los cribados de cáncer. El test de Extremadura nos dirá mucho al respecto. Y tanto Feijóo como Sánchez lo tendrán mucho en cuenta.

