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Zapatero, el Maquiavelo “maquiavelado”   

José García Abad

Discrepo de la imagen que estamos recibiendo de la prensa respecto del caso Zapatero. Se nos presenta reunido en su despacho con sus hijas, a las que no veíamos desde que se nos aparecieron disfrazadas de góticas, organizando una operación extractora de dinero, mandando a un ejército de sanguijuelas, testaferros, e infiltrados en Plus Ultra, la extraña compañía curiosamente “limitada”, y de un activista futuro cabeza de turco: Julio Martínez Martínez, el amigo “Julito”.

Así lo sostiene el juez Calama quien señala que Zapatero “dirigió una estructura orientada al ejercicio ilícito de influencias ante autoridades nacionales y extranjeras” en la que puso “sus contactos personales y su capacidad de acceso a altos cargos de la Administración al servicio de terceros interesados en obtener decisiones favorables.

Sostiene Servidor que el expresidente ccomo presidente fue un desastre en los asuntos económicos, no tiene dotes para dirigir una estructura financiera tan sofisticada. Así lo entiende Felipe González que defiende a su antecesor choteándose de sus dotes financieras. Con su habilidad reconocida, González le defiende tildándole de tonto.

Mi opinión es que sin negar la gravedad de los hechos que se le atribuyen Zapatero, este no dirige la operación sino que es dirigido por ella; que no mueve los hilos sino que son los hilos los que le mueven a él aprovechando su ingenua vanidad. O sea que Zapatero a quien califico en mi libro de “Maquiavelo de León” se ha convertido en Maquiavelo maquiavelado.   

No le faltaba dinero

Aunque como me dice un amigo de León, «el dinero no le llama la atención, ni para tenerlo ni para gastarlo, no tiene vicios reconocidos», medios de vida no le faltaban cuando cesó. 

Fue Felipe González quien hizo aprobar una ley que convierte a los ex presidentes de Gobierno en miembros natos del Consejo de Estado, donde el consejero además de su sueldo como tal percibe el equivalente al sueldo de un ministro. 

Por cierto, ni González ni Aznar aceptaron este puesto porque ambos contaban con pingües negocios privados que cuidar, lo que sería incompatible con pertenecer al más importante órgano consultivo del Estado. 

Durante un coloquio con los alumnos del Instituto Jabalcuz de Jaén, celebrado el 17 de enero de 2006, Zapatero anunció: “Cuando deje de ser presidente dejaré de serlo de manera real. Formaré parte del Consejo de Estado, desarrollaré mi actividad y seguiré compartiendo mis ideas. Estaré en silencio. El silencio de un ex presidente se valora mucho”. Dicho contra Felipe González que no perdió ninguna ocasión para criticarle durante su mandato, acusándole de no tener proyecto.

Para que se olvidara el desastre del final de su gobierno

Zapatero no se mantuvo precisamente en silencio convirtiéndose en el principal apoyo de Pedro Sánchez  frente a un González que fue su mayor adversario. El leonés, de quien no se sospechaba su intención de hacerse rico a toda costa, mostraba que su condición de político puro se extendía más allá de la de gobernante. Había conseguido aparecer ante la parroquia socialista como mejor expresidente que presidente. 

Se lanzó en singular campaña para que se olvidara el mal sabor de boca que dejó al final de su gobierno, un desastre sin paliativos. Tan sin paliativos que Mariano Rajoy consiguió en las anticipadas elecciones una mayoría absolutísima,de la dimensión de las que había conseguido Felipe González y de la que logró José María Aznar en el año 2.000 frente a Joaquín Almunia.

Su ansia de recuperar protagonismo le llevó a asumir el riesgo de aparecer apoyando a Nicolás Maduro contra Felipe González y contra Borrell, entre otras figuras de su partido, contra el parlamento español y contra la Comisión Europea. Y redondeó su intento de recuperación de imagen con la presentación en el Ateneo su libro “La democracia y sus derechos”. 

Genio de las finanzas

Las dudas sobre su protagonismo en los presuntos delitos tienen cierta justificación en que cuando era presidente llevó a cabo ideas económicas demenciales como regalar a todos los contribuyentes por igual, -antes de la gran crisis de 2008 fuera Botín o sus empleados- 500 euros por persona, un reparto nada socialista. Emilio Botín, padre de la actual presidenta del Santander, entusiasta de Zapatero y virtuoso del peloteo le dijo un día – de lo que fui testigo – José Luis, ¿para que necesitas tu un ministro de Economía? Eres el mejor. 

O la idea, ni socialista ni patriótica, de regalarle Endesa a Enel, la eléctrica del estado italiano. Todo ello peccata minuta si lo comparamos con su negativa a reconocer la crisis financiera más grave desde la del crack del 29. 

Ni siquiera se permitió ni permitió a sus ministros utilizar la palabra crisis. Estábamos en una simple desaceleración, en un decrecimiento del ritmo de crecimiento que pronto daría paso a la normalidad, a la vuelta a los grandes crecimientos del PIB, a una economía dinámica que nos había permitido adelantar a Italia, alcanzar al Reino Unido y que pronto nos situaría por delante de Alemania.

Voy a contar una anécdota reveladora: Elena Salgado que había sido nombrada vicepresidenta en abril de 2009 veraneaba en Comillas. En el verano de este año cenaba con unos amigos. Uno de ellos, industrial conocido, hizo un análisis duro de la situación económica: “Elena, los empresarios estamos muy preocupados… ¿No vais a hacer reformas estructurales, que te aseguro son absolutamente necesarias? ¿Qué pensáis hacer contra la crisis? Respuesta de la vicepresidenta: “Bueno sí, le hemos dado muchas vueltas, pero al final nos vamos a dejar guiar por la intuición del presidente. José Luis es una persona muy intuitiva y siempre acierta. Su intuición le dice que hay que dejar pasar el tiempo, así que no vamos a hacer nada”.

El presidente pensaba que invitando a comer a los presidentes de las grandes empresas y tocando su vena patriótica para que invirtieran se conjuraría el problema. 

Concluyó su mandato con la infamante reforma del artículo 135 de la Constitución en menoscabo de la soberanía nacional; la reducción de los salarios del sector público en un 5% de media en 2010 y en 2011 la suspensión de revalorización de las pensiones que ponía fin a 25 años de subida garantizada por ley.

Y en lo que se refiere a su estilo de gobierno fue de lamentar su actuación mesiánica y autoritaria ignorando al consejo de ministros y a los órganos del partido a los que sustituyó por amiguetes acríticos. En definitiva: ejerciendo la dictadura del secretariado.  

Podría haber vivido de los sueldos del Consejo de Estado

Zapatero tomó posesión en febrero de 2012 de miembro nato vitalicio del Consejo de Estado y lo dejó en 2015 al solicitar la baja temporal para presidir el consejo asesor de una ONG alemana. 

Estuvo ingresando 78 000 euros por consejero de Estado y 74 000 euros como expresidente del gobierno. La retribución prevista actualmente para los expresidentes como consejeros permanentes es de 119.778 más chofer, coche, secretaria y más el sueldo de expresidentes que sigue siendo de 74.000.

Su patrimonio, sin ser tan espectacular tenía un pasar. El valor catastral de sus bienes inmuebles ascendía a 37.258,67 euros, a los que se sumaban otros 171.947,46 euros de otros bienes, lo que hacía un total de 209.206,13 euros, mientras que en créditos, préstamos y deudas acumulaba un total de 80.847,89 euros.

Su fortuna, sin ser deslumbrante, era mayor de lo que estos datos reflejan, pues es posible que el valor real de los inmuebles sea superior al catastral. 

A nombre de la mujer

En esta lista no aparecían los bienes puestos a nombre de su esposa, como una finca comprada en Almería.

Al parecer, en esta operación los Zapatero-Espinosa no hicieron un buen negocio, según comentaba El Idealista, el portal inmobiliario más frecuentado en Internet. Según esta fuente el presidente del Gobierno y su familia estaban entre las «víctimas» del desplome de la burbuja inmobiliaria. Zapatero y su mujer, Sonsoles Espinosa, compraron en el primer semestre de 2007 un chalet en la urbanización El Mirador de Vera, en la playa de Vera (Almería). El precio del inmueble adquirido rondó los 440.000 euros, según las tasaciones profesionales vigentes entonces en la zona. 

El chalé del presidente del Gobierno, según dicha fuente, consta de tres dormitorios, ocupa una parcela de 320 metros cuadrados y tiene una superficie construida de 97 metros cuadrados. Además, dispone de un porche cubierto de acceso privado al inmueble, de 6 metros cuadrados, una escalera exterior de acceso a la cubierta, una terraza descubierta de 32 metros cuadrados y una zona ajardinada privativa de 177 metros cuadrados. 

El matrimonio, que financió la compra con una hipoteca del Banco Santander, decidió escriturar la vivienda a nombre de Sonsoles Espinosa. Por este motivo la propiedad habría quedado excluida del patrimonio oficial del presidente, en el que se declaraban 37.258 euros en bienes inmuebles.

El matrimonio se estaba construyendo un buen chalé en León, concretamente en Eras de Renueva, zona de alto standing al norte de la capital. La parcela aparecía también a nombre de Sonsoles Espinosa.

Zapatero tenía pues, cuando cesó, un chalet adosado en Las Rozas, a diez minutos de Madrid; un hermoso chalet en León, su tierra, y otro en Almería, donde podría disfrutar de un buen sol, de un sugestivo paisaje.

Carmen Calvo: “A los expresidentes les queda, si ellos quieren, un sueldo importante”

Como reprocha la actual presidenta del Consejo de Estado, Carmen Calvo, en entrevista con Javier Casqueiro en El Pais: “Quienes hemos tenido, yo como vicepresidenta y ministra en dos ocasiones, el honor de representar a tu país y de trabajar por él, deberíamos de entender que nuestras vidas están vinculadas para siempre. Quienes representamos algo debemos parecernos mucho a nuestros representados. Haber tenido un cargo relevante no debería vincular el resto de tu vida a tener una vida que no tenías antes de llegar al cargo. Creo que después del cargo tu vida se tiene que parecer bastante a la que tenías antes. A los expresidentes les queda, si ellos quieren, un sueldo importante y un aparato de ayuda importante. Tendría que ser suficiente porque creo que el honor de algunos cargos es inmaterial”.

El poder por el poder

José Luis Rodríguez Zapatero es un político en estado puro, frio y calculador; un compañero explicó que se bañaba en lexatin como Obelix. 

Es interesante constatar que este hombre ha vivido de la nómina del PSOE desde que salió de la universidad, que nunca ha trabajado en un trabajo de verdad.

Fue calificado por sus compañeros del PSOE leonés como un personaje dispuesto a mantenerse en el poder a cualquier precio, negociando con ángeles y demonios y engañando a todos. Y, en efecto, inició su carrera de Maquiavelo en León pactando y traicionando sus pactos como en el denominado “Pacto de la Mantecada”.

Un exministro me lo dice de forma castiza: “Es uno de los personajes que he conocido con un sentido del poder más puro, del poder por el poder. En ese sentido es un político en estado puro. La gobernación como la ha entendido tradicionalmente este partido se la suda. Últimamente prolifera esta forma de entender la política a todos los niveles. Te pongo un ejemplo, cuando Alfredo Sánchez Monteseirín ganó la alcaldía de Sevilla me confesó: «He ganado las elecciones y ahora no se qué hacer con el poder adquirido». Zapatero te puede decir una cosa y la contraria en el plazo de una semana y sin pestañear”.

“Ni una mala palabra ni una buena acción”.

No es un hombre de palabra, engañó, entre otros, a Manuel Chaves, a Jesús Caldera, a Jordi Sevilla, a Pascual Maragall…Jordi Pujol denunciaba: “Ha engañado primero a media humanidad, después a la otra media y finalmente a toda la humanidad”.  

Artur Mas, cuando era presidente de la entonces Convergencia i Unió, con quien Zapatero pactó una salida para el Estatuto de Cataluña, que tal como salió de las manos de Pasqual Maragall resultaba inviable me expresó su decepción por la falta de palabra del presidente y me aseguró que había recibido una lección que no olvidará.

No es que sea un mentiroso compulsivo, solo miente si lo considera necesario. Me lo han definido como “un falso bueno”. Es amistoso y hasta tierno en lo personal pero rencoroso en lo político. Un exministro, víctima suya me aseguraba. “si él estima que se la haces pone tu nombre en la bala. Ni olvida ni perdona”.

Un falso bueno

Aniceto Melcón a la sazón alcalde de la localidad leonesa Órbigo lo clavaba: “Ni una mala palabra ni una buena acción”.

Nicolás Sarkozy le «caló»: «Puede que no sea muy inteligente, pero gana elecciones». José Manuel Otero Lastres, profesor de José Luis Rodríguez Zapatero en la Universidad de León, un gallego de tomo y lomo se expresaba con meridiana claridad, sin circunloquios galaicos: “José Luis está convencido de que su misión es ganar elecciones, más que llevar adelante un determinado proyecto político. Creo que no tiene claro cuál es la misión de un presidente: si es gobernar para todos los españoles o si es gobernar para mantenerse en el poder. Él está en el poder por el poder”. 

Es un virtuoso en el arte de mantenerse en el machito contra viento y marea y ha superado muchos vientos y no pocas mareas, sosteniéndose a flote a veces por la diferencia de un voto. 

Es perito en mañas y en los pactos más inverosímiles, alguno contra natura, como el que estableció cuando presidía el PSOE leonés con Mario Amilivia, el célebre «alcalde de la gomina» del Partido Popular. Aunque el pacto de los pactos fue el llamado «de la mantecada», por celebrarse en Astorga, que fue cuando más cerca estuvo de la defenestración. En él último momento Zapatero sorprendió a todos pactando con los enemigos más encarnizados, con los que habían promovido la rebelión contra él. Es, en definitiva, un profesional de la política. En ello coinciden los correligionarios y los adversarios, según han expresado al autor sus paisanos, incluidos los que le son más adictos. 

“Voy a cargarme a Prisa»

Lo más habitual es que comentara, dolido, la incomprensión o la maldad de la prensa: «No entienden que…», «no tienen ni idea», «niegan la evidencia». O dice: «Estos de Televisión Española todos los días nos meten los cayucos en casa. Como si no hubiera cosas más importantes en el país». 

Cuando más se indignaba es cuando quien le criticaba era el diario El País o la cadena SER. Entonces, un editorial de El País o los comentarios de un tertuliano en la SER se convierten en intolerables. En un momento determinado dijo, como hablando para sí mismo: «Voy a ir a por ellos. Voy a cargarme a Prisa».

Una frase que se le escapó un día, una expansión rara en un hombre frío como un témpano de hielo: «La gente no se puede imaginar el poder que se tiene desde aquí, desde Moncloa. Es inmenso».

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