Escrito por • 6:41 pm• Economía

Paul Krugman nos invita a luchar contra la kakistocracia (el gobierno de los peores)

José García Abad 

Paul Krugman, nobel de economía abandona su colaboración en The New York Times tras 25 años de escribir su crónica semanal. No se marcha por discrepancias con el gran periódico de Nueva York y del mundo, sino    quizás por el hecho de que debe ser muy duro para cualquier ser humano y desde luego para un Nobel escribir una vez a la semana.

Se marcha de un periódico que es una referencia mundial sumamente fiable. Es precisamente sobre eso, la fiabilidad, sobre lo que reflexiona amargamente Paul en su retirada. Sobre el hecho de que los ciudadanos de Nueva York y del mundo han perdido la fe. Se han hundido sus clavos de confianza y con ellos las razones para un cierto optimismo, el que proporciona al hombre de buena fe de que dios premia a los buenos y castiga a los malos.

Krugman que como el avisa se retira del Times, pero no del mundo, por lo que seguirá escribiendo en otros lugares y a otro ritmo, aprovecha la oportunidad para reflexionar sobre lo que ha cambiado el mundo en estos últimos 25 años y se sorprende en su docto cavilar como el optimismo de entonces ha sido reemplazado por la ira y el resentimiento.

“¿Por qué se desvaneció este optimismo?”  se pregunta retóricamente el Nobel. En su opinión “se ha producido un colapso de la confianza en las élites: el público ya no tiene fe en que quienes dirigen el mundo sepan lo que hacen, o en que podamos suponer que son honestos”. Trump que basa su discurso en la denuncia de las elites ha reclutado a las superelites, a los supermillonarios y ha dado el mando supremo de su cruzada a XXX Musk, el más rico del mundo que actúa como copresidente de hecho. 

Multimillonarios enojados

Recuerda Krugman que cuando la invasión de Irak eran muchos los que se negaban a creer que un presidente estadounidense hiciera semejante cosa y se pregunta: ¿Quién diría eso ahora? Recuerda que la crisis financiera de 2008 socavó la confianza del público en que los gobiernos sabían cómo gestionar las economías. No sólo los gobiernos. Krugman se sorprende al mirar atrás y ver cuánto mejor se veía a los bancos antes de la crisis financiera.

Y reflexiona: “no hace mucho tiempo que los multimillonarios tecnológicos eran ampliamente admirados en todo el espectro político, algunos alcanzando el estatus de héroes populares. Pero ahora ellos y algunos de sus productos enfrentan desilusiones y cosas peores”. Lo que le lleva a observar sorprendido de que algunas de las personas más resentidas en Estados Unidos en este momento parecen ser multimillonarios enojados.

Se sorprende que después de la crisis financiera de 2008, se podría haber esperado que los antiguos amos del universo mostraran un poco de arrepentimiento, tal vez incluso gratitud por haber sido rescatados. Lo que obtuvimos en cambio fue la furia contra Obama por sugerir que Wall Street podría haber sido en parte responsable del desastre. La furia se generó porque Obama tildara a los responsables en una entrevista periodística de ‘banqueros de gatos gordos’. 

“Nos está meando a nosotros, a Wall Street, a los banqueros y al capitalismo; entonces nos hemos asustado”, dijo el ejecutivo que silenció a CNBC.” exclamó un ejecutivo senior de Wall Street.

Krugman concluye levemente esperanzado: “Tal vez nunca recuperemos la clase de fe en nuestros líderes (la creencia de que quienes están en el poder generalmente dicen la verdad y saben lo que hacen) que solíamos tener. Ni deberíamos hacerlo. Pero si nos enfrentamos a la kakistocracia (el gobierno de los peores) que está surgiendo mientras hablamos, tal vez encontremos el camino de regreso a un mundo mejor.”

Trump no necesita consultar a nadie para tirar el arma nuclear 

Obviamente la elección de Trump no solo afecta a los estadounidenses. Sin haberle votado nos afecta a todos. Puede tirar la bomba sin consultar a nadie, ni al Congreso ni al resto del gobierno, ni al poder judicial, ni a sus asesores.  Tiene a su mando todo el arsenal nuclear.  

Kate Shaw, profesora en la Facultad de Derecho Carey de la Universidad de Pensilvania coordinadora del coloquio multimedia “Strict Scrutiny”, señaló que en los últimos años, la Corte Suprema ha dictado una serie de decisiones que han cambiado fundamentalmente el gobierno federal. Las decisiones judiciales han limitado la capacidad de los organismos administrativos y han reforzado el poder tanto del presidente como del propio tribunal. Estas decisiones significan que Donald Trump asumirá el cargo en un momento en que, posiblemente, el poder presidencial nunca ha sido tan fuerte ni tan libre de controles. 

Añadió: “Una de las decisiones más importantes que creo que funciona como espada y escudo a la vez es el fallo de inmunidad de la corte de principios de este año, Trump v/ Estados Unidos, en el que la Corte Suprema le otorgó a Donald Trump una amplia inmunidad frente al procesamiento penal por prácticamente cualquier acto oficial realizado como presidente.

La invitada al coloquio, Gillian Metzger, profesora de Derecho en la Facultad de Derecho de Columbia, que ha investigado a fondo sobre la presidencia, el estado administrativo y la relación de la Corte Suprema con ambos, iniciaba su intervención señalando que cuando uno se centra en el poder presidencial, específicamente el control del poder ejecutivo por parte del presidente o la decisión más reciente sobre inmunidad —la inmunidad del presidente frente al procesamiento— esas son decisiones en áreas en las que los poderes del presidente realmente se han ampliado. “Creo, insistió, que se trata de una ampliación sin precedentes de la inmunidad del presidente. El tribunal señaló los casos en lo que podríamos llamar poderes presidenciales esenciales o exclusivos, en los que el presidente tiene autoridad y nadie puede interferir en ella (por ejemplo, el Congreso). En ese ámbito, lo que realmente llamó la atención fue la amplitud con la que el tribunal consideró lo que se consideraba un poder esencial, incluidas cuestiones como el procesamiento y la investigación, lo que sugiere que tal vez el Congreso no pueda imponer restricciones sobre cómo se llevan a cabo esas funciones, lo que sería realmente bastante novedoso.

El otro aspecto que usted mencionó es el de la amplitud con la que se consideraron los actos oficiales y las pruebas que se establecieron para determinar cuándo se aplicaría la inmunidad. Y se dijo que la inmunidad sería presuntiva. Pero es un poco difícil ver cómo se van a revocar esas presunciones porque la inmunidad va a existir a menos que el gobierno pueda demostrar que no hay una intrusión en el poder del presidente. Es un listón muy alto, por lo que en un amplio ámbito de actuación, cualquier ámbito que se refiera al perímetro más externo de la autoridad oficial del presidente, son ámbitos en los que el presidente será inmune. Y ese es un movimiento bastante significativo”.

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