Inmaculada Sánchez
Los problemas de Isabel Díaz Ayuso con el euskera van mucho más allá de no entender un idioma. La presidenta madrileña simboliza a esa derecha que ni entiende, ni quiere entender, la plural realidad territorial y lingüística de nuestro país. Y ese es uno de los principales problemas del Partido Popular para reconquistar La Moncloa una vez que las mayorías absolutas fueron desterradas de nuestro mapa electoral nacional. El PNV no puede pactar con un PP que le niega hablar en euskera en el Congreso, que se levanta de la Conferencia de Presidentes autonómicos cuando alguno se expresa en su lengua cooficial y que traduce ‘euskaldun’ por ‘pim, pam, pum’.
El reciente episodio de la presidenta de la Comunidad de Madrid dice mucho del desparpajo con el que ha construido su figura política. Díaz Ayuso contestaba este lunes en una entrevista a una alusión a ella del lehendakari Pradales en un mítin del domingo. El dirigente vasco quiso aclarar a la madrileña, durante un acto del PNV en el que se dirigía al público en euskera, que Euskadi es vascoparlante. “Ayuso, entzun, Euskadi, euskaldun”, afirmó. Con un sencillo traductor la frase la puede entender cualquiera: “Ayuso, escucha, Euskadi es vascoparlante”, aunque en castellano ni rime ni suene tan redondo. La simpar Ayuso, sin embargo, se quedó en el pareado y la sonoridad de la frase y la quiso traducir como un ‘pim, pam, pum’ evocador de los tiempos de amenazas y pistolas que el PP parece añorar tantas veces. De chiste, de meme, pero también de fondo.
La baronesa madrileña debe andar desasosegada estos días después de que la jueza instructora confirmara que su pareja se sentará en el banquillo por varios delitos que podrían acarrearle condena de cárcel. Aquella simple “inspección fiscal” que sufría Alberto González Amador, como “nos puede tocar a cualquiera”, se va a transformar en un juicio por fraude fiscal, falsedad documental y asociación criminal y tan adverso escenario no era el que su eficiente jefe de gabinete, Miguel Ángel Rodríguez, le había prometido cuando urdió la operación contra el Fiscal General para desviar el foco de la justicia.
Pese a todo, estos contratiempos no desvían su atención de lo esencial y tanto en la guerra de Gaza como en la ofensiva contra la inmigración que acaba de desatar el PP Díaz Ayuso ha tomado la bandera más radical y se ha puesto al frente de la manifestación. Su abierto apoyo a Israel la ha colocado por encima de los matices en los que vienen navegando Feijóo y algunos de sus barones estos días y en cuanto a los migrantes, tras la explosiva ‘Declaración de Murcia’ y el invento del ‘visado por puntos’ de Feijóo, Ayuso no ha querido parecer rezagada. Apenas un día después de la reunión de barones populares ha llamado a tomar medidas urgentes contra “el descontrol absoluto” de la inmigración irregular que, en su opinión, está “reventando los servicios públicos” e, incluso, dinamitando la convivencia. Díaz Ayuso en estado puro. Sólo le faltaba la guinda de un oportuno recuerdo a ETA y no se la iba a estropear una absurda traducción del euskera.
Pudiera parecer que nos estemos acostumbrando a las salidas de pata de banco de la presidenta madrileña y a sus habituales excesos verbales, que algunos tildan de ‘ayusadas’ para rebajar su agresividad, pero la contumaz insistencia en marcar semejante perfil propio nos debiera alertar de su verdadera dimensión. Ayuso es muy joven y Madrid, el escaparate perfecto. Feijóo se enfrentará en las próximas elecciones a su segunda ¿y última? oportunidad frente a Sánchez. Todo está por decidir en las aspiraciones de la baronesa de la Puerta del Sol.
El continuado ascenso de Vox en los sondeos electorales es otra de las variables que trazan el devenir del camino de los populares. Ni Feijóo ni Ayuso pierden ojo a los de Abascal. Mientras el presidente del PP abraza a la Atenea de Espinosa de los Monteros, con presencia de pesos pesados de Génova en la presentación pública del nuevo think thank ultra, la líder del partido en Madrid siega cualquier brizna de hierba que pueda crecer entre populares y nacionalistas vascos o catalanes dejando como único socio posible a Vox.
Los recientes pasos de ambos confirman un decidido acercamiento del PP a los postulados de la ultraderecha, pese a que no todos en Génova coincidan que sea la mejor forma de conquistar sus votos. Una reciente encuesta de La Vanguardia avisa de que en unas próximas elecciones en Cataluña Vox subiría cinco escaños mientras el PP perdería dos. Los socialistas seguirían siendo los ganadores pero retrocederían varios diputados mientras que los independentistas y xenófobos de Aliança Catalana serían los grandes protagonistas multiplicando sus apoyos y llegando a los 19 diputados, buena parte de ellos a costa de Junts, mientras ERC mantiene posiciones. No resulta sencillo interpretar acertadamente lo que nos dicen sondeos como éste y saber actuar en consecuencia. Lo que sí apuntan, al menos, es que el desprecio a la lengua catalana o a la pulsión nacionalista de los catalanes tiene un precio en Cataluña. Díaz Ayuso, con sus afrentas al euskera o al catalán, parece estar dispuesta a pagarlo incluso en la autonomía que más diputados aporta al Congreso después de Madrid. Está por ver si a ella y al PP les resulta finalmente rentable.

