Escrito por 6:31 pm Ojo Avizor

La Pascua Militar, un tramposo gol de lo monárquico a lo parlamentario

Recepción real en el Palacio de Oriente con motivo de la pascua militar. /Foto Europa Press

Por José García Abad 

La designación constitucional del rey como supremo mando de las Fuerzas Armadas es una mentira piadosa o al menos una contradicción, puesto que la Constitución exige que el rey, salvo en lo referente a la Casa Real, no puede tomar decisión alguna sin el refrendo del Gobierno o del parlamento. Sin embargo, esta mentira piadosa, o pelotillera, fue aprovechada por Juan Carlos para ampliar de facto, ilegítimamente, sus competencias constitucionales. 

Era primar la idea del rey soberano antes que la del rey constitucional. Era vincular a las Fuerzas Armadas con la Casa Real, antes que, con la nación, que es en donde debe encontrarse residenciada la soberanía nacional en una monarquía parlamentaria verdaderamente democrática.

Con ese propósito el rey cargó de contenido soberanista la celebración en el Palacio Real de la Pascua Militar, una reminiscencia de tiempos pasados, así como la presidencia que ha venido ostentando al frente de la Junta de Defensa Nacional cuando, al ser esta un órgano de coordinación y gestión, la responsabilidad en el adecuado funcionamiento de la misma incumbe al presidente del consejo de ministros. También es discutible la vinculación del monarca con el servicio de inteligencia, el CNI, que le mantiene al corriente de la información clasificada que dicho servicio elabora. El rey debe tener la mejor información disponible, pero siempre proporcionada por medio del jefe de gobierno, no por el servicio secreto. Esta vinculación directa sólo ha sido fuente de escándalos y de debilitación del Estado y de la Corona.

El lamentable hecho de que el rey sea militar

El hecho de que el jefe del Estado sea un militar, lo que no ocurre en los países de nuestro entorno democrático, recuerda penosamente el origen franquista de la monarquía restaurada que no se ha superado con Felipe, sucesor de Juan Carlos, ni por la sucesora prevista de este, la princesa Leonor que ha tenido una ostentosa participación en la presente pascua militar.

Ciertamente no olvido que la condición militar de Juan Carlos I facilitó la Transición, fue una especie de seguro contra sablazos y que, de hecho, aunque apenas se dice, el principal apoyo del rey en el inicio del desmontaje de la dictadura fueron precisamente los militares, que cumplieron lo que les pidió Franco en su testamento político: que apoyaran a Juan Carlos como lo habían hecho con él. 

Sin embargo, resulta un tanto embarazoso que pasados más de medio siglo de la proclamación de la constitución y tras nuestro importante papel en la Unión Europea se mantengan estos tics franquistas que hay que unir al hecho que muestra un déficit democrático de que el cambio de régimen no fuera precedido por un referéndum sobre la forma de Estado, sobre si el pueblo quería la monarquía o la república.

Las dificultades del gobierno para mandar sobre las Fuerzas Armadas

Las memorias de José Bono, ministro de Defensa con José Luis Rodríguez Zapatero, muestran las dificultades de un gobierno para mandar sobre las Fuerzas Armadas ante la intromisión permanente del rey, como en el caso del cese del general Alejandre, que solo lo consigue Bono amenazando con su dimisión.

Felipe González le había aconsejado a Zapatero: “Al rey hay que tratarle con deferencia, pero por su bien, no debe decidir los ascensos y los destinos de los generales, aunque se le deben consultar. No despaches nunca con el CNI sin que esté presente el ministro de Defensa”.

El 23 de junio de 2004, Zapatero le dice a Bono: “He hablado con el Rey y no quiere que ceses al JEME (jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra)  [el general Alejandre]. Además, me dice Maragall que Alejandre es socialista” de lo que Bono se ríe con ganas. En mayo de 2011, el general Alejandre obtuvo un escaño en las listas del PP al Consell Insular de Mallorca. Posteriormente fue nombrado consejero del gobierno del PP.

Bono no está dispuesto a transigir una vez que consigue la aquiescencia del presidente: “Pues entonces – le dice a Zapatero – este pulso no lo debe ganar el rey, por su propio bien”. El ministro de Defensa cuenta minuciosamente lo que ocurrió cuando entra en el despacho del rey en el Palacio Real: “Es una salita recoleta, la misma que usó Alfonso XIII.    El rey está sentado en una silla alta y el presidente en otra igual, yo me acomodo en el sofá. Están hablando del JEME y de la importancia de que continúe en sus actuales responsabilidades. Siguen la conversación como si yo no estuviera. Intento intervenir dos o tres veces, pero el rey no me deja con un gesto firme de su mano. Sigue elogiando a Alejandre. Dice que es el general con más prestigio del ejército y “Pepe, que ha caído muy bien entre los militares, se estrellará si lo cesa”. Aquí ya no puedo aguantar más:

  • ¡Permiso para hablar, Señor!
  • Di lo que quieras.
  • Señor, creo que debería escuchar más razones.
  • Di lo que quieras, pero yo sé más que tú de los ejércitos.

Es evidente que sabe más que yo. Asiento con un gesto; con parsimonia enciende un puro de más de un palmo de largo.

  • Señor, no tiene buena información acerca del JEME; ni tiene crédito en el ejército ni es reconocido por sus compañeros. Se trata de un personaje fantasioso que no tiene el prestigio que Su Majestad cree. No tiene la virtud de la prudencia que debe acompañar a cualquier oficial del Estado Mayor. El rey debería creer a su ministro antes que a un general que viene a pedirle apoyo para seguir en el puesto de mando.”

El rey cambia momentáneamente de tema.

  • Bueno, Pepe, además quieres poner como JEMAD ( jefe de Estado Mayor de la Defensa)  es el oficial militar de las Fuerzas Armadas españolas de más alto rango y principal asesor militar)  a un general sin experiencia de mando y que ha pasado muchos años en el extranjero, Félix Sanz ( jefe del Estado Mayor de la Defensa entre los años 2004 y 2008 y como director del Centro Nacional de Inteligencia entre 2009 y 2019
  • No puedo comprender como el rey tiene esa opinión de uno de los generales más formados y más capaces de las Fuerzas Armadas Españolas. Para mí, no es un defecto servir a España en el extranjero.
  • Yo solamente digo lo que digo.
  • Pues yo le digo que el general Sanz vale mucho.
  • ¿Vas a hacer lo que te dé la gana o me vas a hacer caso?
  • El ministro de Defensa no puede serlo sin el apoyo del rey, que tiene atribuido constitucionalmente el mando supremo de las Fuerzas Armadas.
  • Yo te apoyo siempre.
  • Cuando el relevo en el CNI, Señor, apoyaba a Dezcallar sin decírmelo.

Me mira con cara de sorpresa.

  • Sí, Majestad – continuo -, los periodistas dijeron que Su Majestad estaba en contra porque Alberto Saiz (Director del Centro Nacional de Inteligencia (2004-2009) no sabía idiomas, y ahora me da la impresión de que está en contra del general Sanz, que, por cierto, si sabe idiomas.
  • ¿Entonces? ¿Mi opinión te sobra?
  • No, Señor. Me estoy dando cuenta de que, en estas circunstancias, el que sobra soy yo.

Percibo que el rey está tocado emocionalmente:

  • Pepe, no des crédito a los periodistas, porque también dicen que estoy muy mal de salud y la verdad es que estoy muy bien. Te pido por favor que retrases el relevo en la cúpula militar.
  • No es obcecación, pero el retraso es imposible. Ya están convocados los consejos superiores y es sabido por muchos que tengo el propósito de cesar al JEME. 

Lo impuso Carlos III

El origen de esta conmemoración se remonta al siglo XVIII.

Carlos III, proclamado rey de España en 1759, consideró que para defender su imperio, asediado por Inglaterra, necesitaba disponer de un nuevo ejército y una marina con capacidad para responder a las necesidades bélicas de la época. Para lograr este objetivo, aprobó en 1768 una nuevas Ordenanzas Militares que proporcionaron un renovado espíritu y una organización más eficiente a las tropas. Este nuevo impulso militar le permitió acometer la empresa de colonización y conquista en varios escenarios. Primero, en el americano, inicialmente en California, donde fray Junípero Serra fundó la primera misión en la ciudad de San Diego en 1769. Posteriormente se extendieron las misiones hacia el norte, por las noticias de la llegada de rusos a esta zona de California. El 9 de mayo de 1781 se reconquistaba la capital de Florida, Pensacola, derrotándose a los británicos tras más de un mes de asedio por las fuerzas españolas al mando del general Bernardo de Gálvez. En África, ante los ataques del emperador de Marruecos, Mohammed ben Abdalá a las plazas de Ceuta y Melilla, Carlos III le declara la guerra en 1774, y le obliga a levantar el cerco de Melilla, que había mantenido durante dos meses. La iniciativa española de atacar el puerto de Argel no tiene éxito. España y Marruecos firman la paz en 1780. En el escenario mediterráneo, Carlos III recupera Menorca a los ingleses en 1782, después del desembarco y cerco de Mahón por la escuadra francoespañola, compuesta por 52 navíos que llevan a bordo 8.000 soldados. Este victorioso hecho de armas indujo al Rey a proclamar la Pascua Militar. que tradicionalmente se celebra el 6 de enero de cada año.

Desde que Juan Carlos I se hiciera cargo de la Jefatura del Estado el acto institucional de la Pascua Militar tiene lugar en el Palacio Real de Oriente de Madrid el 6 de enero. Se reúnen en el Salón del Trono, presididos por los reyes, acompañados de la Familia Real, el presidente del Gobierno, ministros, autoridades civiles, Asociación de Veteranos, Hermandad de Caballeros Mutilados de Guerra por la Patria y una nutrida representación de los tres ejércitos de las Fuerzas Armadas, así como de todas las jerarquías y empleos militares.

La celebración de la Pascua Militar constituye un solemne acto castrense con el que se inicia el año militar. En dicho acto se realiza un balance de las vicisitudes del año anterior y se marcan las líneas de acción que se desarrollarán en el siguiente. Además, se imponen condecoraciones militares a aquellos civiles y miembros de las Fuerzas Armadas que se han hecho acreedores de ellas durante el año vencido.

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